Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo quincuagésimo cuarto

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo quincuagésimo cuarto

Que trata de cosas tocantes a esta historia, y no a otra alguna

Suena la entradilla de este capítulo a advertencia. No leas más allá de lo que se escribe para contar la historia. Y la advertencia despierta la suspicacia. Porque lo que se cuenta es el encuentro de Sancho Panza con su vecino Ricote cuando volvía sobre su rucio a reunirse con su señor don Quijote después del final del gobierno de la ínsula Barataria.

Aparentemente, nada extraño si no fuera que Ricote se nos dice que era morisco. Que los moriscos habían sido expulsados por Felipe III en 1609 y que se seguirían las salidas de 1613 desde tierras levantinas y las del decreto de 1614. Pero tampoco nada más si no se adivinara tras la historia de Ricote, la de los judíos sefardíes

Sobre esta cuestión, en la que narrando una expulsión se refiere a dos distintas, de moriscos y judíos, pueden tenerse algunos aspectos como:

1.- Pone Cervantes en boca de un morisco la expresión “los de mi nación” (mi raza o pueblo) que era la usada por los judíos sefardíes, sobre todo del noroeste español.

2.- La discrepancia de fechas. Ricote se lamenta en nombre de los suyos de la añoranza que sufren y su deseo de volver a España, que consideran su patria natural, así como de la mala acogida que tuvieron en lugares de Berbería y África, donde esperaban ser bien recibidos. Pero es que los moriscos no habían tenido tiempo para sentir dicha añoranza, ni nunca mostraron una voluntad clara de volver, lo que si les ocurrió e hicieron los judíos que llevaban muchos años fuera y que, además, conservaron la lengua, el sefardí o lengua de Sefarad, España.

3.- En la narración se hace alusión a la “libertad de conciencia” que Ricote encontró en Alemania. Pero la libertad de conciencia no era algo propio de la filosofía musulmana y sí lo era, sin embargo, de los judíos.

Otros rasgos del capítulo afectan, no obstante, a judíos y moriscos por igual. Por ejemplo, cuando extienden los manteles sobre la hierba los peregrinos con los que venía Ricote y ponen los alimentos, entre ellos disponen el pan, queso, nueces, abundancia de vino en botas y aparecerán unos huesos mondos de jamón. El cerdo era considerado animal inmundo por musulmanes y judíos y ponerlo de ese modo era una manera de despistar y justificar que eran cristianos ante la posible intervención de la Inquisición. También, en las explicaciones de Ricote se da una justificación de las medidas tomadas contra sus gentes aludiendo a ello con la metáfora extendida en la época de que “eran la sierpe criada en el seno” del reino, el enemigo dentro de casa, un peligro que había que extirpar.

Se supone que estas declaraciones de culpabilidad despertarían las simpatías de una posible censura, un buen recurso para poder seguir hablando del tema.

Cuando Sancho reconoce a Ricote, advierte enseguida el peligro que corre y a lo que se expone si es descubierto. Ricote venía –dice- para recuperar unas riquezas, casi un tesoro-, que dejó escondido en su huida.

A este respecto cabe decir que existen numerosas leyendas de tesoros escondidos por los moros en cuevas. En algunos lugares, como en las tierras leonesas, se superponen a otras más antiguas y precristianas como las leyendas de las janas o xanas y sus tesoros encantados escondidos en manantiales y covachas. Así ocurre como con la curiosísima leyenda de la odalisca encantada del castillo de Gordón, en el lugar de Los Barrios, en la que se relaciona con las historias de amor del rey Alfonso III, los celos de su mujer, Ximena, y la última consecuencia como fue la división del reino entre sus hijos García, Ordoño y Fruela. Alfonso III, que moriría en Zamora, sería enterrado junto con su mujer en Astorga y más tarde trasladados ambos por Bermudo III de León a Oviedo, en cuya catedral reposan actualmente sus restos.

Volviendo al capítulo, Ricote le ofrece a Sancho una buena suma de dinero si le ayuda a desenterrar y esconder su tesoro para llevarlo a Berbería, reunirse con su mujer y su hija y viajar de nuevo a Alemania. Sancho rehúsa la oferta por fidelidad a su rey y el temor a ser descubierto y enviado a galeras. Se interesa Ricote por Sancho y éste le cuenta cómo viene de ser gobernador de la ínsula Barataria. Ricote, asombrado, no toma en serio las palabras de Sancho, pues ni lo ve capaz de gobernar ni hay ínsulas a poca distancia de donde se hallaban, haciéndole ver a Sancho que las islas están en el mar. Insistirá Ricote con su oferta y vuelve Sancho a rechazarla asegurándole que no le denunciaría a la Justicia. Ricote le pedirá información sobre su familia y Sancho le contará cómo salieron del pueblo camino de Berbería y cómo su hija, de excepcional belleza, causó la admiración e incluso la tentación de raptarla y hacerla su mujer por parte de más de uno, y especialmente de un tal Pedro Gregorio, un joven rico, que decían que la quería mucho y que desapareció del lugar sin que se volviera a tener noticia suya.

Admite Ricote que ya sospechaba algo de todo ello, pero que confiaba en el cuidado de su madre y en que “las moriscas pocas o ninguna vez se mezclaron en amores con cristianos viejos”. Y esto fue bastante cierto, a diferencia de los judíos que se mezclaron más con los cristianos y tuvieron mayor raigambre en la sociedad de la época.

Cabe, como curiosidad, subrayar la existencia de un bello pueblo enclavado en un valle feraz y bien cultivado, con el nombre de Valle de Ricote, en la provincia de Murcia,  cuya visita merece la pena y aprovechar para hacer el recorrido por la senda morisca:
Ricote, el sendero morisco y la huerta

Una vez dadas las explicaciones, ambos se abrazan, Sancho sube a su rucio para proseguir su camino y reunirse con don Quijote, y los peregrinos, desperezándose de la siesta, se disponen a reanudar la marcha, dejando abierta la historia de la morisca y su enamorado joven, así como el final de Ricote y su misión.

González Alonso

2 pensamientos en “Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo quincuagésimo cuarto

  1. Si vienes por estas tierras moriscas con gusto te llevaré al Valle de Ricote. Mi marido es un fan de El Quijote que ha leído ya cuatro veces y tiene seis ediciones, una de ellas muy bonita de 1920 en italiano y otra ilustrada por Dalí… gracias Julio, este blog es sumamente interesante. Un abrazo

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    • Me alegra la noticia del afán cervantino de tu marido, Bárbara. Tal vez en este cuaderno encuentre pensamientos y observaciones que le sirvan para compartir con sus propios pensamientos y reflexiones. En mi caso, la lectura del Quijote ya es contínua después de la quinta vez; es, por decirlo de algún modo, el libro que está siempre encima de mi mesa. Tengo seis ediciones y media (me falta el segundo tomo de la de Martín de Riquer, 1994, con ilustraciones de Dalí).

      Y de Ricote, mejor te dejo mis impresiones de la visita al pueblo morisco y su huerta, que espero que os guste. A mí me encantó y sorprendió:

      https://viajarporlosmundos.wordpress.com/2019/03/10/ricote-el-sendero-morisco-y-la-huerta-murcia/

      Un abrazo y a la espera de poder salir de nuevo y viajar a Almería, pasando siempre muy cerca de Ricote.
      Salud.

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