Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo quincuagésimo séptimo

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo quincuagésimo séptimo

Que trata de cómo don Quijote se despidió del duque y de lo que le sucedió con la discreta y desenvuelta Altisidora, doncella de la duquesa

 Sentirá don Quijote el peso de la ociosidad acogido y regalado en el castillo de los duques, y tomará la decisión de partir de nuevo a cumplir su misión en el mundo acompañado de Sancho Panza. Los despedirán los duques y la duquesa le dará a Sancho las cartas de su mujer Teresa, sobre las cuales llora y reconoce su valía en el detalle de haberle mostrado agradecimiento a la duquesa enviándole unas bellotas, así como manifiesta haber salido del gobierno de la ínsula tal como entró: “desnudo nací, desnudo me hallo: ni pierdo ni gano.”

Ya dispuestos y enjaezados rucio y Rocinante, amo y escudero sobre sus monturas, se plantan en el patio del castillo para partir; Sancho contento con los bastimentos y los doscientos escudos de oro librados por el mayordomo del duque, don Quijote orgullosos sobre su caballo, cuando se oye la voz de la joven y en extremo hermosa Altisidora cantando despechados reproches a don Quijote acusándole, al final, de haberle robado tres tocadores y unas ligas. Sigue leyendo

Altisidora

Discreta y desenvuelta Altisidora,
hermosa tentación de don Quijote
que ofrecéis a su vista vuestro escote
y a sus oídos canto que enamora,

No basta tu hermosura a quien adora
la belleza sin par que lleva el mote
de dama de sus sueños, tierno brote
del amor por Dulcinea en toda hora.

No se trueque tu broma en el despecho
de verte rechazada del andante
caballero de firme y noble pecho,

Que será tu belleza más provecho
dejando a don Quijote ir adelante
que quebrando su amor en vuestro lecho.

González Alonso

*Durante la estancia de don Quijote en el castillo de los duques, la joven y hermosa Altisidora ideará y pondrá en práctica distintas bromas con las cuales quería comprometer la firmeza del amor de don Quijote por Dulcinea insinuándose y declarándose perdidamente enamorada del caballero andante, haciéndole reproches y quejándose de su rechazo con frases irónicas y sarcásticas o poniéndolo en situaciones de las que saldrá malparado. (II, 44,46,48,50,57)

Las siete cabras del cielo

Las Pléyades o las siete cabras del cielo

Las siete cabras del cielo
(Sancho Panza.- El Quijote.- II-XLI)

Nos puso la NASA los ojos en Saturno,
los suelos de sus lunas, los anchos
anillos en sus órbitas
y el alma abrió la boca del asombro
al espacio solar y planetario; la Tierra, allí,
en su lejanía obscura,
diminuto puntito iluminado navegando el vacío
que corren las invisibles partículas mensajeras
del Universo. Y antes,
mucho antes de ahora,
cuatrocientos años antes que la NASA
y sus ingenios espaciales,
voló los universos Sancho Panza
a lomos
de la noble madera
clavileña
y nos descubrió las siete
cabras del cielo,
las dos verdes, las dos
encarnadas,
las dos azules
y la una de mezcla. Ningún cabrón
pasaba
de los cuernos de la Luna, por si queréis
saberlo.

González Alonso

Don Quijote y Sancho Panza a lomos de Clavileño

*** Poema publicado en el libro “Con humor propio”. Antología de poesía actual (Coordinado por Diego Alonso Cánovas y Paco Checa.- Ediciones Dokusou-Almería, 2019)

La primera salida de Don Quijote de la Mancha

Primera salida de don Quijote

Toda la primera parte del Quijote fue escrita y publicada por Miguel de Cervantes Saavedra dividida en cuatro partes con sus correspondientes capítulos: del 1 al 8, del 9 al 14, del 15 al 27 y del 28 al 52. Tras la publicación de la segunda parte, un tiempo después de haber aparecido la apócrifa de Avellaneda, esas cuatro partes se considerarán una sola, y la segunda parte aparecerá sin otras divisiones que las correspondientes a los capítulos.

De lo que pudo o no pudo significar esa primera división ya se han hecho conjeturas y elaborado distintas hipótesis. Son notables las de Dominique Aubier (Don Quijote, profeta y cabalista.- Ed. Obelisco.- Barcelona, 1981) en su interpretación esotérica del Quijote en el que ve referencias claras al judaísmo concibiendo la novela como el “libro de la revelación”, una reinterpretación del Zohár de Moisés de León, y la voluntad de restablecer los verdaderos valores del conocimiento a la luz del libro mencionado. Llegará a la conclusión de entender como intencionalidad primera del Quijote la unión de las tres grandes religiones, judía, cristiana y musulmana De ahí que, en esta misma línea, interprete el significado de la aventura de los molinos de viento y la del vizcaíno (I, VIII).

