Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo cuadragésimo segundo

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo cuadragésimo segundo

De los consejos que dio don Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula, con otras cosas bien consideradas

 Sancho, prudente y astuto, relativiza la importancia de ser gobernador de una ínsula en comparación con la inmensidad del Universo que dice vio y vivió en la aventura de Clavileño. El duque admite no tener potestad sobre el cielo para ofrecerle un espacio de él, pero sí puede ofrecerle el que corresponde a la ínsula en la tierra que Sancho acepta, eso sí, si la pretensión de salirse de donde le corresponde ni querer ser más que otros. El duque y Sancho parecen estar de acuerdo también en que lo de mandar y ser obedecido, ejercer el poder, es bueno y que una vez probado no se quiere dejar.

Sobre el traje de gobernador que le van a encargar dice Sancho Panza no necesitarlo, pues asegura que se vista como se vista no dejará de de ser Sancho; pero el duque le hace ver que hay y es bueno que haya trajes para ocasión y oficio y para el de gobernador encargará que sea la mitad de letras y la otra mitad de armas. Sancho confiesa su poca instrucción y pocas letras, que no llega al conocimiento del abc, aunque sea buen cristiano; y de armas promete manejar las que le den hasta donde pueda.

Hechos los acuerdos, don Quijote pedirá permiso al duque para hablar a solas con su escudero y poderle aconsejar sobre el gobierno de la ínsula. Apartados en su aposento, don Quijote  le hará ver a Sancho la suerte o fortuna que ha tenido para prosperar sin necesidad de recurrir al cohecho, ruegos, favores y otras prácticas que no siempre dan los frutos apetecidos y siempre –sin embargo- son censurables. Y no obstante, siendo Sancho un verdadero porro –en palabras de don Quijote-, con sólo acercarse al mundo de la caballería andante se ve gobernador.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo cuadragésimo primero

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo cuadragésimo primero

De la venida de Clavileño, con el fin desta dilatada aventura

 Hará su aparición Clavileño en medio del jardín traído a cuestas por cuatro porteadores. Don Quijote y Sancho deberán subirse al caballo de madera, taparse los ojos y manejar la clavija para guiar el viaje.

Sancho aceptará subir a lomos del caballo tras numerosas y sabrosas excusas para no hacerlo, casi todas relacionadas con sus compromisos para con los insulanos que debería gobernar. El duque hará que acepte cuando le asegura que tendrá la ínsula a su disposición sea cual sea el resultado y la duración del viaje, pero que sin hacer dicho viaje, ya que no habría remedio para las barbas de las dueñas, tampoco lo habría para ser gobernador.

Suben a Clavileño amo y escudero, se tapan los ojos y enseguida oyen gritar que se están elevando y alejando por el cielo, lo que Sancho duda oyendo las voces tan cerca y a lo que don Quijote replica que todo puede ser en casos tan poco naturales. Los duques y acompañantes ríen con la conversación de ambos, el caballero erguido y con las piernas colgando sin estribo y Sancho sentado a mujeriegas y abrazado fuertemente a don Quijote. Luego les soplan con unos fuelles y más tarde les acercan carbones encendidos para hacerles creer que están cerca del sol. Finalmente harán estallar el caballo de madera prendiendo los cohetes y fuegos de artificio que habían puesto en su interior, cayendo los jinetes derribados y chamuscados sobre la hierba. Cuando se quitan la venda de los ojos verán a los duques y todos los reunidos tendidos por el suelo del jardín y como desmayados. Don Quijote se acercará al duque y tratará de volverlo en sí tomándole por la mano y dándole palabras de ánimo. En un cartelón colgado de una gran lanza se anuncia que la aventura ha terminado con la victoria de don Quijote porque el gigante y mago Malambruno se da por satisfecho con el valor mostrado, desencantando a las dueñas y volviéndolas a su estado primero sin barbas en el rostro.

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El laberinto de amor

El laberinto de amor
Miguel de Cervantes Saavedra

Colección Clásicos Carroggio.- Novelas ejemplares.- Entremeses (Carroggio,S.A. de Ediciones-Barcelona, 1977)

Tanto las obras menudas como las graves no dejan de carecer de antecedentes; ésta de “El laberinto de amor” también los tiene y el motivo central de “la acusación falsa de la dama” aparece en obras como “Orlando furioso” de Ariosto con el caso de Ginebra o en el que de una viuda hace Bocaccio en el Philocolo. Pero nadie podrá discutir la tremenda originalidad de Miguel de Cervantes a la hora de afrontar el argumento y desarrollo de esta comedia.

