Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo sexagésimo sexto

don-quijote-y-su-fiel-acompanante-sancho-panzaEl ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo sexagésimo sexto

 Que trata de lo que verá el que lo leyere o lo oirá el que lo escuchare leer

Vuelve don Quijote a su pueblo, derrotado por el Caballero de La Blanca Luna. Y vuelve –acompañado por Sancho que lo consuela- lamentándose de la derrota y empeñado en cumplir con honor la palabra empeñada de recogerse por espacio de un año en su casa sin ejercer el oficio de caballero andante. Sancho se adapta a los deseos de su amo, unas veces con unos argumentos y otras con los contrarios, pero quejándose de tener que hacer las jornadas de este camino a pie por llevar sobre el rucio las armas del desarmado caballero.

Cuando parece que van a llegar a un acuerdo para que Sancho pueda seguir el viaje montado sobre su burro, aparece un personaje, en traje de cartero, que los reconoce y saluda, identificándose como el lacayo Tosilos, servidor de los duques en cuyo palacio se hospedaron y donde recibieron numerosas y disparatadas bromas y burlas, entre las que destaca aquella de hacerle a Sancho gobernador de una ínsula sin agua que la rodeara llamada Barataria. Con ingenio y acierto, el gobernador Sancho resolvió los juicios que le presentaron, aunque su final fuera desgraciado y lleno de sustos y golpes. No fue el final lo peor, si se compara con el hambre que le hicieron pasar en los días de su mandato.

Pero antes de este encuentro con Tosilos, tuvo Sancho ocasión de mostrar su ingenio alSancho-Panza-en-la-ínsula-Barataria mediar en un conflicto entre unos lugareños acerca de las condiciones de la carrera que debían disputar un hombre muy gordo y otro muy flaco, y lo hizo con el permiso del poco animoso don Quijote y apelando a su experiencia de gobernador.

Los labradores, contentos, dieron por buena y acertada la sentencia de Sancho, alabando su discreción y suponiendo que, siendo así la del criado, la del amo debería ser mucho mayor. Sigue leyendo

A través del Quijote.- José María Merino

A través del Quijote
José María Merino

a través del Quijote MerinoEditorial Reino de Cordelia, 2019

La edición de este libro, publicado por la editorial Reino de Cordelia, que cuenta entre sus publicaciones con una magnífica e innovadora edición del Quijote en dos volúmenes, de Pollux Hernández y Emilio Pascual (2015), es en su formato, tipo de letra, impresión calidad del papel e ilustraciones un excelente libro detrás del cual se adivina el trabajo de quienes aman los libros y aman a los lectores.

Yendo al contenido del libro y el trabajo que aquí nos presenta José María Merino, irregular en su conjunto, me gustaría señalar –al menos- algunos puntos de vista sobre la obra cervantina con los que coincido y sobre los que mantengo la misma postura desde hace años. Coincidir no quiere decir tener más razón ni menos que otros autores con opiniones distintas e incluso opuestas. Porque se trata de meras opiniones, cuando no conjeturas, no de verdades absolutas e irrefutables. Y se trata, en todo caso, de un juego sobre el juego de la novela de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha de la primera parte o Caballero en la segunda.

Pues bien, en primer lugar digamos que, al igual que J. M. Merino, me inclino por considerar como patria de don Quijote y Sancho Panza el lugar que fue y que hoy es pueblo manchego de Miguel Esteban. De entre las razones para elegir éste y no otro lugar, se cuentan las de la proximidad al Toboso y la de encerrar en su nombre el del autor del Quijote. Queda, sin embargo, la duda razonable del tiempo empleado en la tercera y última salida de don Quijote para llegar al Toboso acompañado por Sancho en busca del castillo o palacio de Dulcinea encontrándose, en su lugar, con las sombras de la torre y la iglesia rodeada por el cementerio que tantos reparos le produjo a Sancho así como el nacimiento de la frase proverbial “con la iglesia hemos topado”, que ni es literal ni tuvo nunca el significado que hoy se le asigna; costumbre ésta ubicar los cementerios nada propia de las iglesias manchegas, por cierto. Sigue leyendo

Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo sexagésimo quinto

blanca lunaEl ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo sexagésimo quinto

Donde se da noticia de quién es el Caballero de La Blanca Luna, con la libertad de don Gregorio, y de otros sucesos

 Don Quijote ha sido vencido. El de La Blanca Luna se retira a un hospedaje en Barcelona y se quita la armadura con ayuda de un criado, y don Antonio Moreno, promotor de las burlas a don Quijote, lo sigue para saber quién se esconde tras el disfraz del caballero que derrotó a don Quijote en las playas de Barcelona y le impuso el castigo de retirarse a su casa por espacio de un año.

El bachiller Sansón Carrasco se da a conocer a don Antonio y le informa de la intención final de aquel desafío, hacer volver a don Quijote a su casa y darle la oportunidad de recuperar su sano juicio; le contará cómo lo había intentado en una ocasión anterior con el nombre del Caballero de Los Espejos, y cómo había sido fracasado en su intento al sucumbir ante el ataque de don Quijote.

Se lamenta don Antonio de la decisión de apartar a don Quijote de sus aventuras y de su locura, estimando el beneficio de sus gracias y las de Sancho Panza asegurando que “cualquiera dellas puede volver a alegrar a la misma melancolía”. Sigue leyendo

Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo sexagésimo cuarto

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo sexagésimo cuarto

Que trata de la aventura que más pesadumbre dio a don Quijote de cuantas hasta entonces le habían sucedido

 Este capítulo 64 de la II Parte del Quijote puede juzgarse como uno de los más tristes de los tristes episodios narrados en la novela; en él no quiso Cervantes mostrarnos otros acontecimientos que estorbaran el protagonismo capital de la derrota de don Quijote a manos de El Caballero de la Blanca Luna en las playas de Barcelona. Y lo hará de manera breve y concisa.

Siendo éste el capítulo que marca el punto de inflexión de la trama anunciando el final irremediable de las aventuras y desventuras del Caballero de la Triste Figura, bien merece que nos explayemos en él con un poco más de atención.

Aunque Cervantes trata el hecho sin grandes aspavientos, incluso con una contención no sé si calculada, impuesta por el peso de la trascendencia de lo narrado para la continuación de la novela, o por cansancio, considero de interés juzgar –a la luz del atrevimiento y la osadía de la especulación- cuanto se dice que ocurrió a la orilla del mar Mediterráneo en la ciudad condal. Sigue leyendo

El Quijote de Cervantes y Andrés Trapiello

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El Quijote de Cervantes y Trapiello.- El escritor leonés presenta en la Residencia de Estudiantes su titánico proyecto de “traducir” el Quijote (Diario de León, 3 de junio de 2015)

¿Tiene que ser traducido el Quijote? Evidentemente, no. Aunque parezca increíble, el español del Siglo de Oro continúa siendo perfectamente comprensible para el usuario del español de hoy. De hecho, los judíos sefardíes lo conservan bastante puro y lo emplean con naturalidad. No digo que no sorprenda y que no exija un pequeño esfuerzo al principio, sobre todo porque hay una gran cantidad de objetos, utensilios, oficios y usos ya desaparecidos de los que las últimas generaciones ya no tienen noticia. Pero es fácilmente superable porque conservamos palabras derivadas y del mismo campo semántico que, en seguida, nos remiten a las primitivas. Con el entrecomillado de la noticia se nos quiere decir que el lenguaje ha sido actualizado en una parte del vocabulario y en algunos giros. Por ejemplo, “traducir” el vocablo adarga por escudo. Eso y mucho más, entiendo. Pero quiero entender también que no se ha dejado perder el ritmo, el ambiente y lo sugestivo y poético del texto cervantino. Sigue leyendo

El gallardo español.- Miguel de Cervantes

El gallardo español
Miguel de Cervantes Saavedra

Teatro Clásico completo.- Editorial Penguin Clásicos.-Barcelona, 2016.- Edición de Florencio Sevilla Arroyo

Empezando por el final. Miguel de Cervantes cierra esta comedia de “El gallardo español” con una desenvuelta declaración de intenciones al escribirla, como es la de “mezclar verdades con fabulosos inventos”. Pero, si entre las verdades mezcla gran parte de su historia personal, en los declarados inventos no dejará de proyectar el ensoñamiento y la realidad de una vida que no vivió.

