Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo sexagésimo séptimo

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo sexagésimo séptimo

 De la resolución que tomó don Quijote de hacerse pastor y seguir la vida del campo en tanto que se pasaba el año de su promesa, con otros sucesos en verdad gustosos y buenos

pastores1La vuelta de don Quijote desde Barcelona a su aldea deshaciendo el camino de ida nos ofrece la misma sensación que cuando hacemos un paseo o una ruta admirando y gustando el paisaje, y cuando la deshacemos parece un panorama distinto e incluso dudamos en algún cruce del camino. Así don Quijote, sumido en su depresión, obviará el recuerdo de haber sido arrollado por los toros en el mismo lugar donde se detuvieron invitados por unas bellas jóvenes a una fiesta bucólica que allí mismo, en medio del frondoso bosque, se celebraba. Y escogiendo este recuerdo, su imaginación lo llevará a idear una arcadia feliz y bucólica para vivir como pastor.

La actitud idealista ante la vida de Alonso Quijano, alter ego de don Quijote, le lleva a ser caballero andante o a ser pastor siempre desde la cultura libresca de la que estaba imbuido queriendo reproducir puntualmente lo que en los libros se dice.

Miguel de Cervantes maneja de manera excepcional estos capítulos de transición para que no sean simplemente de relleno, aportando matices que enriquecen las figuras de sus personajes.

pastores2En el nuevo delirio pastoril empieza por donde empezó el de ser caballero andante: la cuestión de los nombres. Don Quijote se ve como el pastor Quijótiz, a Sancho Panza como el pastor Pancino, a Dulcinea la deja tal cual por parecerle también oportuno para ser pastora, a Sancho le deja que elija el nuevo nombre de su mujer que llamará Teresona, para el Bachiller Sansón Carrasco elegirá el de Carrascón, Nicolaso para el barbero Nicolás, y para el cura, al que no ve oportuno adjudicarle una pastora, decide el nombre de Curiambro no sin mucha ironía al relacionar los vocablos “cura” y “corambre”, odre de vino. Sigue leyendo

Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo sexagésimo sexto

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Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo sexagésimo sexto

 Que trata de lo que verá el que lo leyere o lo oirá el que lo escuchare leer

Vuelve don Quijote a su pueblo, derrotado por el Caballero de La Blanca Luna. Y vuelve –acompañado por Sancho que lo consuela- lamentándose de la derrota y empeñado en cumplir con honor la palabra empeñada de recogerse por espacio de un año en su casa sin ejercer el oficio de caballero andante. Sancho se adapta a los deseos de su amo, unas veces con unos argumentos y otras con los contrarios, pero quejándose de tener que hacer las jornadas de este camino a pie por llevar sobre el rucio las armas del desarmado caballero.

Cuando parece que van a llegar a un acuerdo para que Sancho pueda seguir el viaje montado sobre su burro, aparece un personaje, en traje de cartero, que los reconoce y saluda, identificándose como el lacayo Tosilos, servidor de los duques en cuyo palacio se hospedaron y donde recibieron numerosas y disparatadas bromas y burlas, entre las que destaca aquella de hacerle a Sancho gobernador de una ínsula sin agua que la rodeara llamada Barataria. Con ingenio y acierto, el gobernador Sancho resolvió los juicios que le presentaron, aunque su final fuera desgraciado y lleno de sustos y golpes. No fue el final lo peor, si se compara con el hambre que le hicieron pasar en los días de su mandato.

Pero antes de este encuentro con Tosilos, tuvo Sancho ocasión de mostrar su ingenio alSancho-Panza-en-la-ínsula-Barataria mediar en un conflicto entre unos lugareños acerca de las condiciones de la carrera que debían disputar un hombre muy gordo y otro muy flaco, y lo hizo con el permiso del poco animoso don Quijote y apelando a su experiencia de gobernador.

