Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo sexagésimo cuarto

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo sexagésimo cuarto

Que trata de la aventura que más pesadumbre dio a don Quijote de cuantas hasta entonces le habían sucedido

 Este capítulo 64 de la II Parte del Quijote puede juzgarse como uno de los más tristes de los tristes episodios narrados en la novela; en él no quiso Cervantes mostrarnos otros acontecimientos que estorbaran el protagonismo capital de la derrota de don Quijote a manos de El Caballero de la Blanca Luna en las playas de Barcelona. Y lo hará de manera breve y concisa.

Siendo éste el capítulo que marca el punto de inflexión de la trama anunciando el final irremediable de las aventuras y desventuras del Caballero de la Triste Figura, bien merece que nos explayemos en él con un poco más de atención.

Aunque Cervantes trata el hecho sin grandes aspavientos, incluso con una contención no sé si calculada, impuesta por el peso de la trascendencia de lo narrado para la continuación de la novela, o por cansancio, considero de interés juzgar –a la luz del atrevimiento y la osadía de la especulación- cuanto se dice que ocurrió a la orilla del mar Mediterráneo en la ciudad condal. Sigue leyendo

La ínsula de Don Quijote. Actas del XXIII Congreso AISPI, Palermo, 6, 7 y 8 de octubre de 2005

Instituto Cervantes

La ínsula de Don Quijote. Actas del XXIII Congreso AISPI, Palermo, 6, 7 y 8 de octubre de 2005

En la página de la red del Instituto Cervantes y en el apartado de Publicaciones, podéis encontrar ésta noticia sobre el congreso que se menciona en el encabezamiento de esta nota. De igual modo, en el apartado referido a la Literatura, se encuentran las actas del referido congreso.

Las actas, unas en español y otras en italiano, refieren aportaciones de hispanistas italianos sobre aspectos literarios cervantinos y el Quijote, entre los que se encuentran aportaciones tan interesantes como la de María Caballero Wangüemert al tratar el tema del Quijote en América: Don Quijote cabalga de nuevo, la andadura americana, tanto en la presencia material del libro desde sus primeras publicaciones como hasta en la influencia y presencia en las obras literarias americanas. Otra ponencia se encarga del personaje de Sancho Panza con el título El gobierno de Sancho: entre experiencia y conocimiento, de Paola Laura Gorla. También se tendrá en cuenta el aspecto de las traducciones en Un desafío a la traductología contra molinos de viento: El Chisciotte, de Lorenzo Franciosini, o la influencia  en el teatro desarrollada por Jesús G. Maestro en Sancho Panza y Sansón Carrasco: contribuciones a la teatralidad en el Quijote.

Otras cuestiones más que interesantes entre las que tienen presencia en los artículos en español son la noticia de esa tercera parte del Quijote aparecida en el siglo XIX, firmada bajo el seudónimo de Bachiller Avellanado y que presenta María Luisa Tobar, el también homenaje a Cervantes y la lengua española del año 1978 (Antonia Calderone), la presencia del Quijote en la literatura contemporánea argentina para niños, de Crisitna Elsa Blake, o las referencias a la insularidad en el Quijote, con la isla de Sicilia en particular y el protagonismo de la misma Italia que conoció y vivió Miguel de Cervantes.

Con un poco de atención, paciencia y ayuda de traductores para quienes desconocemos el italiano como lengua, pueden leerse el resto de ponencias, de indudable interés todas y cada una de ellas.

González Alonso

En la sima

En la sima

Desde la sima en que la mala suerte
quiso poner a Sancho en duro aprieto
se oye con sus lamentos el discreto
silencio de su burro ante la muerte.

¿Y qué esperar después de conocerte,
guardarme la amistad con tu respeto,
si el trance de esta noche y su secreto
traerán  la desdicha de perderte?

Pasan las horas lentas en el sucio
triste y frío  lugar de la vileza
con lágrimas, lamentos y querellas.

Y en silencio profundo sigue el rucio
filosofando mudo y con tristeza
los mensajes del viento y las estrellas.

