Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo vigesimonoveno

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo vigesimonoveno

aceñaDe la famosa aventura del barco encantado

A raíz del vocablo “longincuos” que don Quijote le explicará a Sancho cuando éste lo pronuncia mal, Cervantes aprovecha para cargar su crítica contra quienes, sin saber latín, lo usan de manera pedante y presunciosa.

Don Quijote y Sancho Panza ya habían alcanzado las riberas del río Ebro, lo cual llenó de entusiasmo al caballero andante, y a la vista de sus parajes se extasiaba y traía a la memoria muchos pensamientos amorosos, sobre todo los referidos a lo que le había ocurrido en la cueva de Montesinos en la que había visto encantada a Dulcinea, preguntándose cuántas de aquellas visiones habían sido verdad y cuáles mentira según le dijera Maese Pedro, imaginando que habían sido verdad la mayor parte de ellas, aunque Sancho pensase que todo había sido una tremenda mentira.

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El amante liberal.- Novelas ejemplares

El amante liberal – Novelas ejemplares
Miguel de Cervantes Saavedra

El primer párrafo de la novela arranca con una poética invocación ante las ruinas de Nicosia de un cautivo cristiano que se lamenta del destino que lo tiene tan sin ventura en su cautiverio como lo estuvo igualmente siendo libre.

Las causas de su pesar serán confesadas a un cristiano convertido al Islam del que se hizo amigo. Los amores por una tal Leonisa, de quien estuvo enamorado desde sus más tiernos años, y las preferencias de ésta por un tal Cornelio para dar gusto a sus padres, serán la causa de su destino, el cual se precipita cuando los sorprende en un lugar apartado de un jardín en medio de una fiesta y, movido por los celos, reprocha a Leonisa su elección y la considera a ella y el amor que por ella siente “enemiga mortal de mi descanso”, frase usada también en el Quijote y en otra historia amorosa (I, cap, 27) aunque en esa ocasión está dirigida a la memoria (¡Oh memoria, enemiga mortal de mi descanso). El caso es que, entre las quejas y los reproches se enfrentará a Cornelio y se desatará una verdadera batalla campal, con cuyo estruendo no se percataron de la llegada de un destacamento de turcos desembarcados sin ser percibidos que secuestran a los que no tienen tiempo de huir, entre ellos Leonisa y el joven enamorado, Ricardo.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo vigesimoctavo

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda parte.- Capítulo vigesimoctavo

De cosas que dice Benengeli que las sabrá quien las leyere, si las lee con atención

Continúa el relato Benengeli, el mismo que dio comienzo al del capítulo anterior jurando como católico cristiano siendo moro, con una justificación de la huida de don Quijote ante la furia desatada de las gentes del pueblo del rebuzno utilizando una sentencia: “Cuando el valiente huye, la superchería está descubierta”.

Don Quijote recriminará a Sancho la osadía de su rebuzno tan fuera de lugar y Sancho, que no compartía la sentencia de Benengeli, le censura a don Quijote el haber huido dejándolo a merced de las enfurecidas gentes y sus palos, a lo que don Quijote replicará con presteza haciendo diferencia entre huir y retirarse, “porque has de saber, Sancho, que la valentía que no se funda sobre la basa de la prudencia se llama temeridad ( )”.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo vigesimoséptimo

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra
Segunda  parte.- Capítulo vigesimoséptimo

Donde se da cuenta de quiénes eran maese Pedro y su mono, con el mal suceso que don Quijote tuvo en la aventura del rebuzno, que no la acabó como él quisiera y como la tenía pensada

Cide Hamete (Benengeli) que, como sabemos, es nombre que se corresponde con el de Miguel de Cervantes (consultar: I parte, capítulo IX), da comienzo al capítulo jurando “como cristiano católico…” decir la verdad. La credibilidad de lo dicho  está en función de la raza o la religión, así que ser judío o moro resultaba ser sinónimo de falsedad y la verdad sólo era aceptada en nombre del catolicismo. Cervantes, como judío y escondido tras un nombre árabe tiene que jurar en nombre de la fe dominante e impuesta socialmente, aunque ajena a sus orígenes. Todo un juego de identidades que refleja una parte de la realidad social de la España del XVII.

