Diálogo entre Babieca y Rocinante.- Miguel de Cervantes Saavedra

Diálogo entre Babieca y Rocinante.- Don Quijote de la Mancha

 Diálogo entre Babieca y Rocinante

B. ¿Cómo estáis, Rocinante, tan delgado?
R. Porque nunca se come, y se trabaja.
B. Pues, ¿qué es de la cebada y de la paja?
R. No me deja mi amo ni un bocado.

B. Andad, señor, que estáis muy mal criado,
pues vuestra lengua de asno al amo ultraja.
R. Asno se es de la cuna a la mortaja.
¿Queréislo ver? Miradlo enamorado.

B. ¿Es necedad amar? R. No es gran prudencia.
B. Metafísico estáis. R. Es que no como.
B. Quejaos del escudero. R. No es bastante.

¿Cómo me he de quejar en mi dolencia,
si el amo y escudero o mayordomo
son tan rocines como Rocinante?

Miguel de Cervantes Saavedra

Este soneto cierra el prólogo de la primera parte del Quijote. Aparece entre los poemas agrupados bajo el título Al libro de don Quijote de la Mancha. En esta conversación entre el caballo del Cid y el de don Quijote la ironía de Cervantes raya a gran altura contraponiendo el hambre a los ideales y haciendo un juego de palabras con el nombre de Rocinante para llamar rucios o borricos a los enamorados.

El viejo celoso.- Miguel de Cervantes Saavedra

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Miguel de Cervantes Saavedra

Clásicos Carroggio.- (Barcelona, 1977)

Miguel de Cervantes tanto en sus Novelas Ejemplares como en sus entremeses se ocupará del tema del amor y lo hará desde tres ángulos distintos, del canto al amor joven, del amor en el matrimonio, y desde los celos, el fracaso y el divorcio. Siempre es aventurado suponer algo, pero bien pudiera ser que la experiencia poco feliz del matrimonio de Cervantes se refleje en cierto modo en sus obras. Por lo que sabemos, el autor del Quijote vivió el amor apasionado de la juventud en Nápoles, donde dejó un hijo como fruto del mismo; luego se enredó en Madrid con la joven esposa del tratante asturiano Alonso Rodríguez con la que tendría una hija a la que reconoció mucho más tarde en su casamiento. Y en medio o huyendo de la tormenta, se casará en Esquivias con Catalina de Salazar, dieciocho años más joven, cuando Cervantes cumplía los treinta y siete de edad. A decir verdad, cuando escribió sobre el amor, los celos y el fracaso del matrimonio, experiencia no le faltaba.

s-oFZaVMQUi3f39DT6i93ZdWLFaMgEn el entremés de El viejo celoso, advierte sobre los riesgos de la diferencia de edad y sentencia: “… el setentón que se casa con quince, o carece de entendimiento, o tiene gana de visitar el otro mundo lo más presto que le sea posible.” Y no lo puede expresar mejor, pues, “aunque tartamudo, no lo será para decir verdades…” como escribe en su prólogo a las Novelas Ejemplares en donde confiesa a la pata la llana su tartamudez. Y fiel a su inclinación a decir la verdad no perderá la ocasión en este breve entremés en el que el engaño al viejo celoso se producirá delante de sus mismas narices con el auxilio de una vecina que le proporcionará un joven guapo y apuesto. Así queda en agua de borrajas todos los desvelos del viejo celoso que guarda con siete llaves a su joven mujer y la sobrina de ésta, haciéndoles la vida imposible sin dejarlas salir de casa ni relacionarse con nadie y, como puede suponerse, sin darle a la joven esposa ocasión de satisfacer sus necesidades sexuales, lo que el viejo pretenderá compensar con muchos regalos y vestidos que solamente podrá disfrutar dentro de los altos muros de la casa. Sigue leyendo

Espinela numérica cervantina

miguel-de-cervantes

Espinela numérica cervantina

Hacer trajes es de  sas-               3
Y nadie, como  ning-                    1
Cervantes, siempre oport-           1
Vistió héroes y pillas-                   3

Fue generoso en desas-              3
Y del amor fue vo-                        0
En nada fue chapu-                      0
Del verbo que en él halla-            6

Que aunque manco lo encontra-  6
Diestro fue en lengua y  a-           0

González Alonso

Ovillejos.- Miguel de Cervantes Saavedra

Ovillejos

¿Quién menoscaba mis bienes?
Desdenes.
¿Y quién aumenta mis duelos?
Los celos.
¿Y quién prueba mi paciencia?
Ausencia.
De ese modo, en mi dolencia
ningún remedio se alcanza,
pues me matan la esperanza
desdenes, celos y ausencia.

¿Quién me causa este dolor?
Amor.
¿Y quién mi gloria repugna?
Fortuna.
¿Y quién consiente en mi duelo?
El cielo.
De ese modo, yo recelo
morir deste mal estraño,
pues se aumentan en mi daño
amor, fortuna y el cielo.

¿Quién mejorará mi suerte?
La muerte.
Y el bien de amor, ¿quién le alcanza?
Mudanza.
Y sus males, ¿quién los cura?
Locura.
De ese modo, no es cordura
querer curar la pasión,
cuando los remedios son
muerte, mudanza y locura.

Miguel de Cervantes Saavedra
El Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (I-XXVII)

El ovillejo es una estrofa inventada por Cervantes que nos la presenta en este capítulo del Quijote. A lo largo de la historia de la Literatura muy diversos autores la han practicado. Podéis encontrar algunos ejemplos de ovillejos en:

Ovillejo de la mujer y el vino
Proclamas en ovillejos

Busco en la muerte vida

[ ]Mira que el que busca lo imposible, es justo que lo posible se le niegue, como lo dijo mejor un poeta, diciendo:

Busco en la muerte vida,
salud en la enfermedad,
en la prisión libertad,
en lo cerrado salida
y en el traidor lealtad.
Pero mi suerte, de quien
jamás espero algún bien,
con el cielo ha estatuido
que, pues lo imposible pido,
lo posible aún no me den.

