El casamiento engañoso y Coloquio de los perros.- Novelas Ejemplares

El casamiento engañoso y Coloquio de los perros.- Novelas Ejemplares
Miguel de Cervantes Saavedra
Colección Clásicos Carroggio.- Novelas ejemplares.- Entremeses (Carroggio,S.A. de Ediciones-Barcelona, 1977)

Se produce el encuentro entre dos viejos amigos; el uno sabe del otro que se ha casado y el casado se queja de sufrir en cuerpo y alma el casamiento a consecuencia de lo cual viene del hospital de curarse unas bubas. Quedan los dos para ir a comer a la posada del soltero, subrayando con ironía la pobreza de una comida que será penitencia para los dos a base de olla, un pastel y unas lonjas de “jamón de Rute”, ofrecido todo ello y sin embargo con muy buena voluntad.

El amigo venido del hospital, alférez de profesión, cuenta al otro, licenciado, cómo se enamoró perdidamente de una mujer que lo llevó a su casa, rica y pudiente, y se ofreció en matrimonio; para ello, el soldado aportó a la dote cuanto tenía, unos buenos dineros y las joyas que guardaba en un arcón.

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El licenciado Vidriera.- Novelas ejemplares

El licenciado Vidriera.- Novelas ejemplares
Miguel de Cervantes Saavedra

Biblioteca Básica Salvat, 1986

Esta curiosa novela ejemplar presenta, de entrada, algunas coincidencias con el Quijote que nos llaman la atención. En primer lugar, esa indeterminación del lugar de nacimiento del protagonista cuando al ser preguntado responde que el nombre de su tierra se le había olvidado (sic). La escena se sitúa en las riberas del Tormes de las tierras leonesas de Salamanca. La segunda coincidencia reside en la singularidad del personaje, loco como don Quijote, pero de locura diferente al sentirse y creerse todo él hecho de frágil vidrio, y un origen de la enfermedad atribuido a la ingesta de un alimento envenenado por una mujer despechada  que pretendía rendir su voluntad y conquistar su amor a base de brebajes amorosos. El hidalgo Alonso Quijano contraerá su locura en la lectura intensa de las novelas de caballerías, el veneno que trastornó su entendimiento, como es bien conocido por todos. Dos etiologías diferentes de la locura.

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Tragedia de Numancia.- Miguel de Cervantes Saavedra

Tragedia de NumanciaTragedia de Numancia
Miguel de Cervantes Saavedra

Introducción y edición de Florencio Sevilla Arroyo
Teatro Clásico completo.- Editorial Penguin Clásicos.-Barcelona, 2016

La Numancia  de Cervantes está considerada como una de las mejores tragedias del siglo XVI en la que se introdujeron alteraciones tales como la ausencia de coros y la aparición de personajes bajos como protagonistas. Se trata de una tragedia histórica basada en los sucesos del siglo II anterior a nuestra era en los cuales se produjo el exterminio de los arévacos por Escipión tras un largo asedio a la ciudad de Numancia.

Aunque la obra pretende ser histórica, no se desprenderá de las propias vivencias experimentadas por Miguel de Cervantes en la batalla de Lepanto (7 de octubre de 1571) y su cautiverio en Argel. En cierto modo, Numancia experimenta lo heroico ante los romanos y el cautiverio en el cerco impuesto.

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El juez de los divorcios

El juez de los divorcios.- Entremés

Miguel de Cervantes Saavedra

Colección Clásicos Carroggio.- Novelas ejemplares.- Entremeses (Carroggio,S.A. de Ediciones-Barcelona, 1977)

Si no consiguió Cervantes el éxito que esperaba en el teatro no lo fue por falta de calidad y estilo, sino por su posición ante el arte dramático defendiendo el clasicismo y la presencia de un Lope de Vega arrollador, ingenioso, hábil y renovador del género en cuanto al tratamiento y los temas. Pero Cervantes aportó algo al teatro que parece pasar desapercibido, y fue su manera de escribir  en prosa  los famosos entremeses, frente al teatro exclusivamente en verso de Lope o Góngora.