Los labradores, contentos, dieron por buena y acertada la sentencia de Sancho, alabando su discreción y suponiendo que, siendo así la del criado, la del amo debería ser mucho mayor. Sigue leyendo

Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo sexagésimo quinto

blanca lunaEl ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo sexagésimo quinto

Donde se da noticia de quién es el Caballero de La Blanca Luna, con la libertad de don Gregorio, y de otros sucesos

 Don Quijote ha sido vencido. El de La Blanca Luna se retira a un hospedaje en Barcelona y se quita la armadura con ayuda de un criado, y don Antonio Moreno, promotor de las burlas a don Quijote, lo sigue para saber quién se esconde tras el disfraz del caballero que derrotó a don Quijote en las playas de Barcelona y le impuso el castigo de retirarse a su casa por espacio de un año.

El bachiller Sansón Carrasco se da a conocer a don Antonio y le informa de la intención final de aquel desafío, hacer volver a don Quijote a su casa y darle la oportunidad de recuperar su sano juicio; le contará cómo lo había intentado en una ocasión anterior con el nombre del Caballero de Los Espejos, y cómo había sido fracasado en su intento al sucumbir ante el ataque de don Quijote.

Se lamenta don Antonio de la decisión de apartar a don Quijote de sus aventuras y de su locura, estimando el beneficio de sus gracias y las de Sancho Panza asegurando que “cualquiera dellas puede volver a alegrar a la misma melancolía”. Sigue leyendo

Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo sexagésimo cuarto

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo sexagésimo cuarto

Que trata de la aventura que más pesadumbre dio a don Quijote de cuantas hasta entonces le habían sucedido

 Este capítulo 64 de la II Parte del Quijote puede juzgarse como uno de los más tristes de los tristes episodios narrados en la novela; en él no quiso Cervantes mostrarnos otros acontecimientos que estorbaran el protagonismo capital de la derrota de don Quijote a manos de El Caballero de la Blanca Luna en las playas de Barcelona. Y lo hará de manera breve y concisa.

Siendo éste el capítulo que marca el punto de inflexión de la trama anunciando el final irremediable de las aventuras y desventuras del Caballero de la Triste Figura, bien merece que nos explayemos en él con un poco más de atención.

Aunque Cervantes trata el hecho sin grandes aspavientos, incluso con una contención no sé si calculada, impuesta por el peso de la trascendencia de lo narrado para la continuación de la novela, o por cansancio, considero de interés juzgar –a la luz del atrevimiento y la osadía de la especulación- cuanto se dice que ocurrió a la orilla del mar Mediterráneo en la ciudad condal. Sigue leyendo

Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo sexagésimo tercero

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo sexagésimo tercero

De lo mal que le avino a Sancho Panza con la visita de las galeras, y la nueva aventura de la hermosa morisca

Nos sorprende Cervantes. Este capítulo parece más un desahogo natural que la voluntad de darle continuación a la novela, pues en este paréntesis los protagonistas, tras el recibimiento en su visita a las galeras y las bromas gastadas a Sancho Panza cuando los remeros fueron volteándolo de brazo en brazo y de proa a popa, desaparecerán, amo y escudero, confundidos con la chusma y los avatares del apresamiento de un bergantín moro por parte de las galeras cristianas.

Reaparece de manera inopinada Ricote, el morisco natural del pueblo o lugar de Sancho y don Quijote, con el que se había cruzado en tierras aragonesas de Zaragoza al abandonar precipitadamente el gobierno de Barataria, y lo hace de manera poco creíble; igual que resulta también forzada y poco verosímil  la historia morisca de la hija del propio Ricote, disfrazada de hombre, llegada al mando del bergantín apresado por las galeras tras haber dado muerte a dos soldados cristianos por los disparos de otros dos soldados turcos. Sigue leyendo

Don Quijote de la Mancha.- Segunda Parte, capítulo sexagésimo segundo

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo sexagésimo segundo

Que trata de la aventura de la cabeza encantada, con otras niñerías que no pueden dejar de contarse

