Rinconete y Cortadillo

Rinconete y Cortadillo.- Novelas ejemplares.
Miguel de Cervantes Saavedra

Colección Clásicos Carroggio.- Novelas ejemplares.- Entremeses (Carroggio,S.A. de Ediciones-Barcelona, 1977)

Abrir las Novelas Ejemplares por cualquiera de ellas es una manera de leerlas como otra cualquiera, porque el buen rato de lectura está asegurado. Hoy empiezo por la titulada Rinconete y Cortadillo, o La Cofradía del Señor Monipodio, añado a título personal.

¡Qué magnífico retrato realista de la sociedad del siglo XVII! Cervantes es en esta novela, de las doce llamadas ejemplares que dio a publicar, el Velázquez, Murillo o Goya de la pintura escrita, de pincelada gruesa, pero delicada; mordaz, aunque en los límites de la ironía; observador atento del detalle, de la calidad del lenguaje y sus sutilezas; prolijo en las descripciones, tanto de ambientes, retratos, comidas y platos, como de los espacios, las calles y –sobre todo- de los vestidos y trajes de la época.

Dos jóvenes pícaros hacen amistad en la venta del Molinillo y se dirigen con sus artes e ingenio a la ciudad de Sevilla, a la sazón lugar inmejorable para toda clase de atropellos, vida licenciosa y hurtos, debido a la numerosa población y enorme trasiego de gentes y mercancías llegadas de o con destino a las Indias.

Enseguida la joven pareja hace carrera en la ciudad del Guadalquivir, pasando a formar parte de la rupestre cofradía del llamado señor Monipodio. Prostitutas, tahúres, ladrones, vengadores de ultrajes por encargo a cuchillada limpia, ojeadores, soplones y gente de semejante ralea, hace valer y poner en práctica sus servicios con la permisividad de alguaciles, vista gorda de jueces o bendiciones de curas, interesados en la “mordida” devengada a la piadosa cofradía del latrocinio. Rinconete y Cortadillo comprueban cómo la organizada banda del señor Monipodio tiene sus reglas, su distribución de trabajos y encargos, reparto de ganancias, leyes, administración de justicia y, en fin, todo lo que ahora conocemos por mafia, lo encarnaba puntualmente y de maravilla semejante organización, aunque en la marginalidad y la miseria. Por sus características, la novela podría considerarse dentro del género de la picaresca, aunque -según los críticos- se diferencia del mismo en cuanto a que está narrada en tercera persona y, al final, los pícaros parecen manifestar su deseo de regeneración o toma de conciencia de una moral alejada de los modos del hampa.

Otra sutileza de la pequeña novela que comentamos, se encuentra en el estilo del lenguaje de los desharrapados en su primer encuentro ocurrido en la venta del Molinillo; se dirigen uno al otro con mucha cortesía al estilo retórico de la nobleza haciendo sus respectivas presentaciones, estilo que abandonarán pronto para admitir su cruda realidad de pordioseros, “sin blanca y aun zapatos”. A partir de ahí, Rinconete y Cortadillo pasarán a un discreto silencio, tomando el narrador la voz que conduce la historia hasta su final.

La perspicacia de la narración no esconde la descarnada realidad de una arruinada y descompuesta sociedad en la que los muy pocos eran muy ricos y muy pobres los muchos. El abismo abierto entre las clases sociales era tan ancho e insalvable, como profundo y abocado a un final desastroso. El panorama resulta desolador en las palabras de Cervantes que expone con habilidad, manejando muy bien las claves humorísticas, lo devastador de una nación entregada a la ruina del imperio y las guerras, cargada de deudas y de pobres; un país en la bancarrota que ve pasar el oro y la plata de América camino de las plazas y las manos de los banqueros europeos. Y, sin embargo, la vida sigue y –como el agua- busca salidas sorprendentes e insospechadas donde la risa aflora a los labios de los desheredados y saben hacer cielo del infierno.

Dadas a conocer las fechorías de “la infame academia” de Monipodio, que –desde su autoridad- dictaba los domingos “lecciones de posición acerca de las cosas concernientes con su arte”, Cervantes las sirve como ejemplo y aviso a los que las leyeren. Un aviso que nos sigue descubriendo, cuatrocientos y pico años más tarde, cómo seguimos padeciendo de los mismos males con los mismos perros, aunque con distintos collares, y cómo la corrupción, el latrocinio, los abusos del poder, arruinan a una cada vez más grande masa social empujándola a la desesperación y la marginalidad. Tal vez, releyendo a Cervantes, encontremos el agua de la sonrisa que nos devuelva la dignidad. Vale.

González Alonso

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