La interconexión entre el mundo narrativo y el teatral se hace evidente en Cervantes en la aparición de personajes simultáneamente en novelas  y piezas teatrales; así podemos encontrar en la novela ejemplar “El celoso extremeño” el mismo tema que en el entremés “El viejo celoso” o en el entremés “Elección de los alcaldes de Daganzo” se dará la aparición de personajes del estilo de Sancho Panza.

El caso es que en las distintas ocasiones de acudir en el verano a Almagro y disfrutar de su festival de teatro clásico, además de las obras más solemnes, también he tenido oportunidad de presenciar obras menores, como los entremeses cervantinos. Ligeros, de corta duración, chispeantes, irónicos y coloristas, sirven para algo más que pasar un rato agradable y distraído. En todos ellos, de manera harto atrevida, se pone sobre la mesa algún tema de actualidad y se deja oír la crítica a las costumbres de la sociedad del momento que, pasados los siglos, vienen a ser bastante similares y merecedoras de las mismas críticas.

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Rinconete y Cortadillo

Rinconete y Cortadillo.- Novelas ejemplares.
Miguel de Cervantes Saavedra

Colección Clásicos Carroggio.- Novelas ejemplares.- Entremeses (Carroggio,S.A. de Ediciones-Barcelona, 1977)

Abrir las Novelas Ejemplares al azar por una de ellas es una manera de leerlas como otra cualquiera, porque el buen rato de lectura está asegurado. Hoy empiezo por la titulada Rinconete y Cortadillo, o La Cofradía del Señor Monipodio, añado a título personal.

¡Qué magnífico retrato realista de la sociedad del siglo XVII! Cervantes es en esta novela, de las doce llamadas ejemplares que dio a publicar, el Velázquez, Murillo o Goya de la pintura escrita, de pincelada gruesa, pero delicada; mordaz, aunque en los límites de la ironía; observador atento del detalle, de la calidad del lenguaje y sus sutilezas; prolijo en las descripciones, tanto de ambientes, retratos, comidas y platos, como de los espacios, las calles y –sobre todo- de los vestidos y trajes de la época.

Dos jóvenes pícaros hacen amistad en la venta del Molinillo y se dirigen con sus artes e ingenio a la ciudad de Sevilla, a la sazón lugar inmejorable para toda clase de atropellos, vida licenciosa y hurtos, debido a la numerosa población y enorme trasiego de gentes y mercancías llegadas de o con destino a las Indias.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo vigesimosexto

El retablo de las maravillas de maese PedroEl ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda parte.- Capítulo vigesimosexto
Donde se prosigue la graciosa aventura del titerero, con otras cosas en verdad harto buenas

Todos en la venta, y el primero de todos don Quijote, se aprestan con gusto a contemplar el famoso retablo de las maravillas de maese Pedro, el Ginés de Pasamonte liberado por don Quijote de la cuerda de presos, del que recibiera tan mal pago y al que no reconocieron en esta ocasión en su nuevo disfraz y profesión.

Transcurrirá todo apaciblemente hasta que don Quijote, oyendo contar que en la ciudad de Zaragoza y en poder de los moros se tocaron las campanas de sus mezquitas para alertar a la población, manifiesta vivamente que tal afirmación es un gran disparate, puesto que los moros no usan en modo alguno el toque de campanas. Aclarada la cuestión, prosigue la representación de la historia de amor entre don Gaiferos y Melisendra con su huida y sus avatares.

