La conciencia burguesa en el Quijote.- Santiago Montserrat

La conciencia burguesa en el Quijote
Santiago Montserrat
Edición- Universidad Nacional de Córdoba (Argentina), 1968, 2ª edición
Colección de Ensayos y Estudios dirigida por Emilio Sosa López

El libro, escrito desde una perspectiva marxista, interpreta históricamente la novela del Quijote en el contexto de la lucha de clases. Resulta interesante la aportación de una mirada, si no nueva, al menos distinta, a la obra de Cervantes. Por ello, lo primero que aborda el autor es la época en la que el Quijote hace su aparición; época de crisis caracterizada por “la voluntad de secularización del pensamiento y de la vida” en lo filosófico, y en lo social “por el advenimiento de la burguesía” a la que atribuye dos características: “el espíritu de lucro y codicia” y la “voluntad tenaz de dominio de la naturaleza”.

En la pugna de la burguesía se da una asimilación de ciertas formas decadentes de la nobleza que supo adaptarlas a “su propia concepción del mundo”. Este proceso se hará lentamente pero de manera imparable, coexistiendo los cada vez más inútiles ideales medievales junto con los valores y concepciones humanistas de la burguesía emergente. El teocentrismo medieval persistirá para acabar dando paso a un mundo en el que el hombre ocupará el centro del mundo y la cultura. La economía se transforma, la riqueza y el poder cambian de manos y aparecerá “el ciudadano como entidad política individual”. Cuando las ciudades comienzan a gravitar en el centro de la actividad económica con el comercio y la industria, la cultura echa raíces y brota el árbol robusto de una vida nueva que cada vez menos tiene que ver con el ideal medieval y caballeresco.

El Quijote se desenvuelve en los paisajes medievales del campo, los caminos y los Reseña de pueblos o aldeas; apenas toca la ciudad, y cuando lo hace será para acabar vencido y tornar derrotado a su pueblo para morir. Aún así, más allá del Quijote (1605/1615), surgirán de manera anacrónica episodios caballerescos de los que Miguel de Cervantes tendría con seguridad buena noticia, como el protagonizado por el noble leonés Don Suero de Quiñones en la aventura del desafío del Paso Honroso (1434) sobre el mismo Camino de Santiago a la altura de Hospital de Órbigo (León). Allí, a las orillas del río Órbigo, se montaron y celebraron las justas medievales para dirimir una cuestión amorosa después de haber roto 300 lanzas.

Afirma el autor del libro que el mundo que emerge está entreverado “de sueños e ilusiones, heroísmos y crueldades” en un afán invasor que propiciará las grandes empresas del descubrimiento, conquista y colonización de territorios inéditos hasta el momento en Europa; así, encontramos que España se entregará a esta aventura con “heroico brío y una pasión generosa”. Será esta “experiencia sin límites” –asegura el autor- la que reflejará el Quijote “de manera dramática, como si Cervantes hubiese querido mostrar, entre burlas y veras, el glorioso fracaso de España”.

Según Santiago Montserrat, don Quijote representa el viejo mundo de la nobleza, medieval, que adoptará “una actitud moral” ante el mundo, mientras que Sancho verá ese mundo desde una “actitud utilitaria”, representando a la burguesía emergente. Los dos mundos, el viejo y el nuevo, el hombre medieval y el hombre renacentista, se reflejarán así en la novela cervantina y ambos mundos coexistirán y se fundirán para alumbrar al hombre nuevo. Así, Sancho se quijotizará en gran medida y en otra gran medida don Quijote se sanchizará. La última expresión de este fenómeno lo encontraremos representado vívidamente en el episodio final de la muerte de don Quijote, no ya como loco caballero andante, sino como el cuerdo hijodalgo Alonso Quijano el Bueno. Será el momento en que Sancho le pida a su amo que no se muera y le anima a hacerse pastores.

Sin lugar a dudas, Sancho Panza se mueve por los intereses económicos y la ambición de poder que culminará con su gobierno de la ínsula Barataria. Sancho representa la voluntad práctica de la burguesía que no esconde su codicia al mismo tiempo que se consolida asimilando “las decadentes formas de la cultura noble y caballeresca”.

El análisis marxista del Quijote nos conduce a entenderlo desde la dialéctica. La tesis no es destruida por la antítesis, sino que es asimilada y superada en el transcurso del enfrentamiento y coexistencia de ambas.

En otro orden de cosas, resulta interesante resaltar los tres valores que en opinión de Santiago Montserrat hacen del Quijote una obra inmortal:

1.- La intención humorística
2.- La intención psicológica
3.- La intención social

Mediante el primer factor, llevando al extremo las burlas de don Quijote nos presenta a un Sancho como el primer bribón de dichas burlas. Con la intención psicológica nos ofrece la evolución de Sancho Panza y a través de la tercera intención explicará a sus contemporáneos que los ideales caballerescos ya so “incompatibles con las exigencias de la humanidad de su tiempo”.

Es de suponer que Miguel de Cervantes no parte de una actitud planificada y preconcebida, pero ello fluirá de manera natural en su escritura a partir de la concepción erasmista y humanista del mundo que había adquirido (Artículo: “El Renacimiento. Humanismo y erasmismo en Cervantes y el Quijote)

Los tres factores anteriormente citados se corresponden también con tres distintas clases de relación establecidas entre el escudero y su señor:

1.- De orden intelectual en la admiración de Sancho por don Quijote
2.- De orden afectivo y de fidelidad, como Sancho declarará abiertamente
3.- De orden material, cuya máxima expresión será el condado y gobierno de la ínsula

Los análisis subsiguientes desarrollados en este libro vendrán a fundamentar argumentalmente la tesis expuesta que presenta en las figuras de don Quijote y Sancho Panza este momento histórico del ascenso e implantación del modelo renacentista en detrimento y sustitución del orden medieval, o la superación del feudalismo con el desarrollo mercantil e industrial de la burguesía.

González Alonso

La conciencia burguesa en el Quijote

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