González Alonso

*Sancho y su rucio caen por la noche en una profunda sima. El burro, silencioso y patas arriba, miraba la noche estrellada por el agujero del precipicio mientras Sancho gritaba y  se lamentaba convencido de que allí, amo y pollino, acabarían su paso por la vida. (El Quijote.- II, 55)

*Soneto publicado en la revista GURE ZURGAIA-Revista Interoceánica de Literatura (Nº 2. Primavera 2021.- Bilbao)

Don Quijote de la Mancha.- Segunda Parte, capítulo sexagésimo segundo

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo sexagésimo segundo

Que trata de la aventura de la cabeza encantada, con otras niñerías que no pueden dejar de contarse

En casa de su anfitrión en Barcelona, el amigo del bandolero Roque Guinart, el rico hombre don Antonio, Sancho Panza se felicita por su suerte creyendo repetir la experiencia de las bodas de Camacho, disfrutando mucho de los manjares y hablando poco, si no es para puntualizar –y don Quijote lo corroborará- que no se considera tragón ni sucio, capaz de pasarse hasta ocho días con unos frutos secos o de celebrar con generosidad las ocasiones de comer bien y abundante. Se citan dos platos muy conocidos en la época, como es el manjar blanco y las albondiguillas; el primero era considerado un plato de lujo y entre sus ingredientes se cuentan las pechugas de gallina con caldo, leche, azúcar, sal, sémola de trigo o arroz, todo ello convertido en una pasta  frita como los buñuelos. Es un plato que hoy se come en Turquía. En cuanto a las albondiguillas hay que decir que se abusaba de los complementos añadidos a la carne picada y que se tuvieron que dictar normas sobre su composición. Ambos alimentos también se servían en la calle. Sigue leyendo

Don Quijote de la Mancha.- Segunda Parte, capítulo sexagésimo primero

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo sexagésimo primero

De lo que sucedió a don Quijote a la entrada de Barcelona, con otras cosas que tienen más de lo verdadero que de lo discreto

 Después de pasar don Quijote y Sancho tres días y tres noches en la compañía del bandolero Roque Guinart, y admirarse de su modo de vida e inquietudes, siempre al acecho, siempre alerta, siempre huyendo, siempre sospechando y temiendo ser apresado o ser traicionado por los suyos, partirán para Barcelona en compañía del mismo Roque y seis de sus fieles, llegando a sus playas en la noche de la víspera de San Juan.

A la mañana, que llegó pronto, puestos sobre sus monturas, admiraron la grandiosidad del mar que veían por vez primera y consideraron inmenso en comparación con las Lagunas de Ruidera. Tanto en la ciudad como en la playa y los bajeles anclados a su orilla, las gentes hacían ruido de instrumentos y disparos al aire de armas y cañones para celebrar la fiesta del San Juan. Al poco, un nutrido grupo de hombres a caballo se acercó a don Quijote y Sancho Panza, rodeándolos, y el que los mandaba a todos en nombre de Roque Guinart se dirigió a don Quijote para darle la bienvenida con palabras elogiosas de su fama y aventuras. Sigue leyendo

Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo sexagésimo

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo sexagésimo

De lo que sucedió a don Quijote yendo a Barcelona

En la fresca mañana de la salida de don Quijote y Sancho Panza de la venta que fue venta y no castillo a los ojos del caballero y para sorpresa del escudero, tomaron el camino más derecho a Barcelona tras informarse por dónde era. El caso es que Cervantes, publicada ya la segunda parte apócrifa del Quijote por Avellaneda, quiso dejar clara su falsedad  negándose a llevar a su personaje a las justas de Zaragoza, a donde –precisamente- lo llevó el mismo Fernández de Avellaneda tomando como referencia lo manifestado por Cervantes en la primera parte, que era su deseo de que don Quijote participara en aquellas justas.

