El juez de los divorcios

El juez de los divorcios.- Entremés

Miguel de Cervantes Saavedra

Colección Clásicos Carroggio.- Novelas ejemplares.- Entremeses (Carroggio,S.A. de Ediciones-Barcelona, 1977)

Si no consiguió Cervantes el éxito que esperaba en el teatro no lo fue por falta de calidad y estilo, sino por su posición ante el arte dramático defendiendo el clasicismo y la presencia de un Lope de Vega arrollador, ingenioso, hábil y renovador del género en cuanto al tratamiento y los temas. Pero Cervantes aportó algo al teatro que parece pasar desapercibido, y fue su manera de escribir  en prosa  los famosos entremeses, frente al teatro exclusivamente en verso de Lope o Góngora.

La interconexión entre el mundo narrativo y el teatral se hace evidente en Cervantes en la aparición de personajes simultáneamente en novelas  y piezas teatrales; así podemos encontrar en la novela ejemplar “El celoso extremeño” el mismo tema que en el entremés “El viejo celoso” o en el entremés “Elección de los alcaldes de Daganzo” se dará la aparición de personajes del estilo de Sancho Panza.

El caso es que en las distintas ocasiones de acudir en el verano a Almagro y disfrutar de su festival de teatro clásico, además de las obras más solemnes, también he tenido oportunidad de presenciar obras menores, como los entremeses cervantinos. Ligeros, de corta duración, chispeantes, irónicos y coloristas, sirven para algo más que pasar un rato agradable y distraído. En todos ellos, de manera harto atrevida, se pone sobre la mesa algún tema de actualidad y se deja oír la crítica a las costumbres de la sociedad del momento que, pasados los siglos, vienen a ser bastante similares y merecedoras de las mismas críticas.

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Rinconete y Cortadillo

Rinconete y Cortadillo.- Novelas ejemplares.
Miguel de Cervantes Saavedra

Colección Clásicos Carroggio.- Novelas ejemplares.- Entremeses (Carroggio,S.A. de Ediciones-Barcelona, 1977)

Abrir las Novelas Ejemplares al azar por una de ellas es una manera de leerlas como otra cualquiera, porque el buen rato de lectura está asegurado. Hoy empiezo por la titulada Rinconete y Cortadillo, o La Cofradía del Señor Monipodio, añado a título personal.

¡Qué magnífico retrato realista de la sociedad del siglo XVII! Cervantes es en esta novela, de las doce llamadas ejemplares que dio a publicar, el Velázquez, Murillo o Goya de la pintura escrita, de pincelada gruesa, pero delicada; mordaz, aunque en los límites de la ironía; observador atento del detalle, de la calidad del lenguaje y sus sutilezas; prolijo en las descripciones, tanto de ambientes, retratos, comidas y platos, como de los espacios, las calles y –sobre todo- de los vestidos y trajes de la época.

Dos jóvenes pícaros hacen amistad en la venta del Molinillo y se dirigen con sus artes e ingenio a la ciudad de Sevilla, a la sazón lugar inmejorable para toda clase de atropellos, vida licenciosa y hurtos, debido a la numerosa población y enorme trasiego de gentes y mercancías llegadas de o con destino a las Indias.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo vigesimosexto

El retablo de las maravillas de maese PedroEl ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda parte.- Capítulo vigesimosexto
Donde se prosigue la graciosa aventura del titerero, con otras cosas en verdad harto buenas

Todos en la venta, y el primero de todos don Quijote, se aprestan con gusto a contemplar el famoso retablo de las maravillas de maese Pedro, el Ginés de Pasamonte liberado por don Quijote de la cuerda de presos, del que recibiera tan mal pago y al que no reconocieron en esta ocasión en su nuevo disfraz y profesión.

Transcurrirá todo apaciblemente hasta que don Quijote, oyendo contar que en la ciudad de Zaragoza y en poder de los moros se tocaron las campanas de sus mezquitas para alertar a la población, manifiesta vivamente que tal afirmación es un gran disparate, puesto que los moros no usan en modo alguno el toque de campanas. Aclarada la cuestión, prosigue la representación de la historia de amor entre don Gaiferos y Melisendra con su huida y sus avatares.