En casa de su anfitrión en Barcelona, el amigo del bandolero Roque Guinart, el rico hombre don Antonio, Sancho Panza se felicita por su suerte creyendo repetir la experiencia de las bodas de Camacho, disfrutando mucho de los manjares y hablando poco, si no es para puntualizar –y don Quijote lo corroborará- que no se considera tragón ni sucio, capaz de pasarse hasta ocho días con unos frutos secos o de celebrar con generosidad las ocasiones de comer bien y abundante. Se citan dos platos muy conocidos en la época, como es el manjar blanco y las albondiguillas; el primero era considerado un plato de lujo y entre sus ingredientes se cuentan las pechugas de gallina con caldo, leche, azúcar, sal, sémola de trigo o arroz, todo ello convertido en una pasta  frita como los buñuelos. Es un plato que hoy se come en Turquía. En cuanto a las albondiguillas hay que decir que se abusaba de los complementos añadidos a la carne picada y que se tuvieron que dictar normas sobre su composición. Ambos alimentos también se servían en la calle. Sigue leyendo

Don Quijote de la Mancha.- Segunda Parte, capítulo sexagésimo primero

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo sexagésimo primero

De lo que sucedió a don Quijote a la entrada de Barcelona, con otras cosas que tienen más de lo verdadero que de lo discreto

 Después de pasar don Quijote y Sancho tres días y tres noches en la compañía del bandolero Roque Guinart, y admirarse de su modo de vida e inquietudes, siempre al acecho, siempre alerta, siempre huyendo, siempre sospechando y temiendo ser apresado o ser traicionado por los suyos, partirán para Barcelona en compañía del mismo Roque y seis de sus fieles, llegando a sus playas en la noche de la víspera de San Juan.

A la mañana, que llegó pronto, puestos sobre sus monturas, admiraron la grandiosidad del mar que veían por vez primera y consideraron inmenso en comparación con las Lagunas de Ruidera. Tanto en la ciudad como en la playa y los bajeles anclados a su orilla, las gentes hacían ruido de instrumentos y disparos al aire de armas y cañones para celebrar la fiesta del San Juan. Al poco, un nutrido grupo de hombres a caballo se acercó a don Quijote y Sancho Panza, rodeándolos, y el que los mandaba a todos en nombre de Roque Guinart se dirigió a don Quijote para darle la bienvenida con palabras elogiosas de su fama y aventuras. Sigue leyendo

Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo sexagésimo

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo sexagésimo

De lo que sucedió a don Quijote yendo a Barcelona

En la fresca mañana de la salida de don Quijote y Sancho Panza de la venta que fue venta y no castillo a los ojos del caballero y para sorpresa del escudero, tomaron el camino más derecho a Barcelona tras informarse por dónde era. El caso es que Cervantes, publicada ya la segunda parte apócrifa del Quijote por Avellaneda, quiso dejar clara su falsedad  negándose a llevar a su personaje a las justas de Zaragoza, a donde –precisamente- lo llevó el mismo Fernández de Avellaneda tomando como referencia lo manifestado por Cervantes en la primera parte, que era su deseo de que don Quijote participara en aquellas justas.

Como casi todo en el Quijote tiene algún carácter simbólico, aquí también la mención de las encinas o los alcornoques entre los que –después de seis de camino sin nada reseñable que contar- se detuvieron, adquieren ese valor. Al parecer, Cervantes quiere decir que duda entre contar la historia al estilo sublime, correspondiente a las encinas como símbolo de Júpiter, o hacerlo al estilo humilde o ínfimo que representarían los alcornoques. Tal vez, incluso, pueda subyacer en el texto alguna otra intencionalidad que desconocemos.

