Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo vigesimoprimero

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra
Segunda parte.- Capítulo vigesimoprimero

Donde se prosiguen las bodas de Camacho, con otros gustosos sucesos

Basilio simula suicidarseSe nos ofrece el escenario de las bodas de Camacho como una puesta en escena teatral, con cura y todo, pero sin iglesia. ¿Por qué no ubicar la ceremonia de los desposorios dentro de un templo? El caso es que en el Quijote las bodas y los entierros se celebran al aire libre y nunca aparecerán don Quijote y Sancho en algún pasaje desarrollado en el interior de alguna iglesia, ermita o capilla.

En este caso, hará su aparición Basilio (el novio de siempre de Quiteria, enamorado y pobre) y se suicida delante de todo el mundo clavándose un estoque que le entra por el pecho y le sale por la espalda. El cura –que parece ser estaba confabulado con Basilio y con la misma Quiteria- se opone a que le saquen el estoque porque moriría de manera inmediata sin tener tiempo de confesarse. Basilio, moribundo, le pide a Quiteria que acceda a casarse con él antes de morir para poder hacerlo feliz y en paz. El cura insiste en la premura de la confesión para salvar su alma, pero Basilio se niega poniendo por delante y como condición el recibir la mano de Quiteria.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo vigésimo

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda parte.- Capítulo vigésimo

Donde se cuentan  las bodas de Camacho el rico, con el suceso de Basilio el pobre

 Después de un tópico amanecer mitológico (elemento liminar del episodio aparecido también en I, caps. 2,47) aparece Sancho roncando y don Quijote manifiesta su envidia por ese dormir a salvo de desvelos, ambición, pompas mundanas, celos ni amores, salvo la exquisita devoción por su rucio. Como en el mundo al revés, “duerme el criado, y está velando el señor”.

Al despertar y desperezarse Sancho Panza, lo primero que aprecia es el fuerte y variado olor a comida que hasta allí llegaba de los que se estaba cocinando en el prado donde se preparaban las bodas del joven y rico Camacho. Don Quijote, tras tacharlo de glotón, dice a su escudero que irán a ver los desposorios por ver qué hace el despechado Basilio, antiguo novio enamorado y pobre de la hermosa Quiteria.

Sancho opina que ante la riqueza de Camacho poco han de valer las artes de Basilio con el “tiro de barra” o la espada, y que para levantar un buen edificio –dice-el mejor cimiento y zanja del mundo es el dinero”.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo decimonoveno

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda parte.- Capítulo decimonoveno

Donde se cuenta la aventura del pastor enamorado, con otros en verdad graciosos sucesos

En el encuentro con los campesinos y estudiantes se anuncian, como cosa extraordinaria y nunca vista, las bodas del rico campesino Camacho con la hermosa y jovencísima Quiteria, que se celebrarían en un gran prado cubierto y con un esplendor incomparable, a decir de todos.

Hablando de los linajes del joven Camacho y el de su prometida Quiteria, Francisco Rico afirma que “no es imposible que aluda a algún antepasado judío converso por parte de Camacho” cuando Cervantes escribe que ya no hace falta pararse en este asunto, ya que “las riquezas son poderosas de soldar muchas quiebras”. Lo que, dicho a la pata la llana, el dinero todo lo arregla y disculpa, incluso el ser judío converso.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo decimoséptimo

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda parte.- Capítulo decimoséptimo

De donde se declaró el último punto y extremo a donde llegó y pudo llegar el inaudito ánimo de don Quijote con la felizmente acabada aventura de los leones

 Sancho estaba comprando requesones a unos pastores, cuando recibe el aviso a voces de su señor don Quijote para que acuda a su lado y le diera la celada. Con las prisas, Sancho había guardado los requesones en al solicitada celada que don Quijote, a toda prisa, se pone en la cabeza. Los requesones, aplastados y exprimidos, comenzaron a soltar todo el suero que contenían, corriendo por la cara y las barbas de don Quijote, lo que le dio tal susto que preguntó a Sancho por la causa de que se el ablandasen los sesos de esa manera y que se sintiera sudado de los pies a la cabeza, aunque –advierte- si estaba sudando no lo era por miedo. Le pide a Sancho un trapo con que limpiarse, lo hace y, quitándose la celada y oliendo su interior, descubre que está llena de requesones aplastados, de manera que increpará a Sancho y éste se las apaña para hacerle creer que también él esta siendo perseguido por encantadores que buscan su ruina, argumentando que ni tiene leche ni requesones y que de tenerlos antes se los comería que estropearlos poniéndolos en una celada. –Todo puede ser- concluye con gravedad don Quijote.

