Cervantes y la invención del Quijote.- Manuel Azaña

 Cervantes y la invención del Quijote.- Manuel Azaña
Biblioteca ELR Ediciones. Edición de David Hernández De La Fuente. (Madrid, 2005)

 

El descubrimiento de este libro en mi primera y única visita a la ciudad de Alcalá de Henares, se debió a una de tantas casualidades mientras recorría una feria del libro instalada en una de sus plazas. Me llamó inmediatamente la atención por dos razones, a cual de mayor peso; una, que el tema tratado resultaba ser Cervantes y el Quijote; otra, que el autor de la obra fuera Manuel Azaña. Podría añadir aún una tercera, más anecdótica, como es la circunstancia de que tanto Miguel de Cervantes como Manuel Azaña sean, ambos, hijos de Alcalá de Henares, lo que les hermana en nacimiento tanto como el destino les hermanó en sus vidas, aún separadas por cientos de años, al haber alcanzado ambos una talla singular como novelista y escritor, uno, y como intelectual, ensayista, político y estadista, el otro. A ninguno de los dos les privó España de disgustos y contrariedades, para que la semejanza fuera más acabada.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo vigesimonoveno

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo vigesimonoveno

aceñaDe la famosa aventura del barco encantado

A raíz del vocablo “longincuos” que don Quijote le explicará a Sancho cuando éste lo pronuncia mal, Cervantes aprovecha para cargar su crítica contra quienes, sin saber latín, lo usan de manera pedante y presunciosa.

Don Quijote y Sancho Panza ya habían alcanzado las riberas del río Ebro, lo cual llenó de entusiasmo al caballero andante, y a la vista de sus parajes se extasiaba y traía a la memoria muchos pensamientos amorosos, sobre todo los referidos a lo que le había ocurrido en la cueva de Montesinos en la que había visto encantada a Dulcinea, preguntándose cuántas de aquellas visiones habían sido verdad y cuáles mentira según le dijera Maese Pedro, imaginando que habían sido verdad la mayor parte de ellas, aunque Sancho pensase que todo había sido una tremenda mentira.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo vigesimoctavo

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda parte.- Capítulo vigesimoctavo

De cosas que dice Benengeli que las sabrá quien las leyere, si las lee con atención

Continúa el relato Benengeli, el mismo que dio comienzo al del capítulo anterior jurando como católico cristiano siendo moro, con una justificación de la huida de don Quijote ante la furia desatada de las gentes del pueblo del rebuzno utilizando una sentencia: “Cuando el valiente huye, la superchería está descubierta”.

Don Quijote recriminará a Sancho la osadía de su rebuzno tan fuera de lugar y Sancho, que no compartía la sentencia de Benengeli, le censura a don Quijote el haber huido dejándolo a merced de las enfurecidas gentes y sus palos, a lo que don Quijote replicará con presteza haciendo diferencia entre huir y retirarse, “porque has de saber, Sancho, que la valentía que no se funda sobre la basa de la prudencia se llama temeridad ( )”.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo vigesimoséptimo

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra
Segunda  parte.- Capítulo vigesimoséptimo

Donde se da cuenta de quiénes eran maese Pedro y su mono, con el mal suceso que don Quijote tuvo en la aventura del rebuzno, que no la acabó como él quisiera y como la tenía pensada

Cide Hamete (Benengeli) que, como sabemos, es nombre que se corresponde con el de Miguel de Cervantes (consultar: I parte, capítulo IX), da comienzo al capítulo jurando “como cristiano católico…” decir la verdad. La credibilidad de lo dicho  está en función de la raza o la religión, así que ser judío o moro resultaba ser sinónimo de falsedad y la verdad sólo era aceptada en nombre del catolicismo. Cervantes, como judío y escondido tras un nombre árabe tiene que jurar en nombre de la fe dominante e impuesta socialmente, aunque ajena a sus orígenes. Todo un juego de identidades que refleja una parte de la realidad social de la España del XVII.