Tal vez, buscando la mejor definición para esta obra teatral, valga referirse a ella como “comedia de enredo”, y aún de “laberinto de comedia” o de maraña que viene a ocupar casi por entero el tema central para dejar en segundo plano el motivo mencionado de la acusación falsa a la dama del que arranca.

Por encima de cualquier otra consideración, a mí me admira la habilidad de Cervantes para organizar un caos absoluto sin perder la compostura y sin perderse en el embrollado desarrollo de la trama; mantiene la intriga despertada nada más comenzar la comedia tras la dura acusación contra la vida y el honor de la dama y no nos abandonará ya la curiosidad por conocer el desenlace en el que mediará un desafío o duelo. El laberinto de personajes, acciones, situaciones y trances en los que los protagonistas se enredan, se complica aún más cuando se disfrazan y aparecen en otros trajes y oficios o se hacen pasar unos por otros y unas por otras sin que sepamos a ciencia cierta quién es quién en todas las ocasiones.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo cuadragésimo

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo cuadragésimo

De cosas que atañen y tocan a esta aventura y a esta memorable historia

 Da comienzo Cervantes a este capítulo pidiendo el agradecimiento para el primer autor de estas historias, Cide Hamete Benengeli, que –como sabemos- esconde en forma árabe su propio nombre (Hamete=Miguel; Benengeli=Cervantes), deshaciéndose en halagos sobre la habilidad y las virtudes del autor a la hora de narrar todo cuanto acontece en el Quijote.

A Sancho Panza le parece excesivo el castigo impuesto por el gigante y mago Malambruno a las dueñas, que se quejan de las barbas. Recordemos que, en la broma, las dueñas eran verdaderos hombres que se hacían pasar por mujeres. Se menciona la técnica depilatoria usada en la época, cosa que las dueñas daban por imposible para resolver su problema y fiando su salvación a la intervención de don Quijote desafiando y venciendo a Malambruno. Don Quijote no escurre el bulto y asegura que o las libra de las barbas o él mismo se las dejaría pelar con vergüenza, que –en la época- se refería al castigo de los cautivos de ser rasurado por los musulmanes.

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El trato de Argel

El trato de Argel
Miguel de Cervantes Saavedra

Introducción y edición de Florencio Sevilla Arroyo
Teatro Clásico completo.- Editorial Penguin Clásicos.-Barcelona, 2016

Dos curiosidades previas. “El trato de Argel” se ha conservado solamente como manuscrito en dos copias. Se trata, si no de la primera obra de teatro de Cervantes, sí de las primeras y de las que disfrutaron de la buena aceptación y éxito de público.

Cabría dudar de su valor literario dada la inexperiencia de Miguel de Cervantes; pero, ciertamente, a mí me parece que muestra una gran pericia para ensamblar los diferentes cuadros que la componen y que el texto rezuma frescura, corrección y agilidad, que está bien construido y resulta convincente, tanto en las escenas amorosas como en las de cautiverio.

Cervantes no se apartará ni un centímetro de su inicial concepto del arte dramático para el cual las comedias deben ser “espejo de la vida humana, ejemplo de las costumbres e imagen de la verdad”(sic) (Don Quijote, I-48) sin renunciar –cosa inherente al gran autor universal- a su vena innovadora, la que –en mi opinión- le puso a las puertas de superar en el teatro los clichés del Siglo de Oro, concebido en verso, para apuntar al teatro en prosa que escribirá en gran parte de sus célebres entremeses, por cierto, no representados.

