Don Quijote de la Mancha.- Segunda Parte, capítulo sexagésimo segundo

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo sexagésimo segundo

Que trata de la aventura de la cabeza encantada, con otras niñerías que no pueden dejar de contarse

En casa de su anfitrión en Barcelona, el amigo del bandolero Roque Guinart, el rico hombre don Antonio, Sancho Panza se felicita por su suerte creyendo repetir la experiencia de las bodas de Camacho, disfrutando mucho de los manjares y hablando poco, si no es para puntualizar –y don Quijote lo corroborará- que no se considera tragón ni sucio, capaz de pasarse hasta ocho días con unos frutos secos o de celebrar con generosidad las ocasiones de comer bien y abundante. Se citan dos platos muy conocidos en la época, como es el manjar blanco y las albondiguillas; el primero era considerado un plato de lujo y entre sus ingredientes se cuentan las pechugas de gallina con caldo, leche, azúcar, sal, sémola de trigo o arroz, todo ello convertido en una pasta  frita como los buñuelos. Es un plato que hoy se come en Turquía. En cuanto a las albondiguillas hay que decir que se abusaba de los complementos añadidos a la carne picada y que se tuvieron que dictar normas sobre su composición. Ambos alimentos también se servían en la calle. Sigue leyendo

Don Quijote de la Mancha.- Segunda Parte, capítulo sexagésimo primero

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo sexagésimo primero

De lo que sucedió a don Quijote a la entrada de Barcelona, con otras cosas que tienen más de lo verdadero que de lo discreto

 Después de pasar don Quijote y Sancho tres días y tres noches en la compañía del bandolero Roque Guinart, y admirarse de su modo de vida e inquietudes, siempre al acecho, siempre alerta, siempre huyendo, siempre sospechando y temiendo ser apresado o ser traicionado por los suyos, partirán para Barcelona en compañía del mismo Roque y seis de sus fieles, llegando a sus playas en la noche de la víspera de San Juan.

A la mañana, que llegó pronto, puestos sobre sus monturas, admiraron la grandiosidad del mar que veían por vez primera y consideraron inmenso en comparación con las Lagunas de Ruidera. Tanto en la ciudad como en la playa y los bajeles anclados a su orilla, las gentes hacían ruido de instrumentos y disparos al aire de armas y cañones para celebrar la fiesta del San Juan. Al poco, un nutrido grupo de hombres a caballo se acercó a don Quijote y Sancho Panza, rodeándolos, y el que los mandaba a todos en nombre de Roque Guinart se dirigió a don Quijote para darle la bienvenida con palabras elogiosas de su fama y aventuras. Sigue leyendo

Las siete cabras del cielo

Las Pléyades o las siete cabras del cielo

Las siete cabras del cielo
(Sancho Panza.- El Quijote.- II-XLI)

Nos puso la NASA los ojos en Saturno,
los suelos de sus lunas, los anchos
anillos en sus órbitas
y el alma abrió la boca del asombro
al espacio solar y planetario; la Tierra, allí,
en su lejanía obscura,
diminuto puntito iluminado navegando el vacío
que corren las invisibles partículas mensajeras
del Universo. Y antes,
mucho antes de ahora,
cuatrocientos años antes que la NASA
y sus ingenios espaciales,
voló los universos Sancho Panza
a lomos
de la noble madera
clavileña
y nos descubrió las siete
cabras del cielo,
las dos verdes, las dos
encarnadas,
las dos azules
y la una de mezcla. Ningún cabrón
pasaba
de los cuernos de la Luna, por si queréis
saberlo.

González Alonso

Don Quijote y Sancho Panza a lomos de Clavileño*Poema que forma parte del libro “Con humor propio – Antología de poesía actual“, de Diego Alonso Cánovas y Paco Checa (Almería,2019)

Rocinante

Rocinante in Paradise- Rocinante en el Paraíso.- Óleo de Rafael Gallardo

Rocinante

Pasicorto y flemático caballo,
flaco rocín que llaman Rocinante
de don Quijote, caballero andante,
fiel servidor como el mejor vasallo.

En tu recto vivir sombra no hallo,
que aunque nunca te muestres desafiante
tampoco dejarás de ir adelante
y comes por igual flor, hierba o tallo.

Sólo un punto te ataca de rijoso
ante las bellas jacas galicianas
para alterar tu natural reposo.

No puedes presumir de ser muy brioso,
mas ante esas bellezas alazanas
¡a quién ha de extrañar verte amoroso!

