El gallardo español.- Miguel de Cervantes

El gallardo español
Miguel de Cervantes Saavedra

Teatro Clásico completo.- Editorial Penguin Clásicos.-Barcelona, 2016.- Edición de Florencio Sevilla Arroyo

Empezando por el final. Miguel de Cervantes cierra esta comedia de “El gallardo español” con una desenvuelta declaración de intenciones al escribirla, como es la de “mezclar verdades con fabulosos inventos”. Pero, si entre las verdades mezcla gran parte de su historia personal, en los declarados inventos no dejará de proyectar el ensoñamiento y la realidad de una vida que no vivió.

Apreciamos como real en la presente obra el marco histórico en el que se desenvuelve. Esta bella comedia de “moros y cristianos” está centrada en los enfrentamientos del año 1563 en la defensa española de las plazas de Orán, Mazalquivir y el fuerte de San Miguel, y se citan en ella a muchos de sus destacados protagonistas, como el insigne don Álvaro de Bazán. El aspecto histórico se encuentra, como es de ver, bien documentado. Es probable, según los expertos, que Cervantes hiciera la lectura de documentos como “La descripción general de África”, de Mármol y Carvajal, así como el “Diálogo de las guerras de Orán”, de Baltasar de Morales.

En el terreno personal, Cervantes deja la impronta tanto de su experiencia como soldado, como de sus aspiraciones. Los rasgos autobiográficos  teatralizados se refieren, al igual que en Quijote o en la pieza “El trato de Argel”, a la experiencia de su cautiverio y a la de su viaje a Orán por mandato del rey Felipe II en 1581.

Tampoco deja escapar Cervantes la ocasión para denunciar, quejarse o reivindicar la condición del soldado, que él experimentó con gloria en Lepanto, y así nos regalará esta perla cuando el moro Azán pregunta al personaje de don Juan –hermano de Margarita- de dónde es, si es hidalgo o villano y si es rico. Después de declarar su patria y afirmar ser caballero:

Azán.-               ¿Y rico?
Don Juan.-  Eso no; pues que me aplico
                    a ser soldado, señal
                    que de bien me va mal;
                    y esto juro y certifico.

No pasará por alto Miguel de Cervantes el detalle de atribuirse las virtudes de su protagonista don Fernando apellidándole Saavedra y de hacer constar en su expediente su propia experiencia de haber tenido que huir a Italia después de haber herido gravemente a Sigura, lo que don Fernando hace después de haber herido al hermano de su amada Margarita por oponerse al matrimonio entre ambos cuando –sin que personalmente se conocieran Margarita y don Fernando- éste le pide la mano a don Juan, ya que sus padres habían fallecido y él detentaba la patria potestad.

Nos encontramos en esta historia con Arlaxa, una hermosa mora que, atraída por la fama, el valor y los hechos de don Fernando, pide a su enamorado Alimuzel, a cambio de su promesa de desposarse con él, que le traiga preso al cristiano; y una no menos hermosa cristiana, Margarita, que se siente enamorada y quiere conocer a quien la pretensión de hacerla suya fue frustrada por la desgraciada intervención de su hermano.

Estas mujeres y el resto de los protagonistas, en distintos trajes y distintas circunstancias se reunirán en el mismo lugar a lo largo del curso de la guerra y sus avatares. El final, que no puede ser más feliz, acabará con el doble matrimonio de Fernando con Margarita y el de Arlaxa con Muzel.

En mi opinión, más allá de lo anecdótico del enredo amoroso, destacan tres cosas:

1.- El reflejo de las relaciones entre moros y cristianos, complejas, de respeto en muchos aspectos más allá de los enfrentamientos armados debidos a razones de índole económica, más que por otras razones, aunque la cuestión de la fe –mudable en unos y otros- y el honor, se esgriman con ardor. En este contexto, Cervantes aclara y justifica gran parte de las experiencias vividas.

2.- La riqueza y facilidad de versificación demostrada. No es de extrañar que se considerara Cervantes un buen dramaturgo, y tampoco nos extraña su frustración y su encono ante el éxito arrollador en el teatro del genio de Lope de Vega.

3.- La habilidad de Cervantes para conducir con maestría el desarrollo de esta pieza teatral en la que se mezclan tantos ingredientes y resaltar con naturalidad la valerosa actuación del personaje principal, don Fernando Saavedra, haciéndole salir airoso de todas la situaciones, subrayando o reivindicando para sí esa gallardía española.

Pero, si algo más pudiera o debiera agregar, no es sino el agrado de la lectura y la imaginación de ver representada esta pieza en las tablas de un escenario, lo que tal vez –en alguna venturosa ocasión- sea.

González Alonso

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