¿Qué encontramos en “El trato de Argel”? Básicamente, una imaginaria historia de amor que sirve de hilo conductor para narrar algo real e histórico, tan bien conocido como mal sufrido por el autor, al dramatizar sobre la vida en cautiverio y denunciar las vejaciones y malos tratos sufridos a manos de sus amos. Apunta, incluso, a la denuncia política reclamando la actuación del rey para acabar militarmente con la impunidad de los musulmanes. Pero, como es costumbre en Cervantes inmerso en la conmoción social, política y religiosa, del imperio español, recurre con notable maestría al recurso de la alabanza como crítica, de tal modo que difícilmente pueda ser tachado de antiespañol o anticatólico. Confiesa por delante su fervor patriótico y su catolicidad, alabando las virtudes de unos y otros, pero haciendo notar en aquellos elevados reconocimientos la máxima exigencia de cumplir y hacer cumplir con justicia las exigencias de la fe y la defensa del reino corrigiendo los yerros que denuncia. En este caso se trataría de atender la situación de los miles de cristianos cautivos y entregados al comercio de la esclavitud.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo trigésimo noveno

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo trigésimo noveno
Donde la Trifaldi prosigue su estupenda y memorable historia

El gigante MalambrunoDon Clavijo, el seductor de la dueña Dolorida y de su hija, se casará finalmente con la hija por decisión del vicario que mediaba en el asunto, lo que supuso una gran ofensa para la reina doña Maguncia, madre de la infanta con quien estaba prometida Clavijo, y, en consecuencia, murió a los tres días afectada por la contrariedad.

Según narra la dueña Dolorida, en el entierro de la reina aparecerá su primo hermano el gigante Malambruno sobre un caballo de madera y se tomará venganza convirtiendo a los novios en una mona y un cocodrilo de un extraño metal, con una inscripción en la que se advierte que los encantados no recobrarán su forma original hasta que no se enfrente con Malambruno “el valeroso caballero manchego” don Quijote.

Los encantamientos de Malambruno alcanzarán también a la dueña Dolorida y las dueñas que la acompañan, a las que perdonó la vida pero las dejó a todas con la cara llena de recias barbas, según pudieron comprobar con asombro y espanto los concurrentes y de lo que se duelen y lamentan las afectadas en este final de capítulo.

González Alonso

La dueña Dolorida y las dueñas barbudas

Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo trigésimo octavo

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo trigésimo octavo

Donde se cuenta la que dio de su mala andanza la dueña Dolorida

Prosigue la historia iniciada en el capítulo 36 dando entrada a una corte de doce dueñas enlutadas que hacen pasillo a la Dolorida a la cual reciben y dan los parabienes los duques y don Quijote. La dueña Dolorida abre su discurso con un sospechoso vozarrón de hombre e incluso comete el desliz de declararse “criado” y no “criada” al servicio de los duques y su hospitalidad, corrigiéndolo inmediatamente y justificando su error con el nerviosismo y la tribulación de sus penas. Su discurso está exageradamente lleno de superlativos burlescos que Sancho, en su respuesta, empleará también con el mismo estilo y tono para declarar que allí se encontraban él y su amo don Quijote, tal y como demandaba saber la dueña Dolorida.

Don Quijote tomará la palabra y proseguirá con sus ofrecimientos caballerescos. La dueña Dolorida se echará a los pies de don Quijote de manera muy teatral y de igual modo tomará las manos de Sancho Panza rogando sus favores. Y todo ello lo presenciaban y reían con ganas los duques y acompañantes en la broma.

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La casa de los celos y selvas de Ardenia

La casa de los celos y selvas de Ardenia
Miguel de Cervantes Saavedra

Teatro Clásico completo.- Editorial Penguin Clásicos.-Barcelona, 2016

Como lector de teatro debo confesar la dificultad que encontré para seguir y entender esta obra de Cervantes; no sólo por tener que leer en verso, sino por la complejidad de las escenas, la disparidad de situaciones y la multiplicidad de personajes. Me pareció, finalmente, una comedia sin final. Y me gustaría saber cómo demonios podría montarse una representación de esta pieza teatral. Desde luego, no puedo imaginarlo sin un trabajo previo de adaptación extenso.

Dada mi casi imposibilidad de emitir un juicio adecuado sobre este texto, seguiré la crítica y el análisis del profesor Florencio Sevilla Arroyo de su edición en Penguin Clásicos (Barcelona, 2016) “Miguel de Cervantes – Teatro completo”. En el apartado correspondiente a “La casa de los celos”, Florencio Sevilla afirma, y confirma mi impresión de mero lector, que “Cervantes nos sorprende con una llamativa comedia, tan desconcertante como problemática desde todos los puntos de vista” en la que se abandona “el trasfondo de la verdad histórica enriquecida con lo poético para instalarse por completo en territorios desatadamente fantásticos, donde sólo impera lo maravilloso y sólo gobierna lo mágico”.

