Diálogo entre Babieca y Rocinante.- Miguel de Cervantes Saavedra

Diálogo entre Babieca y Rocinante.- Don Quijote de la Mancha

 Diálogo entre Babieca y Rocinante

B. ¿Cómo estáis, Rocinante, tan delgado?
R. Porque nunca se come, y se trabaja.
B. Pues, ¿qué es de la cebada y de la paja?
R. No me deja mi amo ni un bocado.

B. Andad, señor, que estáis muy mal criado,
pues vuestra lengua de asno al amo ultraja.
R. Asno se es de la cuna a la mortaja.
¿Queréislo ver? Miradlo enamorado.

B. ¿Es necedad amar? R. No es gran prudencia.
B. Metafísico estáis. R. Es que no como.
B. Quejaos del escudero. R. No es bastante.

¿Cómo me he de quejar en mi dolencia,
si el amo y escudero o mayordomo
son tan rocines como Rocinante?

Miguel de Cervantes Saavedra

Este soneto cierra el prólogo de la primera parte del Quijote. Aparece entre los poemas agrupados bajo el título Al libro de don Quijote de la Mancha. En esta conversación entre el caballo del Cid y el de don Quijote la ironía de Cervantes raya a gran altura contraponiendo el hambre a los ideales y haciendo un juego de palabras con el nombre de Rocinante para llamar rucios o borricos a los enamorados.

Busco en la muerte vida

[ ]Mira que el que busca lo imposible, es justo que lo posible se le niegue, como lo dijo mejor un poeta, diciendo:

Busco en la muerte vida,
salud en la enfermedad,
en la prisión libertad,
en lo cerrado salida
y en el traidor lealtad.
Pero mi suerte, de quien
jamás espero algún bien,
con el cielo ha estatuido
que, pues lo imposible pido,
lo posible aún no me den.

Don Quijote de la Mancha, I, cap. 33
No se conoce el autor de esta copla de arte real.

Camacho, Basilio y Quiteria

pyramus_thisbe_hondius

Joven Camacho, toda tu riqueza
no bastará a alcanzar las pretensiones
de hacer tuyos los bienes y los dones
del amor de Quiteria y su belleza.

Siendo tan generosa tu largueza
en la vida y las bodas que dispones
no ha de ser suficiente ante razones
como las de Basilio en su pobreza.

Que el amor se descuelga por las ramas
del árbol del deseo y los caprichos
sin permiso de mozos ni de damas.

¡Ay corazón tirano que cuando amas
como aman los amantes antedichos
ardes tan sin remedio entre tus llamas!

González Alonso

*Del Quijote (I, capXX): Donde se cuentan las bodas de Camacho el rico, con el suceso de Basilio el pobre

Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo septuagésimo cuarto

muerte de don Quijote2El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra
Segunda  parte.- Capítulo septuagésimo cuarto

 De cómo don Quijote cayó malo y del testamento que hizo y su muerte

Las primeras frases de este último capítulo evocan la costumbre de la época de dar comienzo a la redacción de los testamentos como se documenta con la cita a pie de página con el ejemplo del testamento de Garcilaso de la Vega: “Porque la muerte es natural a los hombres, y es cosa cierta, y la hora y el día ha de ser incierta, etc. (sic)” . En el caso de don Quijote, ya fuese –se dice- por causa de la melancolía de haber sido vencido o ya fuese porque el cielo así lo dispuso, le sobrevinieron unas calenturas que lo dejaron postrado en cama por espacio de seis días, durante los cuales recibió la visita regular de sus amigos el cura, el barbero y el bachiller, los cuales trataban de animarlo alimentando las fantasías pastoriles a las que se había entregado el caballero andante. Decidieron, al fin, hacer venir al médico. Cuando éste hizo sus averiguaciones, con toda franqueza manifestó que, por melancolía y por otras penas, su cuerpo se despedía de la vida y que no podían hacer otra cosa que ocuparse ya de su alma.

muerte de don Quijote4Don Quijote tomó la noticia con serenidad; no así la sobrina, el ama y los amigos de don Quijote allí reunidos. Pidió que lo dejasen a solas para descansar, y después de dormir seis horas de un tirón despertará para llamar y decir con voz grave y clara que, por la gracia divina, ya no era don Quijote ni estaba loco.

