La española inglesa

La española inglesa, novela ejemplar de CervantesLa española inglesa
Miguel de Cervantes Saavedra

“La española inglesa”, como “novela ejemplar”, no carece de moraleja o advertencia a modo de enseñanza; su final concluye así: “Esta novela nos podría enseñar cuánto puede la virtud y cuánto la hermosura, pues son bastante juntas y cada una de por sí a enamorar aun hasta los mismos enemigos, y de cómo sabe el cielo sacar de las mayores adversidades nuestros mayores provechos”.

La española inglesa ante a reina de InglaterraToda la historia  de esta novela transcurre en una sucesión de enredos y situaciones extraordinarias y paradójicas. En su lectura se anticipa con facilidad un final que promete ser feliz y cada episodio dramático nos anuncia un desenlace tan increíble como venturoso. La trama, bien urdida, nos conduce con curiosidad e intriga a lo largo de su desarrollo.

Lo más curioso y singular de toda la novela no es el cautiverio de Isabela en Inglaterra La española inglesa.- Cervanteso el de su enamorado inglés Recaredo a manos de los musulmanes; lo que resulta sorprendente es el grado de humanidad y actos liberales y magnánimos movidos por la belleza o la misma bondad y virtudes de la persona en medio de un mundo que se mueve en medio de la violencia del saqueo corsario, de la guerra entre naciones y el odio religioso. Miguel de Cervantes hila con elegancia y finura una historia en la que nos muestra a unos ingleses magnánimos y nobles, incluida su reina, rectos en su proceder y firmes en sus propósitos. Entre ellos, como entre los españoles, tienen cabida también las personas obcecadas, intransigentes, violentas o injustas, pero no serán los que, al fin y a la postre, impondrán su condición. Lo mismo ocurrirá al enjuiciar a los turcos, de quienes sabe confesar la nobleza de corazón por el agradecimiento cuando en el momento de caer Recaredo en sus manos es reconocido por uno de ellos como el capitán corsario inglés que hundió su barco, siendo liberado a continuación él mismo junto a un numeroso grupo de sus compatriotas. Generosidad por generosidad, el turco callará ante las autoridades evitando la muerte del inglés.

Isabela lee la cartaEl amor finalmente, se muestra tanto en el arrebatamiento de la belleza física como en la entrega a la del alma y sus virtudes. Isabela perderá su radiante y juvenil hermosura a manos de una inglesa que la envenena para apartarla del sentimiento descontrolado y loco de su hijo hacia la muchacha que, a su vez, está enamorada de Recaredo y prometida a él por la misma reina de Inglaterra. Salvada de la muerte no puede ser salvada, no obstante, de la fealdad que el veneno dejó en su cuerpo deformado. Pero Recaredo sigue enamorado y promete casarse con ella, decisión que tendrá que aplazar por cuestiones familiares y otros compromisos que lo unían a una antigua prometida escocesa. Cuando Recaredo consigue llegar hasta Sevilla, donde ahora vivirá Isabela, ya el veneno había dejado pasar sus efectos y la joven había recuperado su entera belleza. Y la llegada coincide con el día en que la misma Isabela está poniendo el pie en un convento, decidida a tomar los hábitos después de imaginar el final trágico de Recaredo tras unas  noticias a las que había tenido acceso y que resultaron no ser ciertas. Se produce el encuentro, se aclaran las confusiones, se abrazan los enamorados y así la cautiva Isabela pasa a desposarse con el hijo de aquél que la secuestró en Cádiz para llevársela a Inglaterra.

Isabela y la reina de InglaterraAparte de la visión optimista de las relaciones entre ingleses y españoles más allá de la política, podría entenderse más el deseo de Cervantes por que esto fuera o pudiera ser así que porque realmente lo llegara a ser; aunque no se sabe, pues si el autor del Quijote así lo escribe o así lo expone con su bagaje de experiencias carcelarias y de cautividad en Argel y en España, tal vez merezca la pena darle crédito.

Lo que sí tuvo que sorprender, y bastante, es la manera de enjuiciar a los ingleses después del final de la Armada Invencible, para la que el mismo Cervantes trabajó en la ingrata misión de recaudar impuestos y que le costó la excomunión de una Iglesia a la que la Armada iba a defender junto a todo el catolicismo. Tal vez, esto sí, podría suponer una pequeña venganza con aquella Iglesia mezquina que tan mal le trató. Porque, curiosamente, los problemas de Cervantes con la Iglesia no lo fueron por razones literarias, sino económicas. La Inquisición no tuvo mayores problemas con los textos cervantinos, o no lo fueron mayores que los de otros autores de la época.

Sea como sea, podemos disfrutar de otro texto de un Miguel de Cervantes que quizás conociera hacia 1605 en Valladolid a William Shakespeare dejando para él y todos sus conciudadanos esta visión amable de su país y una llamada a la esperanza para todos si nos dejamos guiar de los buenos sentimientos y el amor. Sea.

González Alonso

Isabela.- La española inglesa.- Miguel de Cervantes

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