Don Quijote arremete contra el retablo de las maravillas de maese PedroAvanzando en el relato y representación, don Quijote se mete tanto en la trama que decide tomar parte batallando contra las huestes moras en defensa de los amantes huidos, soltando mandobles a diestro y siniestro de manera que apropiadamente puede decirse que no dejó títere con cabeza, sin que escuchase los lamentos y advertencias llamándole a la sensatez del compungido maese Pedro que veía arruinado todo su negocio.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo vigesimoquinto

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda parte.- Capítulo vigesimoquinto
Donde se apunta la aventura del rebuzno y la graciosa del titerero, con las memorables adivinanzas del mono adivino

Nos encontramos con un don Quijote impaciente por oír las maravillas anunciadas por el hombre que transportaba armas y que se hospedaba en la misma venta, y con un hombre de las armas pidiendo paciencia para atender debidamente a las bestias antes de sentarse para contar lo prometido en el capítulo anterior. En su impaciencia, don Quijote se ofrecerá a ayudarle “ahechándole la cebada (a las bestias) y limpiando el pesebre”, lo cual sorprendió al hombre y le dispuso bien para contarle cuanto antes lo que quería oír.

El pueblo del rebuznoEl suceso que el hombre les narra a don Quijote, Sancho Panza y el primo que les acompañaba desde la aventura de la cueva de Montesinos, dice que ocurrió a escasas cuatro leguas de la venta donde se encontraban alojados. Al parecer, una muchacha que servía a uno de los corregidores del pueblo extravía un burro del dueño sin que supiera dar cuenta de él ni encontrar la posibilidad de encontrarlo. Pasados los días sin que apareciera el jumento, otro corregidor le contará al primero cómo había visto en un lugar perdido del monte un asno muy desmejorado que parecía el suyo. Acordaron ambos ir a buscarlo y, llegados al lugar, se separaron rebuznando a cada rato con la intención de que el jumento perdido contestara. Pero una y otra vez, engañados por sus mismos rebuznos, se encontraban uno con el otro sin que el burro perdido diera señales de vida. Finalmente, encuentran al desgraciado animal comido por los lobos y deciden volver al pueblo, donde contaron lo ocurrido alabando el uno al otro y el otro al uno la maravillosa facultad de rebuznar. La historia se propagó por los pueblos de la comarca de manera que, en cuanto veían a un vecino del pueblo, se mofaban de él imitando los rebuznos de los burros, pasando el pueblo a llevar el sobrenombre de “el del rebuzno”.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo vigesimocuarto

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda parte.- Capítulo vigesimocuarto

Donde se cuentan mil zarandajas tan impertinentes como necesarias al verdadero entendimiento de esta grande historia

 Toma la palabra en este inicio de capítulo Cide Hamete Benengeli, primer autor de esta historia de don Quijote a partir –según explica- de unos manuscritos encontrados casualmente en la Alcaná de Toledo (Ver: I, cap.9). Ya sabemos que encriptado detrás de este nombre se encuentra el de Miguel de Cervantes (Ver: I, cap. 8). Pero lo interesante aquí es la sensación de realidad que consigue el autor transmitiendo la impresión de estar leyendo la historia en el mismo momento en que están ocurriendo los hechos narrados. La apelación al juicio del lector, haciéndole cómplice de la valoración de la aventura y lo que en ella se cuenta, la calculada ambigüedad al considerarla apócrifa, etc., con recursos muy eficaces a la lectura, que sigue con el espanto del primo (ese loco iluminado investigador de causas y sucesos tan peregrinos como el de determinar quién fue el primero en el mundo de tener catarro) ante la osadía de Sancho Panza dirigiéndose a su señor y la paciencia de don Quijote que contaba cómo había visto a Dulcinea en lo profundo de la cueva de Montesinos.

El primo no sólo alabará la ocasión de haber conocido a don Quijote, sino que le agradecerá la información sacada de su incursión a la cueva, útil para sus libros y haber podido determinar la antigüedad de los naipes y el conocer con seguridad el nacimiento del río Guadiana.

