La conciencia burguesa en el Quijote.- Santiago Montserrat

La conciencia burguesa en el QuijoteLa conciencia burguesa en el Quijote
Santiago Montserrat
Edición- Universidad Nacional de Córdoba (Argentina), 1968, 2ª edición
Colección de Ensayos y Estudios dirigida por Emilio Sosa López

El libro, escrito desde una perspectiva marxista, interpreta históricamente la novela del Quijote en el contexto de la lucha de clases. Resulta interesante la aportación de una mirada, si no nueva, al menos distinta, a la obra de Cervantes. Por ello, lo primero que aborda el autor es la época en la que el Quijote hace su aparición; época de crisis caracterizada por “la voluntad de secularización del pensamiento y de la vida” en lo filosófico, y en lo social “por el advenimiento de la burguesía” a la que atribuye dos características: “el espíritu de lucro y codicia” y la “voluntad tenaz de dominio de la naturaleza”.

En la pugna de la burguesía se da una asimilación de ciertas formas decadentes de la nobleza que supo adaptarlas a “su propia concepción del mundo”. Este proceso se hará lentamente pero de manera imparable, coexistiendo los cada vez más inútiles ideales medievales junto con los valores y concepciones humanistas de la burguesía emergente. El teocentrismo medieval persistirá para acabar dando paso a un mundo en el que el hombre ocupará el centro del mundo y la cultura. La economía se transforma, la riqueza y el poder cambian de manos y aparecerá “el ciudadano como entidad política individual”. Cuando las ciudades comienzan a gravitar en el centro de la actividad económica con el comercio y la industria, la cultura echa raíces y brota el árbol robusto de una vida nueva que cada vez menos tiene que ver con el ideal medieval y caballeresco.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo trigésimo tercero

Plática de Sancho con la duquesa y las sirvientasEl ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo trigésimo tercero

De la sabrosa plática que la duquesa y sus doncellas pasaron con Sancho Panza, digna de que se lea y de que se note

 Y vemos así cómo Sancho, explicando a la duquesa de qué manera se las ingenió para hacer creer a don Quijote que había visto a Dulcinea encantada, se despacha a gusto tildando a su amo de loco rematado y mentecato capaz de decir, sin embargo, “cosas discretas” y bien encaminadas. La duquesa argumentará, entonces, que si don Quijote está loco y Sancho le sigue y le sirve es que é mismo debe de estar “más loco y tonto” que su amo, por lo que ve comprometido darle una ínsula para que la gobierne.

Sancho Panza se explicaSancho no se desdice y apunta las razones por las que sigue a su amo, entre las que descuellan la fidelidad, el lugar común de nacimiento, el quererlo bien, el ser don Quijote agradecido y los pollinos que le libró en pago de sus servicios como escudero. Una extraña mezcla de afecto e interés. Proseguirá su discurso con una estupenda sarta de refranes que subrayan cómo se puede ser feliz en cualquier circunstancia, incluso la de pobre, y ponen de manifiesto la igualdad de los hombres y mujeres ante las necesidades y la muerte. Acepta con entereza la posibilidad de no ser nombrado gobernador y entiende que el serlo puede acarrearle muchos beneficios tanto como muchos perjuicios, pero que el no serlo será de algún beneficio, al menos, a su conciencia.

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¿El acta de bautismo de Sancho Panza?

sancho-panza-bautismo--644x180El cervantista Sabino de Diego daba a conocer en noviembre de 2014 la noticia de la aparición de un acta de bautismo en Esquivias de un tal Sancho Gaona que, probablemente, inspiraría a Miguel de Cervantes el personaje de Sancho Panza.

En el libro número 1 de bautismos, folio 41, aparecerá la siguiente anotación:  «En XX de Junio del dicho año (1569) El dicho Señor Pedro de Huete bautizó un hijo de los señores Hernando de Gaona y Luisa de Godoi su mujer que se llamó Sancho fueron sus compadres de pila el Reverendo Señor Juan de Palacios y la señora Ana de Rojas mujer del Señor Gaspar de Gaona. Testigos Juan Quixada E Juan Barroso Vecinos del dicho Lugar». Firmado: Pedro de Huete.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo trigésimo segundo

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo trigésimo segundo

De la respuesta que dio don Quijote a su reprehensor, con otros graves y graciosos sucesos

Don Quijote de la Mancha a la mesa de los duquesEn la respuesta de don Quijote al eclesiástico que había puesto en tela de juicio su salud mental y negado la existencia de la caballería andante y sus caballeros, amén de declarar al susodicho eclesiástico incompetente para tratar y juzgar sobre estas materias, definirlo como ignorante y acusarle de falta de respeto, reafirmará la consistencia de los valores de la caballería andante, su necesidad, y la bondad de la práctica de la misma con las siguientes palabras: “Mis intenciones siempre las enderezo a buenos fines, que son de hacer bien a todos y mal a ninguno: si el que esto entiende, si el que esto obra, si el que desto trata merece ser llamado bobo, díganlo vuestras grandezas, duque y duquesa excelentes”. Con las intenciones, basta. Los malos resultados de las mismas serán fuerza de las actuaciones aviesas de encantadores y perseguidores de la fama de don Quijote.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo trigésimo primero

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra
Segunda  parte.- Capítulo trigésimo primero

Don Quijote recibido por los duquesQue trata de muchas y grandes cosas

Don Quijote y Sancho, acompañados por los duques, llegan al supuesto castillo. A las puertas, advertidos previamente por algunos criados que se adelantaron a la comitiva, recibirán a don Quijote con grandes ceremonias, de lo cual se admira Sancho tanto como el mismo don Quijote que se ve tratado al modo de los caballeros andantes tal y como tenía leído.