El caso es que, dormido el cansado Sancho, desvelado don Quijote, éste no paraba de darle a la imaginación y, en éstas, cayó en la cuenta del encantamiento de Dulcinea y la pereza de Sancho para poner en efecto darse los azotes prometidos para su liberación. Decidido don Quijote a poner en lo que pudiere remedio al caso, se acercó a Sancho y empezó a quitarle el cinto para bajarle los calzones y azotarle las posaderas. Sancho despertará asustado y, comprendiendo las intenciones de su amo, se negará a someterse a la azotaina que se le venía encima, llegándose a las manos y reduciendo a don Quijote inmovilizándolo en el suelo. Allí tendido y quejoso, don Quijote acabará aceptando la decisión de su escudero de llevar a cabo el desencantamiento cuando a él le conviniera y del mejor modo que considerara para hacerlo. Sigue leyendo

Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo quincuagésimo noveno

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo quincuagésimo noveno

Donde se cuenta el extraordinario suceso, que se puede tener por aventura, que le sucedió a don Quijote

Se anuncia un suceso que Cervantes acepta como aventura, aunque más que de don Quijote sería aventura personal, o disgusto personal, dándonos noticia de la aparición del Quijote apócrifo de Avellaneda, repartiendo a partes iguales su enfado con el personaje de la novela.

Vimos cómo acababan de ser, amo y mozo, vapuleados y pateados por una manada de toros. Retirados a la orilla de un arroyo donde se refrescan boca y cara, descansarán y Sancho, para reponer fuerzas, dispone las viandas que trae en su zurrón esperando –prudente- a que comenzara a comer su señor don Quijote. Pero el malparado caballero estaba más molido y avergonzado que hambriento, así que Sancho, sin más preámbulos, se entrega a matar el hambre, lo cual causará la intervención quejumbrosa y apesadumbrada de don Quijote, diciéndole: “Come, Sancho, come [  ], sustenta la vida que más que a mí te importa”, para seguir con una declaración conmovedora en la que manifiesta su deseo de morir y hacerlo dejando de comer, “muerte la más cruel de las muertes”. Confiesa que tras haberse sentido “respetado de príncipes, solicitado de doncellas, famoso en las armas y sus historias impresas y publicadas esperando el reconocimiento y las palmas por sus valerosos hechos” no podía sufrir el oprobio de haberse visto “pisado y acoceado y molido de los pies de animales inmundos y soeces”. ¿Alusión al autor que se esconde tras el nombre de Alonso Fernández de Avellaneda? Y, entre los candidatos, se cuentan: Lope de Vega, el clérigo Alonso Fernández Zapata o el que fuera correligionario de Cervantes, Jerónimo de Pasamonte, a quien ridiculizó en el personaje del pícaro Ginés de Pasamonte y a quien alude por su origen aragonés. Y es que, estando en tierras aragonesas, las bestias que cargaron contra don Quijote bien podían ser una metáfora del atropello sufrido con la publicación apócrifa de que se da noticia. De cualquier manera, lo que Cervantes confiesa es estar muy dolido. Por eso, a través de su personaje, confiesa entristecido utilizando un oxímoron sus convicciones: “Yo, Sancho, nací para vivir muriendo”, y sigue, trivializándolo, “y tú, para morir comiendo”. Sigue leyendo

Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo quincuagésimo octavo

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo quincuagésimo octavo

Que trata de cómo menudearon sobre don Quijote aventuras tantas, que no se daban lugar unas a otras

 Don Quijote ya fuera del castillo y desembarazado de los requiebros de la hermosísima Altisidora, se siente feliz y libre, lo que le da ocasión de decir a Sancho: La libertad, Sancho, es uno de los más preciados dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres.

El idealismo de don Quijote encuentra la cara de lo práctico y concreto de su escudero Sancho Panza, que para esa libertad encuentra de gran utilidad, por si acaso, los doscientos escudos de oro del mayordomo del duque por si no encuentran otros castillos y agasajos, sino ventas y palos. Sigue leyendo