Ginés de Pasamonte y su mono adivinoY el segundo narrador jura, tanto para decir la verdad sobre don Quijote como para descubrir quién se encontraba realmente tras el personaje de maese Pedro, el titiritero, y su mono adivino. Si en la I parte del Quijote ya se arremete contra Ginés de Pasamonte satirizándolo al ponerlo como reo de una cuerda de forzados de la que lo liberó don Quijote y del que –en mal pago- recibió pedradas, ahora lo vuelve a traer a colación dibujándolo tras el personaje de maese Pedro para tratarlo de mal agradecido, “gente maligna y mal acostumbrada”, llamándole despectivamente “Ginés de Parapilla” y endosándole, además, el hurto del burro de Sancho Panza que había quedado pendiente de explicación el cómo había sucedido.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo vigesimosexto

El retablo de las maravillas de maese PedroEl ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda parte.- Capítulo vigesimosexto
Donde se prosigue la graciosa aventura del titerero, con otras cosas en verdad harto buenas

Todos en la venta, y el primero de todos don Quijote, se aprestan con gusto a contemplar el famoso retablo de las maravillas de maese Pedro, el Ginés de Pasamonte liberado por don Quijote de la cuerda de presos, del que recibiera tan mal pago y al que no reconocieron en esta ocasión en su nuevo disfraz y profesión.

Transcurrirá todo apaciblemente hasta que don Quijote, oyendo contar que en la ciudad de Zaragoza y en poder de los moros se tocaron las campanas de sus mezquitas para alertar a la población, manifiesta vivamente que tal afirmación es un gran disparate, puesto que los moros no usan en modo alguno el toque de campanas. Aclarada la cuestión, prosigue la representación de la historia de amor entre don Gaiferos y Melisendra con su huida y sus avatares.

Don Quijote arremete contra el retablo de las maravillas de maese PedroAvanzando en el relato y representación, don Quijote se mete tanto en la trama que decide tomar parte batallando contra las huestes moras en defensa de los amantes huidos, soltando mandobles a diestro y siniestro de manera que apropiadamente puede decirse que no dejó títere con cabeza, sin que escuchase los lamentos y advertencias llamándole a la sensatez del compungido maese Pedro que veía arruinado todo su negocio.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo vigesimoquinto

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda parte.- Capítulo vigesimoquinto
Donde se apunta la aventura del rebuzno y la graciosa del titerero, con las memorables adivinanzas del mono adivino

Nos encontramos con un don Quijote impaciente por oír las maravillas anunciadas por el hombre que transportaba armas y que se hospedaba en la misma venta, y con un hombre de las armas pidiendo paciencia para atender debidamente a las bestias antes de sentarse para contar lo prometido en el capítulo anterior. En su impaciencia, don Quijote se ofrecerá a ayudarle “ahechándole la cebada (a las bestias) y limpiando el pesebre”, lo cual sorprendió al hombre y le dispuso bien para contarle cuanto antes lo que quería oír.

El pueblo del rebuznoEl suceso que el hombre les narra a don Quijote, Sancho Panza y el primo que les acompañaba desde la aventura de la cueva de Montesinos, dice que ocurrió a escasas cuatro leguas de la venta donde se encontraban alojados. Al parecer, una muchacha que servía a uno de los corregidores del pueblo extravía un burro del dueño sin que supiera dar cuenta de él ni encontrar la posibilidad de encontrarlo. Pasados los días sin que apareciera el jumento, otro corregidor le contará al primero cómo había visto en un lugar perdido del monte un asno muy desmejorado que parecía el suyo. Acordaron ambos ir a buscarlo y, llegados al lugar, se separaron rebuznando a cada rato con la intención de que el jumento perdido contestara. Pero una y otra vez, engañados por sus mismos rebuznos, se encontraban uno con el otro sin que el burro perdido diera señales de vida. Finalmente, encuentran al desgraciado animal comido por los lobos y deciden volver al pueblo, donde contaron lo ocurrido alabando el uno al otro y el otro al uno la maravillosa facultad de rebuznar. La historia se propagó por los pueblos de la comarca de manera que, en cuanto veían a un vecino del pueblo, se mofaban de él imitando los rebuznos de los burros, pasando el pueblo a llevar el sobrenombre de “el del rebuzno”.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo vigesimocuarto

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda parte.- Capítulo vigesimocuarto

Donde se cuentan mil zarandajas tan impertinentes como necesarias al verdadero entendimiento de esta grande historia