Don Quijote de la Mancha, I, cap. 33
No se conoce el autor de esta copla de arte real.

Villanella sin caballeros andantes

No hay caballeros andantes,
orlandos, sanchos, quijotes,
que venzan a estos gigantes.

Entre tantos ignorantes
presumiendo de machotes
¡no hay caballeros andantes!

Ni habrá hombres tolerantes
en todo el orbe que acotes
que venzan a estos gigantes.

Por más que en versos lo cantes
y escribas, pongas y anotes,
¡no hay caballeros andantes!

No pueden ser los pedantes
de ínsulas, istmos o islotes
que venzan a estos gigantes.

Contra dinero y mangantes,
políticos, sacerdotes,
¡no hay caballeros andantes
que venzan a estos gigantes!

González  Alonso

Post Scríptum.-  Transcribo aquí las notas dejadas a pie de la primera villanella publicada en el cuaderno Lucernarios: Quien del amor no se cura. Espero que este nuevo intento os guste y anime a alguien a practicar esta clase de estrofa.
La villanella es definida como una de las estructuras más complejas de la poesía. Forma parte de las composiciones con estribillo y su origen se remonta al Renacimiento, naciendo de las canciones, la danza  y el folclore italiano de la época. Tuvo mucho éxito entre los poetas ingleses y también es llamada villancico porque a menudo trataba temas pastoriles con un lenguaje sencillo. La dificultad de la villanella radica en conseguir un buen dominio de la forma y a la vez proyectar sentimientos profundos.
La villanella está formada por 19 versos de arte menor, octosílabos, de rima consonante. Los 19 versos se distribuyen en cinco tercetillos y una estrofa de cuatro versos de cierre. En su desarrollo hay que utilizar el primer y tercer verso del tercetillo de apertura en las estrofas siguientes; hay que hacerlo de forma alterna para cerrar los cuatro tercetillos restantes y estos dos versos formarán, a su vez, el cierre de la la última estrofa formando un pareado. Dejo la estructura en la que los números indican el número del verso (todos son octosílabos) y las letras el orden de la rima:

1a,2b,3a  –  4a,5b,(6)1a  –  7a,8b,(9)3a  –  10a,11b,(12)1a  –  13a,14b,(15)3a  –  16a,17b,(18)1a,(19)3a

Soneto de amor de Cardenio.- Miguel de Cervantes

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O le falta al Amor conocimiento,
o le sobra crueldad, o no es mi pena
igual a la ocasión que me condena
al género más duro de tormento.

Pero si Amor es Dios, es argumento
que nada ignora, y es razón muy buena
que un dios no sea cruel. Pues, ¿quién ordena
el terrible dolor que adoro y siento?

Si digo que sois vos, Fili, no acierto;
que tanto mal en tanto bien no cabe,
ni me viene del cielo esta ruïna.

Presto habré de morir, que es lo más cierto;
que el mal de quien la causa no se sabe
milagro es acertar la medicina.

Miguel de Cervantes.- El Quijote.- I – XXIII

Con el tema del amor concebido como divinidad todopoderosa el soneto se construye utilizando la figura estilística de la paradoja (bien/mal; muerte/vida; salud/enfermedad; dolor/placer) lo que le confiere una fuerza singular agigantando el valor de las emociones. Se explica cómo siendo dios el Amor, no debiera ser cruel. Puesto que la causa de la enfermedad del Amor no está en quien lo siente, el enfermo se encuentra imposibilitado de hallar el remedio y esperará la muerte.

En el Quijote hay

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He leído el Quijote cuatro veces
y habrá otra quinta vez de ser leído,
que siempre que leí he recibido
de una lectura tal, bienes con creces.

De Sancho admirarán hasta los jueces
el recto proceder, justo y medido;
del caballero triste y afligido,
ideales y amor sin altiveces.

Pero hay más en la vasta geografía
de la magna novela de Cervantes
y el alma que al destino desafía

enfrentando su suerte a los gigantes;
que hay un loco tan cuerdo que confía
liberar este mundo, de ignorantes.

González Alonso

Camacho, Basilio y Quiteria

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Joven Camacho, toda tu riqueza
no bastará a alcanzar las pretensiones
de hacer tuyos los bienes y los dones
del amor de Quiteria y su belleza.

Siendo tan generosa tu largueza
en la vida y las bodas que dispones
no ha de ser suficiente ante razones
como las de Basilio en su pobreza.

Que el amor se descuelga por las ramas
del árbol del deseo y los caprichos
sin permiso de mozos ni de damas.

¡Ay corazón tirano que cuando amas
como aman los amantes antedichos
ardes tan sin remedio entre tus llamas!

González Alonso

*Del Quijote (I, capXX): Donde se cuentan las bodas de Camacho el rico, con el suceso de Basilio el pobre

La mesa de don Quijote

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Cocido con verdura y carne. Duelos
y quebrantos los sábados. Lentejas,
si  las quieres las comes o las dejas,
son mitad y mitad de sus  consuelos.

Cada noche apacigua los anhelos
salpicón de vinagre y vacas viejas,
pero en domingo no se escuchan quejas:
¡benditos palominos de los cielos!

Poco importa al hidalgo la comida
cuando los libros pasan por sus ojos
tan llenos de aventuras y de vida;

que de esperanza su alma siente henchida
dándose a Dulcinea y sus antojos
con  fervor del amor que en él anida.

González Alonso

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