Todavía incrédulos de lo que oían, el bachiller Sansón Carrasco tomó la palabra para insistir en la fantasía de que era don Quijote y la decisión de que se dedicara  a la vida pastoril en el año obligado de retirada de su actividad como caballero andante. Pero la respuesta del enfermo fue tajante y, pidiendo que dejasen las burlas a un lado, les solicitará que llamaran a un confesor y un escribano. Sigue leyendo

Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo septuagésimo segundo

samper_conversandoEl ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo septuagésimo segundo

 De cómo don Quijote y Sancho llegaron a su aldea

Amo y escudero, a la vuelta a su aldea, coincidirán en un mesón con un tal don Álvaro Tarfe, persona principal que en la segunda parte del Quijote apócrifo de Avellaneda había entrado en tratos con aquel otro don Quijote. Nuestro don Quijote, espoleado por la curiosidad, entablará conversación con el mencionado don Álvaro con el propósito de aclarar que aquel don Quijote y aquel Sancho que conoció no eran los verdaderos, sino unas malas falsificaciones de los auténticos personajes de la primera parte del Quijote escrita por Miguel de Cervantes. Con esa misma intención tomará la palabra Sancho Panza y don Álvaro de Tarfe, apreciando enseguida la gracia del escudero y las diferencias que lo separaban del otro Sancho, aceptará sin reservas que aquel que él conoció debía de ser falso, puesto que ni era gracioso ni ocurrente, sino más bien tosco en las formas, torpe en el hablar y harto comilón.

2436048529_2f1155edf3_zAprovecha Cervantes este capítulo para tildar de novato y principiante al tal Alonso Fernández de Avellaneda, autor de la segunda parte apócrifa del Quijote, que lo deja internado en una casa de salud o manicomio de Toledo después de haberlo llevado a las justas celebradas en Zaragoza. Había manifestado Cervantes esta intención al final de la primera parte del Quijote, pero cambiará de idea tras conocer la publicación de Avellaneda y, para abundar en la falsedad de aquel don Quijote, hará pasar de largo al suyo y, dejando a un lado Zaragoza, lo conducirá directamente a Barcelona donde, pese a la amarga experiencia tras la derrota que le obligará a volver a su aldea y suspender la actividad caballeresca por un año, don Quijote manifiesta su admiración por la ciudad condal en los siguientes términos: Barcelona, archivo de cortesía, albergue de los extranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes, venganza de los ofendidos y correspondencia grata de firmes amistades, y en sitio y en belleza, únicaSigue leyendo

Visiones de don Quijote

Visiones de don Quijote

Viste castillos donde había ventas
y en dorada bellota la Edad de Oro;
tu historia fue transcrita por un moro
y tus batallas fueron siempre incruentas.

Con pacientes discursos acrecientas
de letras y las armas el tesoro
y a tu escudero Sancho, con decoro,
en insular gobierno bien asientas.

Supiste ver gigantes en molinos,
ejércitos en medio de rebaños
y sangre en los pellejos de los vinos,

pero también a sabios y adivinos
presos con Dulcinea largos años
en la cueva del viejo Montesinos.

González Alonso

*Montesinos, que da nombre a la cueva de la aventura, es un personaje de leyenda, amigo de Durandarte a quien, después de muerto, le arranca el corazón para conservarlo en sal y ofrecérselo a su amada Belerma. En la misma cueva conviven con Dulcinea encantada, el mago Merlín que mantiene también encantados a Belerma, Durandarte y su escudero Guadiana, convertido en río, a Ruidera, sus siete hijas y dos sobrinas, que darán origen a la leyenda de las lagunas del mismo nombre.

Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo septuagésimo

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra
Segunda  parte.- Capítulo septuagésimo

Altisidora capítulo 70 Que sigue al de sesenta y nueve y trata de cosas no escusadas para la claridad de esta historia

Se nos va a referir cómo el bachiller Sansón Carrasco habló con los duques cuando viajaba buscando a don Quijote y Sancho Panza, y cómo quedó en volver y darles noticias del encuentro o el resultado de la búsqueda. El bachiller estaba decidido a desafiarlo nuevamente, esta vez vestido como el Caballero de la Blanca Luna, derrotarlo y obligarle a volver a su casa por espacio de un año para ver si se curaba de su locura.

Y así ocurrió que el bachiller encontró a don Quijote, lo derrotó y, ya de vuelta, dio parte a los duques de todo lo ocurrido, y los duques –que disfrutaban burlándose del caballero y su escudero- urdieron nuevas bromas, como la de Altisidora muerta y resucitada merced a los golpes y puyazos que tuvo que sufrir Sancho Panza.

quijote y sancho 3A estas alturas del relato ya no se sabe bien quién de todos está más loco, y la obsesión de los duques de pasar el tiempo en entretenimientos como estos despierta en el lector cierta animadversión contra ellos; el mismo Cervantes, consciente de ello, hace la misma reflexión por boca del moro  Hamete Benengeli que es, como ya se sabe, el nombre encriptado de Miguel de Cervantes, escribiendo lo que sigue: “… que tiene para sí ser tan locos los burladores como los burlados y que no estaban los duques a dos dedos de parecer tontos, pues tanto ahínco ponían en burlarse de dos tontos.” Sigue leyendo

Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo sexagésimo noveno

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo sexagésimo noveno

 Del más raro y más nuevo suceso que en todo el discurso desta grande historia avino a don Quijote

Atisidora 1Ya de vuelta a casa don Quijote con la siempre compañía de Sancho Panza, afligido por la derrota frente al Caballero de la Blanca Luna en las playas de Barcelona, iba imaginando para su retiro forzoso de la caballería por espacio de un año una nueva vida bucólica y pastoril en la que hacer participar a familiares y amigos. No le faltarán, sin embargo, nuevos sobresaltos y sorpresas a lo largo del camino.

El caso es que los duques que acogieron en su castillo de tierras aragonesas al caballero y su escudero en su viaje a Barcelona haciendo a Sancho gobernador de la ínsula Barataria y poniendo a prueba el amor de don Quijote por Dulcinea tentándole con el encanto de la bella Altisidora, enterados de su vuelta, no pierden el tiempo para imaginar nuevas burlas y bromas a su cuenta. Así que los harán apresar y conducir de nuevo al castillo decididos a poner en práctica sus intenciones para asombro y sorpresa de caballero y escudero que se lo tomarán todo al pie de la letra.

La nueva broma consistió en hacer aparecer a Altisidora muerta sobre un túmulo o catafalco. En el mismo lugar se levantaba una tribuna presidida por un rey y una reina debidamente coronados, acompañados por una corte entre la que se encontraban el duque y la duquesa junto con otros personajes, jueces e invitados. Allí, solemnemente, se anuncia ante los desconcertados don Quijote y Sancho que Altisidora, muerta por el despecho de don Quijote, puede volver a la vida sometiendo a Sancho Panza a una suerte de penitencia en forma de tortazos, golpes, pinchazos y otras humillaciones como la de ser vestido con una coroza de penitenciado y un sayón pintado de rojas llamas ardientes. Sigue leyendo

El vizcaíno

Mala la hubiste vizcaíno
en esa de don Quijote

Que un hidalgo manchego a ti te diga
de un vasco como tú no ser hidalgo
es tratar a un mastín de perro galgo
o meter una piedra en la vejiga.