Ginés de Pasamonte y su mono adivinoY el segundo narrador jura, tanto para decir la verdad sobre don Quijote como para descubrir quién se encontraba realmente tras el personaje de maese Pedro, el titiritero, y su mono adivino. Si en la I parte del Quijote ya se arremete contra Ginés de Pasamonte satirizándolo al ponerlo como reo de una cuerda de forzados de la que lo liberó don Quijote y del que –en mal pago- recibió pedradas, ahora lo vuelve a traer a colación dibujándolo tras el personaje de maese Pedro para tratarlo de mal agradecido, “gente maligna y mal acostumbrada”, llamándole despectivamente “Ginés de Parapilla” y endosándole, además, el hurto del burro de Sancho Panza que había quedado pendiente de explicación el cómo había sucedido.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo vigesimosexto

El retablo de las maravillas de maese PedroEl ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda parte.- Capítulo vigesimosexto
Donde se prosigue la graciosa aventura del titerero, con otras cosas en verdad harto buenas

Todos en la venta, y el primero de todos don Quijote, se aprestan con gusto a contemplar el famoso retablo de las maravillas de maese Pedro, el Ginés de Pasamonte liberado por don Quijote de la cuerda de presos, del que recibiera tan mal pago y al que no reconocieron en esta ocasión en su nuevo disfraz y profesión.

Transcurrirá todo apaciblemente hasta que don Quijote, oyendo contar que en la ciudad de Zaragoza y en poder de los moros se tocaron las campanas de sus mezquitas para alertar a la población, manifiesta vivamente que tal afirmación es un gran disparate, puesto que los moros no usan en modo alguno el toque de campanas. Aclarada la cuestión, prosigue la representación de la historia de amor entre don Gaiferos y Melisendra con su huida y sus avatares.

Don Quijote arremete contra el retablo de las maravillas de maese PedroAvanzando en el relato y representación, don Quijote se mete tanto en la trama que decide tomar parte batallando contra las huestes moras en defensa de los amantes huidos, soltando mandobles a diestro y siniestro de manera que apropiadamente puede decirse que no dejó títere con cabeza, sin que escuchase los lamentos y advertencias llamándole a la sensatez del compungido maese Pedro que veía arruinado todo su negocio.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo vigesimoquinto

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda parte.- Capítulo vigesimoquinto
Donde se apunta la aventura del rebuzno y la graciosa del titerero, con las memorables adivinanzas del mono adivino

Nos encontramos con un don Quijote impaciente por oír las maravillas anunciadas por el hombre que transportaba armas y que se hospedaba en la misma venta, y con un hombre de las armas pidiendo paciencia para atender debidamente a las bestias antes de sentarse para contar lo prometido en el capítulo anterior. En su impaciencia, don Quijote se ofrecerá a ayudarle “ahechándole la cebada (a las bestias) y limpiando el pesebre”, lo cual sorprendió al hombre y le dispuso bien para contarle cuanto antes lo que quería oír.

El pueblo del rebuznoEl suceso que el hombre les narra a don Quijote, Sancho Panza y el primo que les acompañaba desde la aventura de la cueva de Montesinos, dice que ocurrió a escasas cuatro leguas de la venta donde se encontraban alojados. Al parecer, una muchacha que servía a uno de los corregidores del pueblo extravía un burro del dueño sin que supiera dar cuenta de él ni encontrar la posibilidad de encontrarlo. Pasados los días sin que apareciera el jumento, otro corregidor le contará al primero cómo había visto en un lugar perdido del monte un asno muy desmejorado que parecía el suyo. Acordaron ambos ir a buscarlo y, llegados al lugar, se separaron rebuznando a cada rato con la intención de que el jumento perdido contestara. Pero una y otra vez, engañados por sus mismos rebuznos, se encontraban uno con el otro sin que el burro perdido diera señales de vida. Finalmente, encuentran al desgraciado animal comido por los lobos y deciden volver al pueblo, donde contaron lo ocurrido alabando el uno al otro y el otro al uno la maravillosa facultad de rebuznar. La historia se propagó por los pueblos de la comarca de manera que, en cuanto veían a un vecino del pueblo, se mofaban de él imitando los rebuznos de los burros, pasando el pueblo a llevar el sobrenombre de “el del rebuzno”.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo vigesimotercero

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra
Segunda parte.- Capítulo vigesimotercero

De las admirables cosas que el extremado don Quijote contó que había visto en la profunda cueva de Montesinos, cuya imposibilidad y grandeza hace que se tenga esta aventura por apócrifa

Si Cervantes conoció o no conoció la cueva de Montesinos no lo podemos saber. Lo que sí resultan ciertas son algunas incongruencias, como describirla llena de cuervos y grajos que, junto con los murciélagos, dieron con don Quijote en el suelo. Es sabido que grajos y cuervos no anidan en cuevas, sino en copas de árboles como los chopos. También sorprende la exagerada longitud de una soga de casi cien brazas para las poco más de ochenta de la cueva, la verticalidad atribuida que no pasa de ser un descenso acusado o que la boca de la cueva esté más despejada de lo que se describe.