Pero refiriéndonos al propósito que nos ocupa de esta primera salida de don Quijote, quiero manifestar con claridad que toda especulación sobre el texto literario de Cervantes no pasa de puro juego y entretenimiento de una lectura espectacular como es el Quijote. Miguel de Cervantes era escritor; no fue historiador, ni rabino, ni ideólogo, ni fanático religioso de ninguna religión. Como escritor no podía dejar de reflejar sus pensamientos y preocupaciones, los pensamientos de los demás y el estado de las cosas de su mundo y su época. Tratar de elucubrar sobre su obra más allá de estos límites no tendría sentido. Hablar de Cervantes y su obra, jugar con su realidad literaria, sólo puede tomarse como una manera de rendirle homenaje. Por eso, y porque como escritor lo que prima en Cervantes es lo literario, encontraremos incongruencias y contradicciones si lo tomamos al pie de la letra; pero la magia de la literatura y la habilidad especial de Cervantes es hacernos olvidar, ignorar o pasar desapercibidas esas incongruencias para hacer creíble y real su historia. Sigue leyendo

En la sima

En la sima

Desde la sima en que la mala suerte
quiso poner a Sancho en duro aprieto
se oye con sus lamentos el discreto
silencio de su burro ante la muerte.

¿Y qué esperar después de conocerte,
guardarme la amistad con tu respeto,
si el trance de esta noche y su secreto
traerán  la desdicha de perderte?

Pasan las horas lentas en el sucio
triste y frío  lugar de la vileza
con lágrimas, lamentos y querellas.

Y en silencio profundo sigue el rucio
filosofando mudo y con tristeza
los mensajes del viento y las estrellas.

González Alonso

*Sancho y su rucio caen por la noche en una profunda sima. El burro, silencioso y patas arriba, miraba la noche estrellada por el agujero del precipicio mientras Sancho gritaba y  se lamentaba convencido de que allí, amo y pollino, acabarían su paso por la vida. (El Quijote.- II, 55)

Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo quincuagésimo sexto

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo quincuagésimo sexto

De la descomunal y nunca vista batalla que pasó entre don Quijote de la Mancha y el lacayo Tosilos en la defensa de la hija de la dueña doña Rodríguez

El título alude de manera irónica a la “nunca vista batalla” entre don Quijote y el lacayo Tosilos porque nunca se vio la mencionada batalla ya que nunca tuvo lugar la que, además, hubiera sido una batalla rara entre un supuesto caballero y un lacayo que no profesaba el arte de las armas.

Pasando adelante, nos encontramos a unos duques –duquesa y duque- bastante satisfechos con el resultado de la broma gastada a Sancho Panza con el gobierno de la ínsula que tampoco nunca lo fue, y recibieron de su mayordomo una información detallada de los sucesos de aquel gobierno que coincidía punto por punto con lo narrado por Sancho.

Una vez disfrutado con las anécdotas del gobierno de Sancho y su final, el duque decidió seguir adelante y concertar el duelo pendiente de don Quijote para reparar la afrenta de la hija de la dueña doña Rodríguez. A tal fin harán pasar al lacayo Tosilos por el caballero de la ofensa. El duque le instruirá sobre cómo llevar el combate para vencer a don Quijote “sin matarle ni herirle”. Mandó el duque que se quitasen los hierros a las lanzas y le explicó a don Quijote que así debía ser para no contravenir “el decreto del Santo Concilio”. Sigue leyendo

Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo quincuagésimo quinto

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo quincuagésimo quinto

De las cosas sucedidas a Sancho en el camino, y otras que no hay más que leer

Se le hizo tarde a Sancho Panza después de su encuentro con el morisco Ricote, vecino de su lugar, y la noche lo alcanzó en el camino de vuelta al castillo de los duques donde esperaba reunirse con don Quijote. La mala fortuna, que todo lo enreda, quiso que, avanzando a oscuras, cayera con su burro en una profunda sima y quedara allí, malparado, asustado, lamentando su suerte, pidiendo auxilio y temiendo por su vida y la de su burro, pues se veía más muerto que vivo.

Al despuntar el día pudo ayudar a su asno a darse la vuelta y ponerse en pie, y en un extremo de la fosa encontró un agujero por el que malamente cabía. Pudo pasar al otro lado y descubrió que la gruta se continuaba con trechos que se iluminaban con la luz que pasaba por las grietas que llegaban hasta la superficie. Con una piedra y mucho esfuerzo consiguió ir excavando el hueco y hacer pasar por él al burro. Avanzando por el pasadizo entre lamentos y reflexiones sobre su vida y el gobierno de la ínsula, muchas veces totalmente a oscuras y con el temor de caer en otra sima aún más profunda, llegó a un espacio donde se veía la luz que llegaba a través de la boca de la sima y que ya no tenía más recorrido. Desesperado ante la idea de terminar allí su vida junto a su rucio, se puso a dar grandes voces, lamentándose de su suerte y pidiendo ayuda. Sigue leyendo

Introducción a la moral en el Quijote.- Manuel Fernández de la Cueva Villalva

Introducción a la moral en el Quijote
Manuel Fernández de la Cueva Villalva

Conferencia pronunciada en la Fundación Rico Rodríguez (Toledo) el 8 de julio de 2017

Tenemos ante nosotros la prueba de un motivo más para abordar la lectura del Quijote, en esta ocasión desde el contenido ético y moral de la obra cervantina que desarrolla en su conferencia Manuel Fernández de la Cueva Villalva.