Como casi todo en el Quijote tiene algún carácter simbólico, aquí también la mención de las encinas o los alcornoques entre los que –después de seis de camino sin nada reseñable que contar- se detuvieron, adquieren ese valor. Al parecer, Cervantes quiere decir que duda entre contar la historia al estilo sublime, correspondiente a las encinas como símbolo de Júpiter, o hacerlo al estilo humilde o ínfimo que representarían los alcornoques. Tal vez, incluso, pueda subyacer en el texto alguna otra intencionalidad que desconocemos.

El caso es que, dormido el cansado Sancho, desvelado don Quijote, éste no paraba de darle a la imaginación y, en éstas, cayó en la cuenta del encantamiento de Dulcinea y la pereza de Sancho para poner en efecto darse los azotes prometidos para su liberación. Decidido don Quijote a poner en lo que pudiere remedio al caso, se acercó a Sancho y empezó a quitarle el cinto para bajarle los calzones y azotarle las posaderas. Sancho despertará asustado y, comprendiendo las intenciones de su amo, se negará a someterse a la azotaina que se le venía encima, llegándose a las manos y reduciendo a don Quijote inmovilizándolo en el suelo. Allí tendido y quejoso, don Quijote acabará aceptando la decisión de su escudero de llevar a cabo el desencantamiento cuando a él le conviniera y del mejor modo que considerara para hacerlo. Sigue leyendo

Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo quincuagésimo noveno

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo quincuagésimo noveno

Donde se cuenta el extraordinario suceso, que se puede tener por aventura, que le sucedió a don Quijote

Se anuncia un suceso que Cervantes acepta como aventura, aunque más que de don Quijote sería aventura personal, o disgusto personal, dándonos noticia de la aparición del Quijote apócrifo de Avellaneda, repartiendo a partes iguales su enfado con el personaje de la novela.

Vimos cómo acababan de ser, amo y mozo, vapuleados y pateados por una manada de toros. Retirados a la orilla de un arroyo donde se refrescan boca y cara, descansarán y Sancho, para reponer fuerzas, dispone las viandas que trae en su zurrón esperando –prudente- a que comenzara a comer su señor don Quijote. Pero el malparado caballero estaba más molido y avergonzado que hambriento, así que Sancho, sin más preámbulos, se entrega a matar el hambre, lo cual causará la intervención quejumbrosa y apesadumbrada de don Quijote, diciéndole: “Come, Sancho, come [  ], sustenta la vida que más que a mí te importa”, para seguir con una declaración conmovedora en la que manifiesta su deseo de morir y hacerlo dejando de comer, “muerte la más cruel de las muertes”. Confiesa que tras haberse sentido “respetado de príncipes, solicitado de doncellas, famoso en las armas y sus historias impresas y publicadas esperando el reconocimiento y las palmas por sus valerosos hechos” no podía sufrir el oprobio de haberse visto “pisado y acoceado y molido de los pies de animales inmundos y soeces”. ¿Alusión al autor que se esconde tras el nombre de Alonso Fernández de Avellaneda? Y, entre los candidatos, se cuentan: Lope de Vega, el clérigo Alonso Fernández Zapata o el que fuera correligionario de Cervantes, Jerónimo de Pasamonte, a quien ridiculizó en el personaje del pícaro Ginés de Pasamonte y a quien alude por su origen aragonés. Y es que, estando en tierras aragonesas, las bestias que cargaron contra don Quijote bien podían ser una metáfora del atropello sufrido con la publicación apócrifa de que se da noticia. De cualquier manera, lo que Cervantes confiesa es estar muy dolido. Por eso, a través de su personaje, confiesa entristecido utilizando un oxímoron sus convicciones: “Yo, Sancho, nací para vivir muriendo”, y sigue, trivializándolo, “y tú, para morir comiendo”. Sigue leyendo

Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo quincuagésimo sexto

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo quincuagésimo sexto

De la descomunal y nunca vista batalla que pasó entre don Quijote de la Mancha y el lacayo Tosilos en la defensa de la hija de la dueña doña Rodríguez

El título alude de manera irónica a la “nunca vista batalla” entre don Quijote y el lacayo Tosilos porque nunca se vio la mencionada batalla ya que nunca tuvo lugar la que, además, hubiera sido una batalla rara entre un supuesto caballero y un lacayo que no profesaba el arte de las armas.