Apreciamos como real en la presente obra el marco histórico en el que se desenvuelve. Esta bella comedia de “moros y cristianos” está centrada en los enfrentamientos del año 1563 en la defensa española de las plazas de Orán, Mazalquivir y el fuerte de San Miguel, y se citan en ella a muchos de sus destacados protagonistas, como el insigne don Álvaro de Bazán. El aspecto histórico se encuentra, como es de ver, bien documentado. Es probable, según los expertos, que Cervantes hiciera la lectura de documentos como “La descripción general de África”, de Mármol y Carvajal, así como el “Diálogo de las guerras de Orán”, de Baltasar de Morales. Sigue leyendo

Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo sexagésimo tercero

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo sexagésimo tercero

De lo mal que le avino a Sancho Panza con la visita de las galeras, y la nueva aventura de la hermosa morisca

Nos sorprende Cervantes. Este capítulo parece más un desahogo natural que la voluntad de darle continuación a la novela, pues en este paréntesis los protagonistas, tras el recibimiento en su visita a las galeras y las bromas gastadas a Sancho Panza cuando los remeros fueron volteándolo de brazo en brazo y de proa a popa, desaparecerán, amo y escudero, confundidos con la chusma y los avatares del apresamiento de un bergantín moro por parte de las galeras cristianas.

Reaparece de manera inopinada Ricote, el morisco natural del pueblo o lugar de Sancho y don Quijote, con el que se había cruzado en tierras aragonesas de Zaragoza al abandonar precipitadamente el gobierno de Barataria, y lo hace de manera poco creíble; igual que resulta también forzada y poco verosímil  la historia morisca de la hija del propio Ricote, disfrazada de hombre, llegada al mando del bergantín apresado por las galeras tras haber dado muerte a dos soldados cristianos por los disparos de otros dos soldados turcos. Sigue leyendo

Don Quijote de la Mancha.- Segunda Parte, capítulo sexagésimo primero

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo sexagésimo primero

De lo que sucedió a don Quijote a la entrada de Barcelona, con otras cosas que tienen más de lo verdadero que de lo discreto

 Después de pasar don Quijote y Sancho tres días y tres noches en la compañía del bandolero Roque Guinart, y admirarse de su modo de vida e inquietudes, siempre al acecho, siempre alerta, siempre huyendo, siempre sospechando y temiendo ser apresado o ser traicionado por los suyos, partirán para Barcelona en compañía del mismo Roque y seis de sus fieles, llegando a sus playas en la noche de la víspera de San Juan.

A la mañana, que llegó pronto, puestos sobre sus monturas, admiraron la grandiosidad del mar que veían por vez primera y consideraron inmenso en comparación con las Lagunas de Ruidera. Tanto en la ciudad como en la playa y los bajeles anclados a su orilla, las gentes hacían ruido de instrumentos y disparos al aire de armas y cañones para celebrar la fiesta del San Juan. Al poco, un nutrido grupo de hombres a caballo se acercó a don Quijote y Sancho Panza, rodeándolos, y el que los mandaba a todos en nombre de Roque Guinart se dirigió a don Quijote para darle la bienvenida con palabras elogiosas de su fama y aventuras. Sigue leyendo

Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo sexagésimo

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo sexagésimo

De lo que sucedió a don Quijote yendo a Barcelona

En la fresca mañana de la salida de don Quijote y Sancho Panza de la venta que fue venta y no castillo a los ojos del caballero y para sorpresa del escudero, tomaron el camino más derecho a Barcelona tras informarse por dónde era. El caso es que Cervantes, publicada ya la segunda parte apócrifa del Quijote por Avellaneda, quiso dejar clara su falsedad  negándose a llevar a su personaje a las justas de Zaragoza, a donde –precisamente- lo llevó el mismo Fernández de Avellaneda tomando como referencia lo manifestado por Cervantes en la primera parte, que era su deseo de que don Quijote participara en aquellas justas.