 Toma la palabra en este inicio de capítulo Cide Hamete Benengeli, primer autor de esta historia de don Quijote a partir –según explica- de unos manuscritos encontrados casualmente en la Alcaná de Toledo (Ver: I, cap.9). Ya sabemos que encriptado detrás de este nombre se encuentra el de Miguel de Cervantes (Ver: I, cap. 8). Pero lo interesante aquí es la sensación de realidad que consigue el autor transmitiendo la impresión de estar leyendo la historia en el mismo momento en que están ocurriendo los hechos narrados. La apelación al juicio del lector, haciéndole cómplice de la valoración de la aventura y lo que en ella se cuenta, la calculada ambigüedad al considerarla apócrifa, etc., con recursos muy eficaces a la lectura, que sigue con el espanto del primo (ese loco iluminado investigador de causas y sucesos tan peregrinos como el de determinar quién fue el primero en el mundo de tener catarro) ante la osadía de Sancho Panza dirigiéndose a su señor y la paciencia de don Quijote que contaba cómo había visto a Dulcinea en lo profundo de la cueva de Montesinos.

El primo no sólo alabará la ocasión de haber conocido a don Quijote, sino que le agradecerá la información sacada de su incursión a la cueva, útil para sus libros y haber podido determinar la antigüedad de los naipes y el conocer con seguridad el nacimiento del río Guadiana.

Jarra de vino, de barro.Cuando deciden iniciar la marcha hacia una ermita de cuyo ermitaño habló muy bien el primo y del que Sancho se interesó por si tenía gallinas, se les cruzó un hombre cargado de lanzas y alabardas que, sin detenerse, les dijo que les contaría su vida y maravillas si se alojaban en la venta a donde se dirigía, poco más arriba de la ermita mencionada.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo vigesimotercero

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra
Segunda parte.- Capítulo vigesimotercero

De las admirables cosas que el extremado don Quijote contó que había visto en la profunda cueva de Montesinos, cuya imposibilidad y grandeza hace que se tenga esta aventura por apócrifa

Si Cervantes conoció o no conoció la cueva de Montesinos no lo podemos saber. Lo que sí resultan ciertas son algunas incongruencias, como describirla llena de cuervos y grajos que, junto con los murciélagos, dieron con don Quijote en el suelo. Es sabido que grajos y cuervos no anidan en cuevas, sino en copas de árboles como los chopos. También sorprende la exagerada longitud de una soga de casi cien brazas para las poco más de ochenta de la cueva, la verticalidad atribuida que no pasa de ser un descenso acusado o que la boca de la cueva esté más despejada de lo que se describe.

No obstante, hay que entender y leer este pasaje que sugiere apócrifo el autor como hay que leer y entender todo el Quijote a modo de texto literario con referencias geográficas concretas que carecen, cada vez más y a medida que se ahonda en su lectura, de valor real. Todo responde, más bien, a la intencionalidad paródica de la obra. Así, jugará con el sobrante de la soga que don Quijote fue recogiendo a medida que se la iban soltando para sentarse encima de ella antes de quedarse dormido o perder el conocimiento; la terrible verticalidad y otras circunstancias descritas obedecen a un intento de exagerar las cosas y amplificar los efectos dramáticos de la aventura. Otros detalles, sin embargo, describen con bastante exactitud el escenario de los hechos, tales como el espacio al que finalmente llegará don Quijote a la distancia de esos “doce o catorce estados”, correspondiendo cada “estado” a la altura media de un hombre. Certera resultará también la mención al nacimiento del Guadiana en el agua que corre al fondo de la cueva y cuanto dice de las lagunas de Ruidera, en los contornos relativamente próximos a la cueva y a las que el río Guadiana dará forma.

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Don quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo vigesimosegundo

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra
Segunda parte.- Capítulo vigesimosegundo

Donde se da cuenta de la gran aventura de la cueva de Montesinos, que está en el corazón de la Mancha, a la que dio cima el valeroso don Quijote de la Mancha

Entre agasajos, don Quijote conversa con los desposados Basilio y Quiteria, hilvanando razonados discursos sobre el matrimonio y las mujeres. Advierte a los presentes que uno de los enemigos del amor es el hambre y la continua necesidad. También elogia la hermosura, que “por sí sola atrae las voluntades de cuantos la miran y reconocen”, pero que es, igualmente, un señuelo peligroso, mayor aún si a ella “se le junta la necesidad y estrechez”. Agrega que en la mujer es mejor la fama que la hacienda, y que la fama no se alcanza sólo con ser buena, sino con parecerlo.