Pasando adelante, nos encontramos a unos duques –duquesa y duque- bastante satisfechos con el resultado de la broma gastada a Sancho Panza con el gobierno de la ínsula que tampoco nunca lo fue, y recibieron de su mayordomo una información detallada de los sucesos de aquel gobierno que coincidía punto por punto con lo narrado por Sancho.

Una vez disfrutado con las anécdotas del gobierno de Sancho y su final, el duque decidió seguir adelante y concertar el duelo pendiente de don Quijote para reparar la afrenta de la hija de la dueña doña Rodríguez. A tal fin harán pasar al lacayo Tosilos por el caballero de la ofensa. El duque le instruirá sobre cómo llevar el combate para vencer a don Quijote “sin matarle ni herirle”. Mandó el duque que se quitasen los hierros a las lanzas y le explicó a don Quijote que así debía ser para no contravenir “el decreto del Santo Concilio”. Sigue leyendo

Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo quincuagésimo quinto

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo quincuagésimo quinto

De las cosas sucedidas a Sancho en el camino, y otras que no hay más que leer

Se le hizo tarde a Sancho Panza después de su encuentro con el morisco Ricote, vecino de su lugar, y la noche lo alcanzó en el camino de vuelta al castillo de los duques donde esperaba reunirse con don Quijote. La mala fortuna, que todo lo enreda, quiso que, avanzando a oscuras, cayera con su burro en una profunda sima y quedara allí, malparado, asustado, lamentando su suerte, pidiendo auxilio y temiendo por su vida y la de su burro, pues se veía más muerto que vivo.

Al despuntar el día pudo ayudar a su asno a darse la vuelta y ponerse en pie, y en un extremo de la fosa encontró un agujero por el que malamente cabía. Pudo pasar al otro lado y descubrió que la gruta se continuaba con trechos que se iluminaban con la luz que pasaba por las grietas que llegaban hasta la superficie. Con una piedra y mucho esfuerzo consiguió ir excavando el hueco y hacer pasar por él al burro. Avanzando por el pasadizo entre lamentos y reflexiones sobre su vida y el gobierno de la ínsula, muchas veces totalmente a oscuras y con el temor de caer en otra sima aún más profunda, llegó a un espacio donde se veía la luz que llegaba a través de la boca de la sima y que ya no tenía más recorrido. Desesperado ante la idea de terminar allí su vida junto a su rucio, se puso a dar grandes voces, lamentándose de su suerte y pidiendo ayuda. Sigue leyendo

Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo quincuagésimo tercero

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo quincuagésimo tercero

Del fatigado fin y remate que tuvo el gobierno de Sancho Panza

 El capítulo arranca con un párrafo que no tiene desperdicio. Pone Cervantes voz al autor árabe, al cual llama irónicamente “filósofo mahomético”, para reflexionar sobre el sentido de la vida y lo accidental y transitorio de lo que en ella ocurre. La visión de este entendimiento fugaz de la existencia humana no lo hace desde presupuestos religiosos, sino desde el puro razonamiento y la observación. Ve el filósofo mahometano en la Naturaleza un ciclo estacional repitiéndose a sí mismo y dentro de él el desarrollo de la vida humana, su inestabilidad  y pronta caducidad. Hace alusión el autor de estas palabras, Cide Hamete Benengeli (nombre encriptado de Miguel de Cervantes), a “la sombra y el humo” en que se deshizo el famoso gobierno de Sancho Panza, referencia bíblica al parecer frecuente en la literatura del siglo XVII: “defecerunt sicut fumus dies mei” (Salmos-101, 4). Pero también hace referencia al uso de un ciclo estacional dividido en cinco estaciones en lugar de las cuatro usadas actualmente: primavera, verano, estío, otoño e invierno, que se correspondía con el ciclo seguido en las tareas del campo y los usos agrícolas medievales, como se puede apreciar –por ejemplo- en las impresionantes pinturas románicas del Panteón de los Reyes de San Isidoro, en León. Sigue leyendo