El tema en torno al cual se organiza la comedia será el de “los celos”, “encuadrándolo, además, en un entorno caballeresco, pastoril y alegórico” y dando entrada “a una caterva inusitada de personajes: paladines legendarios y heroínas míticas, encantadores emblemáticos, pastores cómicos, figuras alegóricas, divinidades mitológicas…e incluso alguna criatura celestial”. La acción se multiplica y diversifica de manera heterogénea y de manera trepidante en “retos o desafíos caballerescos, encontronazos y huidas repentinas, encantamientos y vaticinios, visiones mágicas, burlas irrisorias, apariciones y desapariciones, etc.

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La Cueva de Salamanca

La Cueva de Salamanca.- Entremés
Miguel de Cervantes Saavedra

Colección Clásicos Carroggio.- Novelas ejemplares.- Entremeses (Carroggio,S.A. de Ediciones-Barcelona, 1977)

El que nos encontremos ante un entremés o comedia breve no quiere decir que la obra carezca de importancia y deba calificarse de secundaria; antes bien, en opinión de expertos cervantistas como José Manuel Udina, podemos asegurar que “es una aportación al teatro auténtica y valiosa” por lo que “ha merecido ser por su perfección tan imitada que el propio Calderón de la Barca no dudó en ser uno de los primeros en hacerlo”.

Aun así, Cervantes se curaba de espantos en el prólogo a las Novelas Ejemplares diciendo: “…que Dios te guarde, y a mí me dé paciencia para llevar bien el mal que han de decir de mí más de cuatro sutiles almidonados”, en evidente alusión a los académicos universitarios.

El entremés “La Cueva de Salamanca” nos recuerda al Decamerón de Boccaccio por su carácter festivo y libertino. Aparecerá citado en él un personaje histórico como el bandolero Roque Guinardo o Guinart, como lo hace también en el Quijote (II, cap. 60). Los métodos de Guinart para acallar a los campesinos y conseguir su apoyo eran expeditivos y brutales, quemando sus haciendas y matando sus animales o llevando a cabo acciones más graves si le hacían frente. Roque Guinart era, también, de origen campesino y un exponente del problema catalán de la época y la decisión del gobierno español de terminar con la situación. Cervantes pone a su don Quijote en manos de Roque Guinart, acepta su superioridad y no presenta combate, haciendo del bandolero una descripción bastante idealizada y criticando –de paso- las ejecuciones de sus colegas. Y, entre otras, aparecerá la cuestión de los poetas y su condición cuando el personaje de Cristina exclama: “Basta; ¿Qué también los diablos son poetas?”. A lo que replicará el barbero: “Y aun todos los poetas son diablos”.

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo trigésimo séptimo

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo trigésimo séptimo

Donde se prosigue la famosa aventura de la dueña Dolorida

 La aventura iniciada en el capítulo anterior sigue en éste en el que Sancho Panza no se ahorra comentarios sobre las dueñas, sus costumbres y formas de vestir, haciendo alusiones –incluso- a la lujuria mencionando que “faldas y colas, colas y faldas, todo es uno” donde a nadie se le escapa el sentido tendencioso de la expresión, que va más allá de la clase de vestidos usados por las dueñas.

Entre las distintas acusaciones sarcásticas cruzadas entre la dueña de la duquesa y el escudero, ésta le coloca la siguiente: “los ratos que no rezan (los escuderos), que son muchos, los gastan en murmurar de nosotras (las dueñas), desenterrándonos los huesos y enterrándonos la fama”.

Sobre el alcance de la frase mencionada en el párrafo anterior, vale la pena hacer notar cómo Miguel de Cervantes, buen conocedor del talante de la Inquisición, nos revela y critica la costumbre del Santo Oficio de quemar muñecos que representaban a los judíos huidos o desaparecidos condenados por el Tribunal, de los que colgaba un cartel con sus nombres. Cuando la condena alcanzaba a algún judío muerto, sus restos eran desenterrados y quemados en público, como escarnio y señal de que enterraban su honor y su honra. La frase de la dueña alude a este hecho.

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