Don Quijote arremete contra el retablo de las maravillas de maese PedroAvanzando en el relato y representación, don Quijote se mete tanto en la trama que decide tomar parte batallando contra las huestes moras en defensa de los amantes huidos, soltando mandobles a diestro y siniestro de manera que apropiadamente puede decirse que no dejó títere con cabeza, sin que escuchase los lamentos y advertencias llamándole a la sensatez del compungido maese Pedro que veía arruinado todo su negocio.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo vigesimoquinto

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda parte.- Capítulo vigesimoquinto
Donde se apunta la aventura del rebuzno y la graciosa del titerero, con las memorables adivinanzas del mono adivino

Nos encontramos con un don Quijote impaciente por oír las maravillas anunciadas por el hombre que transportaba armas y que se hospedaba en la misma venta, y con un hombre de las armas pidiendo paciencia para atender debidamente a las bestias antes de sentarse para contar lo prometido en el capítulo anterior. En su impaciencia, don Quijote se ofrecerá a ayudarle “ahechándole la cebada (a las bestias) y limpiando el pesebre”, lo cual sorprendió al hombre y le dispuso bien para contarle cuanto antes lo que quería oír.

El pueblo del rebuznoEl suceso que el hombre les narra a don Quijote, Sancho Panza y el primo que les acompañaba desde la aventura de la cueva de Montesinos, dice que ocurrió a escasas cuatro leguas de la venta donde se encontraban alojados. Al parecer, una muchacha que servía a uno de los corregidores del pueblo extravía un burro del dueño sin que supiera dar cuenta de él ni encontrar la posibilidad de encontrarlo. Pasados los días sin que apareciera el jumento, otro corregidor le contará al primero cómo había visto en un lugar perdido del monte un asno muy desmejorado que parecía el suyo. Acordaron ambos ir a buscarlo y, llegados al lugar, se separaron rebuznando a cada rato con la intención de que el jumento perdido contestara. Pero una y otra vez, engañados por sus mismos rebuznos, se encontraban uno con el otro sin que el burro perdido diera señales de vida. Finalmente, encuentran al desgraciado animal comido por los lobos y deciden volver al pueblo, donde contaron lo ocurrido alabando el uno al otro y el otro al uno la maravillosa facultad de rebuznar. La historia se propagó por los pueblos de la comarca de manera que, en cuanto veían a un vecino del pueblo, se mofaban de él imitando los rebuznos de los burros, pasando el pueblo a llevar el sobrenombre de “el del rebuzno”.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo vigesimocuarto

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda parte.- Capítulo vigesimocuarto

Donde se cuentan mil zarandajas tan impertinentes como necesarias al verdadero entendimiento de esta grande historia

 Toma la palabra en este inicio de capítulo Cide Hamete Benengeli, primer autor de esta historia de don Quijote a partir –según explica- de unos manuscritos encontrados casualmente en la Alcaná de Toledo (Ver: I, cap.9). Ya sabemos que encriptado detrás de este nombre se encuentra el de Miguel de Cervantes (Ver: I, cap. 8). Pero lo interesante aquí es la sensación de realidad que consigue el autor transmitiendo la impresión de estar leyendo la historia en el mismo momento en que están ocurriendo los hechos narrados. La apelación al juicio del lector, haciéndole cómplice de la valoración de la aventura y lo que en ella se cuenta, la calculada ambigüedad al considerarla apócrifa, etc., con recursos muy eficaces a la lectura, que sigue con el espanto del primo (ese loco iluminado investigador de causas y sucesos tan peregrinos como el de determinar quién fue el primero en el mundo de tener catarro) ante la osadía de Sancho Panza dirigiéndose a su señor y la paciencia de don Quijote que contaba cómo había visto a Dulcinea en lo profundo de la cueva de Montesinos.

El primo no sólo alabará la ocasión de haber conocido a don Quijote, sino que le agradecerá la información sacada de su incursión a la cueva, útil para sus libros y haber podido determinar la antigüedad de los naipes y el conocer con seguridad el nacimiento del río Guadiana.