González Alonso

                Soneto publicado en el cuaderno Lucernarios: Rocinante

Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo sexagésimo

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo sexagésimo

De lo que sucedió a don Quijote yendo a Barcelona

En la fresca mañana de la salida de don Quijote y Sancho Panza de la venta que fue venta y no castillo a los ojos del caballero y para sorpresa del escudero, tomaron el camino más derecho a Barcelona tras informarse por dónde era. El caso es que Cervantes, publicada ya la segunda parte apócrifa del Quijote por Avellaneda, quiso dejar clara su falsedad  negándose a llevar a su personaje a las justas de Zaragoza, a donde –precisamente- lo llevó el mismo Fernández de Avellaneda tomando como referencia lo manifestado por Cervantes en la primera parte, que era su deseo de que don Quijote participara en aquellas justas.

Como casi todo en el Quijote tiene algún carácter simbólico, aquí también la mención de las encinas o los alcornoques entre los que –después de seis de camino sin nada reseñable que contar- se detuvieron, adquieren ese valor. Al parecer, Cervantes quiere decir que duda entre contar la historia al estilo sublime, correspondiente a las encinas como símbolo de Júpiter, o hacerlo al estilo humilde o ínfimo que representarían los alcornoques. Tal vez, incluso, pueda subyacer en el texto alguna otra intencionalidad que desconocemos.

El caso es que, dormido el cansado Sancho, desvelado don Quijote, éste no paraba de darle a la imaginación y, en éstas, cayó en la cuenta del encantamiento de Dulcinea y la pereza de Sancho para poner en efecto darse los azotes prometidos para su liberación. Decidido don Quijote a poner en lo que pudiere remedio al caso, se acercó a Sancho y empezó a quitarle el cinto para bajarle los calzones y azotarle las posaderas. Sancho despertará asustado y, comprendiendo las intenciones de su amo, se negará a someterse a la azotaina que se le venía encima, llegándose a las manos y reduciendo a don Quijote inmovilizándolo en el suelo. Allí tendido y quejoso, don Quijote acabará aceptando la decisión de su escudero de llevar a cabo el desencantamiento cuando a él le conviniera y del mejor modo que considerara para hacerlo. Sigue leyendo

Variaciones sobre Dulcinea (I, II)

Dulcinea del Toboso

Dulcinea I

En los campos manchegos El Toboso
de tu fama y belleza fue la cuna,
fuiste en las noches, con la blanca luna,
sueño, pasión y del amor reposo.

Tu nombre corre el viento, venturoso,
y nada estorba, tuerce o importuna
las virtudes que canta de una en una
aquel que de tu amor vive celoso.

No han de bastar contigo encantamientos
capaces de hacer merma en tu hermosura
o de torcer tus castos pensamientos,

Dulcinea serás y serán cientos
los siglos que acompañen la locura
que incendia el corazón de sentimientos.

Dulcinea II

En los campos manchegos El Toboso
de tu fama y belleza fue la cuna,
fuiste en las noches, con la blanca luna,
sueño, pasión y del amor reposo.

Tu nombre corre el viento, venturoso,
y nada estorba, tuerce o importuna
las virtudes que canta de una en una
el caballero de tu amor celoso.

No han de bastar contigo encantamientos
capaces de hacer merma en tu hermosura
o de torcer tus castos sentimientos,

Así has de ser de aquí a la sepultura
Dulcinea de nuestros pensamientos
y en nuestro corazón feliz locura.

González Alonso

     Publicado en el   Cuaderno De Poesía Lucernarios

Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo quincuagésimo noveno

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo quincuagésimo noveno

Donde se cuenta el extraordinario suceso, que se puede tener por aventura, que le sucedió a don Quijote

Se anuncia un suceso que Cervantes acepta como aventura, aunque más que de don Quijote sería aventura personal, o disgusto personal, dándonos noticia de la aparición del Quijote apócrifo de Avellaneda, repartiendo a partes iguales su enfado con el personaje de la novela.