En su planteamiento, se sustenta el autor en la tesis de que existe en Cervantes una inquietud por la ética reflejada en sus personajes y, centrándose en los principales de don Quijote y Sancho Panza, en que las distintas actitudes en el ámbito moral de cada uno de ellos refleja un dualismo: el ámbito teórico de los principios éticos de don Quijote y el ámbito práctico de los actos morales de Sancho Panza.

No considera el autor que sean dos posturas irreconciliables, sino que se da una confluencia en temas como la libertad, el bien y el mal, la voluntad y otros.

El objetivo declarado del contenido de la conferencia es “el hallar un espacio ético o moral en el que nos podamos mirar” o ver reflejados, según la intención del conferenciante. A tal fin, se empieza por diferenciar y aclarar los conceptos de “moral” y “ética”, la primera como ciencia de las costumbres concerniente al fuero interno de la persona, y la segunda como filosofía que se ocupa de la moral y las obligaciones de las personas. Dicha aclaración resulta muy conveniente para saber de qué estamos hablando.

Tras una exposición menuda y aclaratoria de los conceptos referidos, ética y moral, sobre los Sigue leyendo

Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo quincuagésimo cuarto

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo quincuagésimo cuarto

Que trata de cosas tocantes a esta historia, y no a otra alguna

Suena la entradilla de este capítulo a advertencia. No leas más allá de lo que se escribe para contar la historia. Y la advertencia despierta la suspicacia. Porque lo que se cuenta es el encuentro de Sancho Panza con su vecino Ricote cuando volvía sobre su rucio a reunirse con su señor don Quijote después del final del gobierno de la ínsula Barataria.

Aparentemente, nada extraño si no fuera que Ricote se nos dice que era morisco. Que los moriscos habían sido expulsados por Felipe III en 1609 y que se seguirían las salidas de 1613 desde tierras levantinas y las del decreto de 1614. Pero tampoco nada más si no se adivinara tras la historia de Ricote, la de los judíos sefardíes

Sobre esta cuestión, en la que narrando una expulsión se refiere a dos distintas, de moriscos y judíos, pueden tenerse algunos aspectos como:

1.- Pone Cervantes en boca de un morisco la expresión “los de mi nación” (mi raza o pueblo) que era la usada por los judíos sefardíes, sobre todo del noroeste español.

2.- La discrepancia de fechas. Ricote se lamenta en nombre de los suyos de la añoranza que sufren y su deseo de volver a España, que consideran su patria natural, así como de la mala acogida que tuvieron en lugares de Berbería y África, donde esperaban ser bien recibidos. Pero es que los moriscos no habían tenido tiempo para sentir dicha añoranza, ni nunca mostraron una voluntad clara de volver, lo que si les ocurrió e hicieron los judíos que llevaban muchos años fuera y que, además, conservaron la lengua, el sefardí o lengua de Sefarad, España.

3.- En la narración se hace alusión a la “libertad de conciencia” que Ricote encontró en Alemania. Pero la libertad de conciencia no era algo propio de la filosofía musulmana y sí lo era, sin embargo, de los judíos.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo quincuagésimo tercero

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo quincuagésimo tercero

Del fatigado fin y remate que tuvo el gobierno de Sancho Panza

 El capítulo arranca con un párrafo que no tiene desperdicio. Pone Cervantes voz al autor árabe, al cual llama irónicamente “filósofo mahomético”, para reflexionar sobre el sentido de la vida y lo accidental y transitorio de lo que en ella ocurre. La visión de este entendimiento fugaz de la existencia humana no lo hace desde presupuestos religiosos, sino desde el puro razonamiento y la observación. Ve el filósofo mahometano en la Naturaleza un ciclo estacional repitiéndose a sí mismo y dentro de él el desarrollo de la vida humana, su inestabilidad  y pronta caducidad. Hace alusión el autor de estas palabras, Cide Hamete Benengeli (nombre encriptado de Miguel de Cervantes), a “la sombra y el humo” en que se deshizo el famoso gobierno de Sancho Panza, referencia bíblica al parecer frecuente en la literatura del siglo XVII: “defecerunt sicut fumus dies mei” (Salmos-101, 4). Pero también hace referencia al uso de un ciclo estacional dividido en cinco estaciones en lugar de las cuatro usadas actualmente: primavera, verano, estío, otoño e invierno, que se correspondía con el ciclo seguido en las tareas del campo y los usos agrícolas medievales, como se puede apreciar –por ejemplo- en las impresionantes pinturas románicas del Panteón de los Reyes de San Isidoro, en León. Sigue leyendo