Sancho escucha entusiasmado y alaba la elocuencia de su amo expresando algunas palabras quejosas para con su mujer que don Quijote le recriminará.

Acompañados don Quijote y Sancho por un personaje tan peregrino como loco, se dirigirán a la afamada cueva de Montesinos y las lagunas de Ruidera, de las que quería conocer sus orígenes. Hacen noche en una pequeña aldea a unas dos leguas de la cueva y se proveen de sogas para descender a ella en una cantidad desmesurada, sobrepasando casi a las cien brazas. Una vez llegados a la boca de la cueva, que se abre en el suelo entre arbustos y maleza a modo de pozo, atarán a don Quijote para iniciar el descenso, no sin antes pedir ayuda a Dios y encomendarse a Dulcinea del Toboso.

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La invención poética del Quijote

La invención poética del Quijote

Dibujo de DulcineaEl Quijote no sólo recoge gran parte de la poesía de Miguel de Cervantes en los poemas intercalados a lo largo de los sucesivos capítulos de la obra, sino que también se ocupa de la poesía y de los poetas. En la primera parte (cap. VI), al hilo de la quema de libros, se referirá a la Diana de Montemayor y los libros de carácter pastoril para echarlos al fuego haciendo mención de la poesía y los poetas:  “porque sería mucho que, habiendo sanado mi señor tío de la enfermedad caballeresca, leyendo éstos se le antojase hacerse pastor y andarse por los bosque y prados cantando, y tañendo, y lo que sería peor, hacerse poeta, que, según dicen, es enfermedad incurable y pegadiza”. Más adelante, en el capítulo XVI de la segunda parte, no parara mientes en considerar que “aunque la de la Poesía (la ciencia, el ejercicio de la misma) es menos útil que deleitable, no es de aquellas que suelen deshonrar a quien la posee”. Y en el mismo capítulo, siguiendo con la poesía,  los autores y el modo de tratarla, se explaya diciendo:   La Poesía, señor hidalgo, a mi parecer, es como una doncella tierna y de poca edad, y en todo extremo hermosa, a quien tienen cuidado  de enriquecer, pulir y adornar otras muchas doncellas, que son todas las otras ciencias, y ella se ha de servir de todas, y todas se han de autorizar con ella; pero esta tal doncella no quiere ser manoseada, ni traída por las calles, ni publicada por las esquinas de las plazas ni por los rincones de los palacios. Ella es hecha de una alquimia de tal virtud, que quien la sabe tratar la volverá en oro purísimo de inestimable precio; hala de tener el que la tuviere a raya, no dejándola correr en torpes sátiras ni en desalmados sonetos; no ha de ser vendible en ninguna manera, si ya no fuera en poemas heroicos, en lamentables tragedias o en comedias alegres y artificiosas; no se ha de dejas tratar de los truhanes, ni del ignorante vulgo, incapaz de conocer ni estimar los tesoros que en ella se encierran. Y no penséis, señor, que yo llamo aquí vulgo solamente a la gente plebeya y humilde; que todo aquel que no sabe, aunque sea señor y príncipe, puede y debe entrar en el número de vulgo; y así, el que con los requisitos que he dicho tratare y tuviere al Poesía, será famoso y estimado su nombre en todas las naciones políticas del mundo. El concepto que tiene de los poetas lo deja meridianamente claro en la misma segunda parte y el capítulo XVII: No hay poeta que no sea arrogante y piense de sí que es el mejor poeta del mundo…Y sobre la naturaleza, inclinación y arte del poeta, comentará (II, XVI): según es opinión verdadera, el poeta nace: quieren decir que del vientre de su madre el poeta natural sale poeta; y con aquella inclinación que le dio el Cielo, sin más estudio ni artificio, compone cosas que hace verdadero al que dijo: “est Deus in nobis…”,etc. También digo que el natural poeta que se ayudare del arte será mucho mejor y se aventajará al poeta que sólo por saber el arte quisiera serlo: la razón es porque el arte no se aventaja a la naturaleza, sino perfecciónala; así que, mezcladas la naturaleza y el arte, y el arte con la naturaleza, sacarán un perfectísimo poeta.

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