Como casi todo en el Quijote tiene algún carácter simbólico, aquí también la mención de las encinas o los alcornoques entre los que –después de seis de camino sin nada reseñable que contar- se detuvieron, adquieren ese valor. Al parecer, Cervantes quiere decir que duda entre contar la historia al estilo sublime, correspondiente a las encinas como símbolo de Júpiter, o hacerlo al estilo humilde o ínfimo que representarían los alcornoques. Tal vez, incluso, pueda subyacer en el texto alguna otra intencionalidad que desconocemos.

El caso es que, dormido el cansado Sancho, desvelado don Quijote, éste no paraba de darle a la imaginación y, en éstas, cayó en la cuenta del encantamiento de Dulcinea y la pereza de Sancho para poner en efecto darse los azotes prometidos para su liberación. Decidido don Quijote a poner en lo que pudiere remedio al caso, se acercó a Sancho y empezó a quitarle el cinto para bajarle los calzones y azotarle las posaderas. Sancho despertará asustado y, comprendiendo las intenciones de su amo, se negará a someterse a la azotaina que se le venía encima, llegándose a las manos y reduciendo a don Quijote inmovilizándolo en el suelo. Allí tendido y quejoso, don Quijote acabará aceptando la decisión de su escudero de llevar a cabo el desencantamiento cuando a él le conviniera y del mejor modo que considerara para hacerlo. Sigue leyendo

Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo quincuagésimo noveno

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo quincuagésimo noveno

Donde se cuenta el extraordinario suceso, que se puede tener por aventura, que le sucedió a don Quijote

Se anuncia un suceso que Cervantes acepta como aventura, aunque más que de don Quijote sería aventura personal, o disgusto personal, dándonos noticia de la aparición del Quijote apócrifo de Avellaneda, repartiendo a partes iguales su enfado con el personaje de la novela.

Vimos cómo acababan de ser, amo y mozo, vapuleados y pateados por una manada de toros. Retirados a la orilla de un arroyo donde se refrescan boca y cara, descansarán y Sancho, para reponer fuerzas, dispone las viandas que trae en su zurrón esperando –prudente- a que comenzara a comer su señor don Quijote. Pero el malparado caballero estaba más molido y avergonzado que hambriento, así que Sancho, sin más preámbulos, se entrega a matar el hambre, lo cual causará la intervención quejumbrosa y apesadumbrada de don Quijote, diciéndole: “Come, Sancho, come [  ], sustenta la vida que más que a mí te importa”, para seguir con una declaración conmovedora en la que manifiesta su deseo de morir y hacerlo dejando de comer, “muerte la más cruel de las muertes”. Confiesa que tras haberse sentido “respetado de príncipes, solicitado de doncellas, famoso en las armas y sus historias impresas y publicadas esperando el reconocimiento y las palmas por sus valerosos hechos” no podía sufrir el oprobio de haberse visto “pisado y acoceado y molido de los pies de animales inmundos y soeces”. ¿Alusión al autor que se esconde tras el nombre de Alonso Fernández de Avellaneda? Y, entre los candidatos, se cuentan: Lope de Vega, el clérigo Alonso Fernández Zapata o el que fuera correligionario de Cervantes, Jerónimo de Pasamonte, a quien ridiculizó en el personaje del pícaro Ginés de Pasamonte y a quien alude por su origen aragonés. Y es que, estando en tierras aragonesas, las bestias que cargaron contra don Quijote bien podían ser una metáfora del atropello sufrido con la publicación apócrifa de que se da noticia. De cualquier manera, lo que Cervantes confiesa es estar muy dolido. Por eso, a través de su personaje, confiesa entristecido utilizando un oxímoron sus convicciones: “Yo, Sancho, nací para vivir muriendo”, y sigue, trivializándolo, “y tú, para morir comiendo”. Sigue leyendo