Vimos cómo acababan de ser, amo y mozo, vapuleados y pateados por una manada de toros. Retirados a la orilla de un arroyo donde se refrescan boca y cara, descansarán y Sancho, para reponer fuerzas, dispone las viandas que trae en su zurrón esperando –prudente- a que comenzara a comer su señor don Quijote. Pero el malparado caballero estaba más molido y avergonzado que hambriento, así que Sancho, sin más preámbulos, se entrega a matar el hambre, lo cual causará la intervención quejumbrosa y apesadumbrada de don Quijote, diciéndole: “Come, Sancho, come [  ], sustenta la vida que más que a mí te importa”, para seguir con una declaración conmovedora en la que manifiesta su deseo de morir y hacerlo dejando de comer, “muerte la más cruel de las muertes”. Confiesa que tras haberse sentido “respetado de príncipes, solicitado de doncellas, famoso en las armas y sus historias impresas y publicadas esperando el reconocimiento y las palmas por sus valerosos hechos” no podía sufrir el oprobio de haberse visto “pisado y acoceado y molido de los pies de animales inmundos y soeces”. ¿Alusión al autor que se esconde tras el nombre de Alonso Fernández de Avellaneda? Y, entre los candidatos, se cuentan: Lope de Vega, el clérigo Alonso Fernández Zapata o el que fuera correligionario de Cervantes, Jerónimo de Pasamonte, a quien ridiculizó en el personaje del pícaro Ginés de Pasamonte y a quien alude por su origen aragonés. Y es que, estando en tierras aragonesas, las bestias que cargaron contra don Quijote bien podían ser una metáfora del atropello sufrido con la publicación apócrifa de que se da noticia. De cualquier manera, lo que Cervantes confiesa es estar muy dolido. Por eso, a través de su personaje, confiesa entristecido utilizando un oxímoron sus convicciones: “Yo, Sancho, nací para vivir muriendo”, y sigue, trivializándolo, “y tú, para morir comiendo”. Sigue leyendo

Camacho, Basilio y Quiteria

Joven Camacho, toda tu riqueza
no bastará a alcanzar las pretensiones
de hacer tuyos los bienes y los dones
del amor de Quiteria y su belleza.

Siendo tan generosa tu largueza
en la vida y las bodas que dispones
no ha de ser suficiente ante razones
como las de Basilio en su pobreza.

Que el amor se descuelga por las ramas
del árbol del deseo y los caprichos
sin permiso de mozos ni de damas.

¡Ay corazón tirano que cuando amas
como aman los amantes antedichos
ardes tan sin remedio entre tus llamas!

González Alonso

*Del Quijote (I, capXX): Donde se cuentan las bodas de Camacho el rico, con el suceso de Basilio el pobre

La muerte de la ilusión. Sobre el final del “desilusionado” caballero don Quijote de la Mancha

La muerte de la ilusión
El desilusionado caballero don Quijote de la Mancha

Miguel de Cervantes se refiere a don Quijote como “el ingenioso hidalgo”, en la primera parte de la novela, y como “ingenioso caballero” en la segunda. La discusión del término “ingenioso” como persona ocurrente se desliza hacia el espacio de la locura en la distorsionada interpretación de la realidad y la acción consecuente ante la realidad interpretada. Para acabar el ropaje psicológico del personaje es más que probable que Cervantes leyera y conociera la obra del médico Huarte de San Juan (1529/1568)         y sus observaciones sobre la melancolía. También el aspecto físico de don Quijote y Sancho parece responder a su teoría de los cuatro tipos de humores de las personas. Según este célebre médico, que fue una autoridad en toda Europa y se le considera el patrón de la Psicología en España, la alimentación desempeña un papel fundamental en la salud en general y en la del cerebro en particular, de modo que cuando es deficiente o desequilibrada y a su vez el cerebro se ve expuesto a un gran trabajo y actividad muy exigente, éste se debilita.

Cervantes nos presenta un hidalgo enjuto de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, entregado frenéticamente a la lectura y olvidando el cuidado de la alimentación de por sí deficiente y escasa: En resolución, él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio, y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el cerebro, de manera que vino a perder el juicio. Sigue leyendo

Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo quincuagésimo octavo

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo quincuagésimo octavo

Que trata de cómo menudearon sobre don Quijote aventuras tantas, que no se daban lugar unas a otras

 Don Quijote ya fuera del castillo y desembarazado de los requiebros de la hermosísima Altisidora, se siente feliz y libre, lo que le da ocasión de decir a Sancho: La libertad, Sancho, es uno de los más preciados dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres.

El idealismo de don Quijote encuentra la cara de lo práctico y concreto de su escudero Sancho Panza, que para esa libertad encuentra de gran utilidad, por si acaso, los doscientos escudos de oro del mayordomo del duque por si no encuentran otros castillos y agasajos, sino ventas y palos. Sigue leyendo