Jarra de vino, de barro.Cuando deciden iniciar la marcha hacia una ermita de cuyo ermitaño habló muy bien el primo y del que Sancho se interesó por si tenía gallinas, se les cruzó un hombre cargado de lanzas y alabardas que, sin detenerse, les dijo que les contaría su vida y maravillas si se alojaban en la venta a donde se dirigía, poco más arriba de la ermita mencionada.

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La invención poética del Quijote

La invención poética del Quijote

Dibujo de DulcineaEl Quijote no sólo recoge gran parte de la poesía de Miguel de Cervantes en los poemas intercalados a lo largo de los sucesivos capítulos de la obra, sino que también se ocupa de la poesía y de los poetas. En la primera parte (cap. VI), al hilo de la quema de libros, se referirá a la Diana de Montemayor y los libros de carácter pastoril para echarlos al fuego haciendo mención de la poesía y los poetas:  “porque sería mucho que, habiendo sanado mi señor tío de la enfermedad caballeresca, leyendo éstos se le antojase hacerse pastor y andarse por los bosque y prados cantando, y tañendo, y lo que sería peor, hacerse poeta, que, según dicen, es enfermedad incurable y pegadiza”. Más adelante, en el capítulo XVI de la segunda parte, no parara mientes en considerar que “aunque la de la Poesía (la ciencia, el ejercicio de la misma) es menos útil que deleitable, no es de aquellas que suelen deshonrar a quien la posee”. Y en el mismo capítulo, siguiendo con la poesía,  los autores y el modo de tratarla, se explaya diciendo:   La Poesía, señor hidalgo, a mi parecer, es como una doncella tierna y de poca edad, y en todo extremo hermosa, a quien tienen cuidado  de enriquecer, pulir y adornar otras muchas doncellas, que son todas las otras ciencias, y ella se ha de servir de todas, y todas se han de autorizar con ella; pero esta tal doncella no quiere ser manoseada, ni traída por las calles, ni publicada por las esquinas de las plazas ni por los rincones de los palacios. Ella es hecha de una alquimia de tal virtud, que quien la sabe tratar la volverá en oro purísimo de inestimable precio; hala de tener el que la tuviere a raya, no dejándola correr en torpes sátiras ni en desalmados sonetos; no ha de ser vendible en ninguna manera, si ya no fuera en poemas heroicos, en lamentables tragedias o en comedias alegres y artificiosas; no se ha de dejas tratar de los truhanes, ni del ignorante vulgo, incapaz de conocer ni estimar los tesoros que en ella se encierran. Y no penséis, señor, que yo llamo aquí vulgo solamente a la gente plebeya y humilde; que todo aquel que no sabe, aunque sea señor y príncipe, puede y debe entrar en el número de vulgo; y así, el que con los requisitos que he dicho tratare y tuviere al Poesía, será famoso y estimado su nombre en todas las naciones políticas del mundo. El concepto que tiene de los poetas lo deja meridianamente claro en la misma segunda parte y el capítulo XVII: No hay poeta que no sea arrogante y piense de sí que es el mejor poeta del mundo…Y sobre la naturaleza, inclinación y arte del poeta, comentará (II, XVI): según es opinión verdadera, el poeta nace: quieren decir que del vientre de su madre el poeta natural sale poeta; y con aquella inclinación que le dio el Cielo, sin más estudio ni artificio, compone cosas que hace verdadero al que dijo: “est Deus in nobis…”,etc. También digo que el natural poeta que se ayudare del arte será mucho mejor y se aventajará al poeta que sólo por saber el arte quisiera serlo: la razón es porque el arte no se aventaja a la naturaleza, sino perfecciónala; así que, mezcladas la naturaleza y el arte, y el arte con la naturaleza, sacarán un perfectísimo poeta.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo vigesimoprimero

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra
Segunda parte.- Capítulo vigesimoprimero

Donde se prosiguen las bodas de Camacho, con otros gustosos sucesos

Basilio simula suicidarseSe nos ofrece el escenario de las bodas de Camacho como una puesta en escena teatral, con cura y todo, pero sin iglesia. ¿Por qué no ubicar la ceremonia de los desposorios dentro de un templo? El caso es que en el Quijote las bodas y los entierros se celebran al aire libre y nunca aparecerán don Quijote y Sancho en algún pasaje desarrollado en el interior de alguna iglesia, ermita o capilla.