A la llegada, la primera preocupación de Sancho será que cuiden bien de su rucio, tarea que encomendará a una dueña del castillo y con la que tendrá un encontronazo cuando ésta se niega a las demandas del escudero y éste viene a llamarle vieja entre frases ingeniosas y refranes.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo trigésimo

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra
Segunda  parte.- Capítulo trigésimo

De lo que le avino a don Quijote con una bella cazadora

Mohínos, mojados y enfadados, caballero y escudero dejan las aguas del río Ebro y suben a sus cabalgaduras. Si don Quijote se distrae embebido en los pensamientos amorosos por Dulcinea, Sancho lo hará en los de los dineros perdidos en la aventura y el futuro que podía esperar de aquellas malas andanzas, porque “aunque tonto, bien se le alcanzaba que las acciones de su amo, todas o las más, eran disparates”, razón por la cual estaba bastante decidido a volverse a su casa.

Sancho ante la duquesaPero la suerte iba a resultar ser muy distinta a como Sancho la imaginaba, ya que a corta distancia pudieron ver a un grupo de cetreros y distinguir entre ellos a una hermosa cazadora. Don Quijote encomienda a Sancho la embajada de acercarse y presentar sus respetos a la bella dama, cosa que hará con gracia y acierto, aceptando la mujer el ofrecimiento con sumo agrado y razones corteses.

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Tiempo al tiempo en el Quijote. Una novela mágica de verano

Tiempo al tiempo en el Quijote. Una novela mágica de verano
Julio González Alonso

Cuando don Quijote se echa a los caminos manchegos y del mundo era un día “de los calurosos del mes de julio” (I,2) y en un año de sequía en el que “habían las nubes negado su rocío a la tierra” y, tal como se hacía todavía en los años 60 del pasado siglo, eran frecuentes las rogativas y procesiones implorando a los cielos la lluvia (II,52). Nada nuevo bajo el sol de la España actual y la de hace 400 años largos.

El caso es que, según Miguel de Cervantes, la epopeya quijotesca se produce en los límites de un verano eterno, que era el tiempo más favorable para pasar las noches al raso o patear los caminos y calzadas del siglo XVII. Por eso, nada más dar entrada a la novela y salida en solitario de su casa al hidalgo Alonso Quijano (I, 2) con la decisión de hacerse armar caballero en el primer castillo a mano que encontrara, se nos dice que tal cosa ocurre bajo el calor de un día del mes de julio, tal y como ya se ha mencionado. Estará fuera de casa un día y medio y volverá a ella como el caballero don Quijote de la Mancha. Luego, quince días más tarde y acompañado ya por un escudero, el campesino Sancho Panza, iniciará la segunda salida.

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Cervantes y la invención del Quijote.- Manuel Azaña

 Cervantes y la invención del Quijote.- Manuel Azaña
Biblioteca ELR Ediciones. Edición de David Hernández De La Fuente. (Madrid, 2005)

 

El descubrimiento de este libro en mi primera y única visita a la ciudad de Alcalá de Henares, se debió a una de tantas casualidades mientras recorría una feria del libro instalada en una de sus plazas. Me llamó inmediatamente la atención por dos razones, a cual de mayor peso; una, que el tema tratado resultaba ser Cervantes y el Quijote; otra, que el autor de la obra fuera Manuel Azaña. Podría añadir aún una tercera, más anecdótica, como es la circunstancia de que tanto Miguel de Cervantes como Manuel Azaña sean, ambos, hijos de Alcalá de Henares, lo que les hermana en nacimiento tanto como el destino les hermanó en sus vidas, aún separadas por cientos de años, al haber alcanzado ambos una talla singular como novelista y escritor, uno, y como intelectual, ensayista, político y estadista, el otro. A ninguno de los dos les privó España de disgustos y contrariedades, para que la semejanza fuera más acabada.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo vigesimonoveno

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo vigesimonoveno

aceñaDe la famosa aventura del barco encantado

A raíz del vocablo “longincuos” que don Quijote le explicará a Sancho cuando éste lo pronuncia mal, Cervantes aprovecha para cargar su crítica contra quienes, sin saber latín, lo usan de manera pedante y presunciosa.

Don Quijote y Sancho Panza ya habían alcanzado las riberas del río Ebro, lo cual llenó de entusiasmo al caballero andante, y a la vista de sus parajes se extasiaba y traía a la memoria muchos pensamientos amorosos, sobre todo los referidos a lo que le había ocurrido en la cueva de Montesinos en la que había visto encantada a Dulcinea, preguntándose cuántas de aquellas visiones habían sido verdad y cuáles mentira según le dijera Maese Pedro, imaginando que habían sido verdad la mayor parte de ellas, aunque Sancho pensase que todo había sido una tremenda mentira.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo vigesimoctavo

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda parte.- Capítulo vigesimoctavo

De cosas que dice Benengeli que las sabrá quien las leyere, si las lee con atención

Continúa el relato Benengeli, el mismo que dio comienzo al del capítulo anterior jurando como católico cristiano siendo moro, con una justificación de la huida de don Quijote ante la furia desatada de las gentes del pueblo del rebuzno utilizando una sentencia: “Cuando el valiente huye, la superchería está descubierta”.

Don Quijote recriminará a Sancho la osadía de su rebuzno tan fuera de lugar y Sancho, que no compartía la sentencia de Benengeli, le censura a don Quijote el haber huido dejándolo a merced de las enfurecidas gentes y sus palos, a lo que don Quijote replicará con presteza haciendo diferencia entre huir y retirarse, “porque has de saber, Sancho, que la valentía que no se funda sobre la basa de la prudencia se llama temeridad ( )”.

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