De igual modo la lanza no es amiga
de ser tocada ni siquiera un algo
y de mi asombro viendo tal no salgo
pues tu osada intención la ofensa abriga.

Así pues ambos dos espada en mano
cada cual asentado en su montura
harán de apaciguarse intento vano

y en el calor manchego del verano
ataca don Quijote con bravura
que al vizcaíno impide salir sano.

Sea hidalgo o villano,
en el trato exigido bien se entiende:
lo tocante al honor, la sangre enciende.

González Alonso

Nota.- El vizcaíno aparta la lanza de don Quijote para que los deje pasar,  y cuando es tratado de villano por don Quijote por lo cual no merecía la pena luchar con él, el vizcaíno arde en cólera y defiende su hidalguía espada en mano, saliendo malparado en la única aventura victoriosa de don Quijote junto con la de El Caballero de los Espejos o Caballero del Bosque.

Publicada también en LUCERNARIOS, 11 de junio de 2016

Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo sexagésimo octavo

cerdos2El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo sexagésimo octavo

De la cerdosa aventura que le aconteció a don Quijote

A la sombra oscura de una noche apacible, se lamenta don Quijote de la forma de ser y el comportamiento de su escudero, encontrando diferencias entre sus maneras de dormir, oyéndole cantar cuando él llora o mostrándose perezoso y harto de comer mientras él ayuna y está alerta. Le pide a Sancho que, sin llegar a las manos y reconociendo la rudeza y fuerza de los brazos del escudero, aproveche la serenidad de la noche para darse hasta al menos trescientos azotes de los que tiene a cuenta para el desencantamiento de Dulcinea, pasando luego el resto de las horas cantando hasta el amanecer. él la ausencia y Sancho su firmeza.

Daumier-Don-Quixote-and-Sancho-Pansa-Having-Rest-under-Tree-1855Replicará Sancho sin dudar que ni es religioso para hacer penitencia en mitad del sueño, ni le parece a él que el dolor de los azotes pudiera dejarle pasar a la música, reclamándole a don Quijote que no le apriete en lo de azotarse.

Romperá don Quijote en abundantes reproches y exclamaciones recordándole cómo fue gracias a él que llegó a ser gobernador y cómo aún puede tener la esperanza de llegar a ser conde según la promesa que le tiene hecha. Y concluye con una frase del Libro de Job: “Post tenebras spero lucem” (Tras las tinieblas espero la luz). Se trata de la misma frase que el impresor Juan de la Cuesta utilizaba como sello en los libros que publicaba acompañada de dos animales simbólicos y heráldicos: el águila, poderosa en el cielo, y el león, poderoso en la tierra. En la España cristiana el león será utilizado por los monarcas leoneses, y esta misma figura es representación de la tribu de Judá. El origen de Juan de la Cuesta es desconocido, pero bien pudo ser judío. Y Miguel de Cervantes, publicado por él, asumirá el mismo lema por boca de don Quijote para expresar la paciencia que, igual a la de los sefardíes para volver a España, él mantenía para ver “liberada” a Dulcinea.

No cederá Sancho a las pretensiones de don Quijote, que hace un caluroso elogio del sueño y sus bondades en un discurso que don Quijote reconoce bien hilado y elegante rematando su respuesta con un refrán que al escudero no le pasará desapercibido.

En mitad de esta animada conversación se deja oír un fuerte estruendo en la noche que se les vino encima en forma de una piara de más de seiscientos cerdos que a aquella hora intempestiva llevaban unos hombres a vender en una feria. Sin darles tiempo a reaccionar, los puercos pasaron por encima de don Quijote, Sancho Panza, dejándolos maltrechos junto al rucio y Rocinante, con todos sus enseres y armas esparcidos por el suelo. Se levantará Sancho como mejor puede y, advertido de la identidad de sus pateadores- le pedirá la espada a don Quijote para acabar, al menos, con media docena de ellos. Sigue leyendo