Don Quijote de la Mancha.- Primera parte, capítulo quincuagésimo primero

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha

Miguel de Cervantes Saavedra

Primera parte.- Capítulo quincuagésimo primero

Que trata de lo que contó el cabrero a todos los que llevaban al valiente don Quijote

Comienza el capítulo con un endecasílabo perfecto: Tres leguas de este valle está una aldea, puesto en boca del cabrero que da comienzo a la historia prometida. La ocasión es aprovechada por Cervantes para intercalar un breve relato pastoril. Así, el cabrero Eugenio cuyo nombre significa “el bien nacido”, es decir, hombre “limpio de sangre”, sin sombra de “mancha” o pasado judío, nos relatará cómo Leandra, enamorada de un apuesto soldado de nombre Vicente de la Roca, hijo de de un pobre labrador del lugar que hacía ostentación de sus vestidos coloridos, aventuras y lugares visitados por todo el orbe, escapará de la casa del padre con éste, entregándole sus joyas y otras riquezas robadas en la casa, con la promesa de viajar a Nápoles. El soldado llevó a la joven a un monte cercano, se llevó las joyas y riquezas y, sin violentarla, la dejó encerrada en una cueva donde fue hallada más tarde. El padre encerró a su hija en un monasterio y los pretendientes enamorados de la moza, el cabrero Eugenio y su competidor Anselmo, tristes y abatidos, decidieron hacerse pastores. El ejemplo fue seguido por otros mozos que también andaban enamorados de la bella Leandra para quejarse de ausencia y de los defectos atribuidos a la joven de antojadiza, deshonesta, ligera y desdeñosa, aunque muchos ni siquiera habían cruzado palabra con ella, y todos, también, recorrían aquellos montes adorándola y sufriendo de amores por su hermosura.

De estos males le viene al cabrero Eugenio esta actitud misógina diciendo mal de la ligereza de las mujeres, de su inconstancia, de su doble trato, de sus promesas muertas, de su fe rompida y, finalmente, del poco discurso que tienen en saber colocar sus pensamientos e intenciones que tienen (sic). Y así justifica que se dirigiera a la cabra, por ser hembra, en los términos que le oyeron. Dicho lo cual, les ofrece a todos su majada y cuanto contiene, fresca leche y muy sabrosísimo queso, con otras varias y sazonadas frutas, no menos a la vista que al gusto agradables (sic). Y concluye el capítulo.

González Alonso

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