No obstante, hay que entender y leer este pasaje que sugiere apócrifo el autor como hay que leer y entender todo el Quijote a modo de texto literario con referencias geográficas concretas que carecen, cada vez más y a medida que se ahonda en su lectura, de valor real. Todo responde, más bien, a la intencionalidad paródica de la obra. Así, jugará con el sobrante de la soga que don Quijote fue recogiendo a medida que se la iban soltando para sentarse encima de ella antes de quedarse dormido o perder el conocimiento; la terrible verticalidad y otras circunstancias descritas obedecen a un intento de exagerar las cosas y amplificar los efectos dramáticos de la aventura. Otros detalles, sin embargo, describen con bastante exactitud el escenario de los hechos, tales como el espacio al que finalmente llegará don Quijote a la distancia de esos “doce o catorce estados”, correspondiendo cada “estado” a la altura media de un hombre. Certera resultará también la mención al nacimiento del Guadiana en el agua que corre al fondo de la cueva y cuanto dice de las lagunas de Ruidera, en los contornos relativamente próximos a la cueva y a las que el río Guadiana dará forma.

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Don quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo vigesimosegundo

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra
Segunda parte.- Capítulo vigesimosegundo

Donde se da cuenta de la gran aventura de la cueva de Montesinos, que está en el corazón de la Mancha, a la que dio cima el valeroso don Quijote de la Mancha

Entre agasajos, don Quijote conversa con los desposados Basilio y Quiteria, hilvanando razonados discursos sobre el matrimonio y las mujeres. Advierte a los presentes que uno de los enemigos del amor es el hambre y la continua necesidad. También elogia la hermosura, que “por sí sola atrae las voluntades de cuantos la miran y reconocen”, pero que es, igualmente, un señuelo peligroso, mayor aún si a ella “se le junta la necesidad y estrechez”. Agrega que en la mujer es mejor la fama que la hacienda, y que la fama no se alcanza sólo con ser buena, sino con parecerlo.

Sancho escucha entusiasmado y alaba la elocuencia de su amo expresando algunas palabras quejosas para con su mujer que don Quijote le recriminará.

Acompañados don Quijote y Sancho por un personaje tan peregrino como loco, se dirigirán a la afamada cueva de Montesinos y las lagunas de Ruidera, de las que quería conocer sus orígenes. Hacen noche en una pequeña aldea a unas dos leguas de la cueva y se proveen de sogas para descender a ella en una cantidad desmesurada, sobrepasando casi a las cien brazas. Una vez llegados a la boca de la cueva, que se abre en el suelo entre arbustos y maleza a modo de pozo, atarán a don Quijote para iniciar el descenso, no sin antes pedir ayuda a Dios y encomendarse a Dulcinea del Toboso.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo vigesimoprimero

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra
Segunda parte.- Capítulo vigesimoprimero

Donde se prosiguen las bodas de Camacho, con otros gustosos sucesos

Basilio simula suicidarseSe nos ofrece el escenario de las bodas de Camacho como una puesta en escena teatral, con cura y todo, pero sin iglesia. ¿Por qué no ubicar la ceremonia de los desposorios dentro de un templo? El caso es que en el Quijote las bodas y los entierros se celebran al aire libre y nunca aparecerán don Quijote y Sancho en algún pasaje desarrollado en el interior de alguna iglesia, ermita o capilla.

En este caso, hará su aparición Basilio (el novio de siempre de Quiteria, enamorado y pobre) y se suicida delante de todo el mundo clavándose un estoque que le entra por el pecho y le sale por la espalda. El cura –que parece ser estaba confabulado con Basilio y con la misma Quiteria- se opone a que le saquen el estoque porque moriría de manera inmediata sin tener tiempo de confesarse. Basilio, moribundo, le pide a Quiteria que acceda a casarse con él antes de morir para poder hacerlo feliz y en paz. El cura insiste en la premura de la confesión para salvar su alma, pero Basilio se niega poniendo por delante y como condición el recibir la mano de Quiteria.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo vigésimo

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda parte.- Capítulo vigésimo

Donde se cuentan  las bodas de Camacho el rico, con el suceso de Basilio el pobre

 Después de un tópico amanecer mitológico (elemento liminar del episodio aparecido también en I, caps. 2,47) aparece Sancho roncando y don Quijote manifiesta su envidia por ese dormir a salvo de desvelos, ambición, pompas mundanas, celos ni amores, salvo la exquisita devoción por su rucio. Como en el mundo al revés, “duerme el criado, y está velando el señor”.

Al despertar y desperezarse Sancho Panza, lo primero que aprecia es el fuerte y variado olor a comida que hasta allí llegaba de los que se estaba cocinando en el prado donde se preparaban las bodas del joven y rico Camacho. Don Quijote, tras tacharlo de glotón, dice a su escudero que irán a ver los desposorios por ver qué hace el despechado Basilio, antiguo novio enamorado y pobre de la hermosa Quiteria.

Sancho opina que ante la riqueza de Camacho poco han de valer las artes de Basilio con el “tiro de barra” o la espada, y que para levantar un buen edificio –dice-el mejor cimiento y zanja del mundo es el dinero”.

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