No es difícil suponer en este cómico trance que los requesones sean una metáfora de la locura que hace derretirse los sesos.

Nadie, ni el Caballero del Verde Gabán, ni los carreteros ni los ruegos de Sancho, será capaz de hacer desistir a don Quijote de su peregrina idea de enfrentarse a los leones, ante lo cual y una vez alejados por precaución del lugar, uno de los carreteros, encaramado encima de la jaula del primer león, la abre y don Quijote, espada en mano y acercándose lenta y solemnemente a pie, se coloca ante la fiera.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo decimosexto

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra
Segunda parte.- Capítulo decimosexto

De lo que sucedió a don Quijote con un discreto caballero de la Mancha

Va muy ufano don Quijote después de la victoria sobre el Caballero de los Espejos o del Bosque. Por su parte, Sancho no está convencido de que no se trataran del mismísimo bachiller Sansón Carrasco y su vecino Tomé Cecial que hacía de escudero. Los razonamientos de don Quijote pretenden convencer a Sancho de que se todo fue efecto de encantamiento para evitar –al presentarse su enemigo en la figura de su paisano- que le diera muerte, y lamenta no poder llevar a cabo la aventura de volver a su ser a la también encantada Dulcinea. Sancho, que sabe bien la verdad del engaño de este encantamiento, no quiere seguir discutiendo la cuestión por si le pillan en un renuncio y  cierra la conversación con una sentencia: Dios sabe la verdad de todo.

Mientras caballero y escudero dilucidaban las cuestiones referidas a la victoria y los encantamientos, les dio alcance un hombre vestido todo de verde y que portaba un alfanje morisco. Pasó de largo por no molestar o porque la yegua que montaba no alterase a Rocinante, pero don Quijote y Sancho le sacaron de esas preocupaciones y le pidieron hacer juntos el mismo camino.

 Accedió a ello el caminante y, observando la hechura de don Quijote, no dejaba de admirarse de lo que veía. El mismo don Quijote, consciente de la sorpresa e interés que despertaba en el hombre, se decidió a presentarse y explicar su profesión, cómo y por qué vivía al modo de los caballeros andantes, “socorriendo viudas, amparando doncellas y favoreciendo casadas, huérfanos y pupilos”, arrogándose muchas y valerosas hazañas por las que confesó andar ya en los libros y de los que –con falsa modestia- aseguraba haberse impreso treinta mil volúmenes y que él creía que llevaba “camino de imprimirse treinta mil veces de millares, si el cielo no lo remedia”.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo decimoquinto

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda parte.- Capítulo decimoquinto

Donde se cuenta y da noticia de quién era el  Caballero de los Espejos y su escudero

La brevedad del capítulo no le quita enjundia al contenido. Así, declarados los verdaderos actores escondidos tras los personajes del Caballero de los Espejos, también nombrado como del Bosque, y su escudero, que no eran otros que el Bachiller Sansón Carrasco y otro paisano del lugar de don Quijote y Sancho, llamado Tomé Cecial, se declara –también- la intención de ambos de hacer volver a don Quijote a su casa y sujetarlo allí, una vez vencido, por espacio de al menos dos años a ver si encontraban remedio a su locura.

Puesto que las cosas no salieron como pretendían, Sansón Carrasco y Tomé vuelven frustrados y con unos cuantos huesos magullados el Bachiller. Aquél que representara al escudero narigudo que tanto espanto dio a Sancho, su vecino Tomé, hace una reflexión amarga sobre lo ocurrido: “ (  ) Don Quijote loco, nosotros cuerdos, él se va sano y riendo; vuesa merced queda molido y triste. Sepamos, pues, ahora cuál es más loco, el que lo es por no poder menos o el que lo es por su voluntad.” A lo que no se hace esperar la respuesta: “La diferencia que hay entre esos dos locos es que el que lo es por fuerza lo será siempre, y el que lo es de grado lo dejará de ser cuando quisiere.”

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo decimocuarto

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra
Segunda parte.- Capítulo decimocuarto
Donde se prosigue la aventura del Caballero del Bosque

El Caballero del Bosque, citado también como el de la Selva, entabla conversación con don Quijote. En su conversación se alude al término “elección” en lugar de “destino” en un ejercicio de “libre pensamiento” ante el concepto religioso de “predestinación” encerrado en la acepción “destino”. El caso es que, a través del coloquio iniciado el del Bosque asegura que para ser merecedor del amor y los favores de su dueña Casilda de Vandalia debe recorrer “todas las provincias de España” y vencer a cuantos caballeros se encuentre, haciéndoles declarar que su señora es la más hermosa de las hermosas damas de todos los caballeros andantes. Confiesa que, después de haber vencido al famoso don Quijote de la Mancha, considera que ya tiene cumplido con creces su trabajo, pues el susodicho caballero resulta ser el más esforzado, valiente y vencedor caballero del mundo, habiendo conseguido con esta victoria –en consecuencia- sumar a sus victorias las del famoso caballero manchego.

