Almas dichosas

Almas dichosas que del mortal velo
libres y esentas, por el bien que obrasteis,
desde la baja tierra os levantasteis
a lo más alto y lo mejor del cielo,

y, ardiendo en ira y en honroso celo,
de los cuerpos la fuerza ejercitasteis,
que en propia y sangre ajena colorasteis
el mar vecino y arenoso suelo:

primero que el valor faltó la vida
en los cansados brazos, que, muriendo,
con ser vencidos, llevan la victoria;

y esta vuestra mortal, triste caída
entre el muro y el hierro, os va adquiriendo
fama que el mundo os da, y el cielo gloria.

Miguel de Cervantes
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
I, 40

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