Jarra de vino, de barro.Cuando deciden iniciar la marcha hacia una ermita de cuyo ermitaño habló muy bien el primo y del que Sancho se interesó por si tenía gallinas, se les cruzó un hombre cargado de lanzas y alabardas que, sin detenerse, les dijo que les contaría su vida y maravillas si se alojaban en la venta a donde se dirigía, poco más arriba de la ermita mencionada.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo vigesimotercero

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra
Segunda parte.- Capítulo vigesimotercero

De las admirables cosas que el extremado don Quijote contó que había visto en la profunda cueva de Montesinos, cuya imposibilidad y grandeza hace que se tenga esta aventura por apócrifa

Si Cervantes conoció o no conoció la cueva de Montesinos no lo podemos saber. Lo que sí resultan ciertas son algunas incongruencias, como describirla llena de cuervos y grajos que, junto con los murciélagos, dieron con don Quijote en el suelo. Es sabido que grajos y cuervos no anidan en cuevas, sino en copas de árboles como los chopos. También sorprende la exagerada longitud de una soga de casi cien brazas para las poco más de ochenta de la cueva, la verticalidad atribuida que no pasa de ser un descenso acusado o que la boca de la cueva esté más despejada de lo que se describe.

No obstante, hay que entender y leer este pasaje que sugiere apócrifo el autor como hay que leer y entender todo el Quijote a modo de texto literario con referencias geográficas concretas que carecen, cada vez más y a medida que se ahonda en su lectura, de valor real. Todo responde, más bien, a la intencionalidad paródica de la obra. Así, jugará con el sobrante de la soga que don Quijote fue recogiendo a medida que se la iban soltando para sentarse encima de ella antes de quedarse dormido o perder el conocimiento; la terrible verticalidad y otras circunstancias descritas obedecen a un intento de exagerar las cosas y amplificar los efectos dramáticos de la aventura. Otros detalles, sin embargo, describen con bastante exactitud el escenario de los hechos, tales como el espacio al que finalmente llegará don Quijote a la distancia de esos “doce o catorce estados”, correspondiendo cada “estado” a la altura media de un hombre. Certera resultará también la mención al nacimiento del Guadiana en el agua que corre al fondo de la cueva y cuanto dice de las lagunas de Ruidera, en los contornos relativamente próximos a la cueva y a las que el río Guadiana dará forma.

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Don quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo vigesimosegundo

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra
Segunda parte.- Capítulo vigesimosegundo

Donde se da cuenta de la gran aventura de la cueva de Montesinos, que está en el corazón de la Mancha, a la que dio cima el valeroso don Quijote de la Mancha

Entre agasajos, don Quijote conversa con los desposados Basilio y Quiteria, hilvanando razonados discursos sobre el matrimonio y las mujeres. Advierte a los presentes que uno de los enemigos del amor es el hambre y la continua necesidad. También elogia la hermosura, que “por sí sola atrae las voluntades de cuantos la miran y reconocen”, pero que es, igualmente, un señuelo peligroso, mayor aún si a ella “se le junta la necesidad y estrechez”. Agrega que en la mujer es mejor la fama que la hacienda, y que la fama no se alcanza sólo con ser buena, sino con parecerlo.

Sancho escucha entusiasmado y alaba la elocuencia de su amo expresando algunas palabras quejosas para con su mujer que don Quijote le recriminará.

Acompañados don Quijote y Sancho por un personaje tan peregrino como loco, se dirigirán a la afamada cueva de Montesinos y las lagunas de Ruidera, de las que quería conocer sus orígenes. Hacen noche en una pequeña aldea a unas dos leguas de la cueva y se proveen de sogas para descender a ella en una cantidad desmesurada, sobrepasando casi a las cien brazas. Una vez llegados a la boca de la cueva, que se abre en el suelo entre arbustos y maleza a modo de pozo, atarán a don Quijote para iniciar el descenso, no sin antes pedir ayuda a Dios y encomendarse a Dulcinea del Toboso.

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