A duras penas consigue don Quijote reprimir los deseos de replicar de manera pronta y airada al del Bosque. Así, una vez acabado su parlamento, tomará la palabra el Caballero de la Triste Figura para responder en tono cortés y cortés y moderado, pero firme, para asegurarle al del Bosque que aquel don Quijote que dice haber vencido no podía ser el auténtico don Quijote, sino –a lo más- alguien que se le pareciera, un impostor o cualquier aparición mágica del mismo, pues por los datos, señales y circunstancias descritas él era el auténtico y único don Quijote de la Mancha, desafiándole a combatir si así no lo admitiera y defender la suprema hermosura y virtudes de Dulcinea del Toboso por encima de las de su Casildea de Vandalia.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo decimotercero

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra
Segunda parte.- Capítulo decimotercero

Donde se prosigue la aventura del Caballero del Bosque, con el discreto, nuevo y suave coloquio que pasó entre los dos escuderos

Apartados en el bosque, los caballeros por un lado y los escuderos por otro, todos se lanzan a conversar de sus respectivos temas, caballerescos los unos, escuderiles los otros.

Los escuderiles corren por derroteros de quejas sobre su condición y las aspiraciones que les mueven junto con las promesas de alcanzar un tipo de vida mejor que, para el escudero del Caballero del Bosque, se cifraba en obtener algún cargo eclesiástico y para Sancho Panza en conseguir el gobierno de una ínsula.

El del Bosque conduce su conversación con la intención de convencer a Sancho de que sería mejor abandonar la vida escuderil y volver a su casa. Entre tanto, cada cual habla de su familia y al hacerlo Sancho de su hija Sanchica no ahorra elogios; la ve “grande como una lanza y tan fresca como una mañana de abril”, pero el tono poético del retrato se vuelve más áspero cuando agrega que “tiene más fuerza que un ganapán (mozo de cuerda)”. No duda de las cualidades de la moza de “15 años, dos arriba o abajo” para ser condesa y si fuera el caso “ninfa del verde bosque”.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo decimosegundo

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda parte.- Capítulo decimosegundo

De la estraña aventura que le sucedió a don Quijote con el bravo Caballero de los Espejos

El Caballero de los Espejos, a lo largo de este capítulo será llamado Caballero del Bosque. Y sabido esto, nos encontramos a Cervantes opinando por boca de don Quijote sobre el teatro y los actores. Capítulo aparte es cómo encajaría lo escrito Lope de Vega, habida cuenta de su tan irreparable enemistad como mutua admiración y envidia y tratando del teatro, espina clavada para Cervantes y éxito clamoroso para Lope. Pero yendo al capítulo y lo que don Quijote defiende ante Sancho es que desde su punto de vista el teatro debería tener la función social de representar el mundo como es, a modo de espejo (y como don Quijote mismo se vería reflejado en su encuentro con el Caballero de los Espejos), de manera que las obras de teatro sirvan de reflexión y aprendizaje. El carácter pedagógico de la escena queda meridianamente claro; comediantes y comedias, agrega don Quijote, “son instrumentos de hacer gran bien a la república”.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo decimoprimero

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha

Miguel de Cervantes Saavedra
Segunda parte.- Capítulo undécimo

De la estraña aventura que le sucedió al valeroso don Quijote con el carro o carreta de “Las Cortes de la Muerte”

 Tan contrariado iba don Quijote pensando en la desgracia del encantamiento de Dulcinea, que soltó las riendas de Rocinante, el cual, viéndose suelto y sin dirección, se dedicaba a pastar aquí y allá las hierbas que  le apetecían, deteniéndose a cada paso.

Sancho Panza, que ve tan decaído a su señor, intenta darle ánimos para que recobre su interés por las aventuras, y con muchas y muy diversas y divertidas razones trataba de traerlo de nuevo a su mundo caballeresco.

En esas andaban, cuando de lejos apareció una carreta de comediantes que venían vestidos con toda clase de disfraces después de representar su comedia en el pueblo dejado atrás y que iban a representarla de nuevo en el que de allí a lo lejos podía verse.

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