En este caso, hará su aparición Basilio (el novio de siempre de Quiteria, enamorado y pobre) y se suicida delante de todo el mundo clavándose un estoque que le entra por el pecho y le sale por la espalda. El cura –que parece ser estaba confabulado con Basilio y con la misma Quiteria- se opone a que le saquen el estoque porque moriría de manera inmediata sin tener tiempo de confesarse. Basilio, moribundo, le pide a Quiteria que acceda a casarse con él antes de morir para poder hacerlo feliz y en paz. El cura insiste en la premura de la confesión para salvar su alma, pero Basilio se niega poniendo por delante y como condición el recibir la mano de Quiteria.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo vigésimo

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda parte.- Capítulo vigésimo

Donde se cuentan  las bodas de Camacho el rico, con el suceso de Basilio el pobre

 Después de un tópico amanecer mitológico (elemento liminar del episodio aparecido también en I, caps. 2,47) aparece Sancho roncando y don Quijote manifiesta su envidia por ese dormir a salvo de desvelos, ambición, pompas mundanas, celos ni amores, salvo la exquisita devoción por su rucio. Como en el mundo al revés, “duerme el criado, y está velando el señor”.

Al despertar y desperezarse Sancho Panza, lo primero que aprecia es el fuerte y variado olor a comida que hasta allí llegaba de los que se estaba cocinando en el prado donde se preparaban las bodas del joven y rico Camacho. Don Quijote, tras tacharlo de glotón, dice a su escudero que irán a ver los desposorios por ver qué hace el despechado Basilio, antiguo novio enamorado y pobre de la hermosa Quiteria.

Sancho opina que ante la riqueza de Camacho poco han de valer las artes de Basilio con el “tiro de barra” o la espada, y que para levantar un buen edificio –dice-el mejor cimiento y zanja del mundo es el dinero”.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo decimonoveno

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda parte.- Capítulo decimonoveno

Donde se cuenta la aventura del pastor enamorado, con otros en verdad graciosos sucesos

En el encuentro con los campesinos y estudiantes se anuncian, como cosa extraordinaria y nunca vista, las bodas del rico campesino Camacho con la hermosa y jovencísima Quiteria, que se celebrarían en un gran prado cubierto y con un esplendor incomparable, a decir de todos.

Hablando de los linajes del joven Camacho y el de su prometida Quiteria, Francisco Rico afirma que “no es imposible que aluda a algún antepasado judío converso por parte de Camacho” cuando Cervantes escribe que ya no hace falta pararse en este asunto, ya que “las riquezas son poderosas de soldar muchas quiebras”. Lo que, dicho a la pata la llana, el dinero todo lo arregla y disculpa, incluso el ser judío converso.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo decimoctavo

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda parte.- Capítulo decimoctavo

Casa del Caballero del Verde GabánDe lo que sucedió a don Quijote en el castillo o casa del Caballero del Verde Gabán, con otras cosas extravagantes

 Resultan destacables en este capítulo, además de su frescura y originalidad, algunas cosas como la alusión a la industria de las tinajas del Toboso en manos, mayoritariamente, de moriscos; también el vocabulario sobre la ropa: valones (calzones o greguescos recogidos en las rodillas), el jubón de gamuza, el cuello a la valona sin randas, los borceguíes, los zapatos, el tahalí o el herreruelo; del mismo modo puede destacarse el interés que sobre el tema de la poesía y los poetas manifiesta don Quijote. Don Lorenzo, hijo del caballero don Diego de Miranda, resulta que era poeta, aunque se confiesa mero diletante de la misma, lo que hace que don Quijote alabe la virtud de la humildad “porque –según su parecer- no hay poeta que no sea arrogante y piense de sí que es el mayor poeta del mundo”. Al hilo de la cuestión opina sobre los premios literarios, denunciando con ironía que siempre el primero está concedido de antemano, por lo que el segundo siempre será el primero y el tercero será el segundo, con lo que –realmente- el primer premio de un concurso será también siempre el tercero.

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