El amante liberal.- Novelas ejemplares

El amante liberal – Novelas ejemplares
Miguel de Cervantes Saavedra

El primer párrafo de la novela arranca con una poética invocación ante las ruinas de Nicosia de un cautivo cristiano que se lamenta del destino que lo tiene tan sin ventura en su cautiverio como lo estuvo igualmente siendo libre.

Las causas de su pesar serán confesadas a un cristiano convertido al Islam del que se hizo amigo. Los amores por una tal Leonisa, de quien estuvo enamorado desde sus más tiernos años, y las preferencias de ésta por un tal Cornelio para dar gusto a sus padres, serán la causa de su destino, el cual se precipita cuando los sorprende en un lugar apartado de un jardín en medio de una fiesta y, movido por los celos, reprocha a Leonisa su elección y la considera a ella y el amor que por ella siente “enemiga mortal de mi descanso”, frase usada también en el Quijote y en otra historia amorosa (I, cap, 27) aunque en esa ocasión está dirigida a la memoria (¡Oh memoria, enemiga mortal de mi descanso). El caso es que, entre las quejas y los reproches se enfrentará a Cornelio y se desatará una verdadera batalla campal, con cuyo estruendo no se percataron de la llegada de un destacamento de turcos desembarcados sin ser percibidos que secuestran a los que no tienen tiempo de huir, entre ellos Leonisa y el joven enamorado, Ricardo.

Ricardo ofrecerá toda su fortuna para conseguir el rescate de la joven, pero las gestiones fracasarán y se verán embarcados en dos naves distintas que se harán rápidamente a la mar. La mala suerte quiso que una tormenta arrastrara una de las galeotas, en la que se encontraba Leonisa, contra unos acantilados, destrozándose la embarcación y desapareciendo sus ocupantes entre las olas.

La desesperación de Ricardo le lleva al extremo de desear su propio fin. Pero el destino, que todo lo enreda, quiso que el cautivo encontrase a Leonisa, dada por muerta, cuando un viejo judío trataba de venderla. La belleza de la joven, descrita de manera apasionada, cautivará cuantos la ven y pretenden comprarla, que son el virrey saliente y el entrante, ambos reclamando su derecho a la compra. Como ambos argumentan que la quieren para regalársela al Gran Sultán, mediará el viejo cadí a quien servía el amigo de Ricardo, haciéndoles pagar a cada uno la mitad del rescate y comprometiéndose él mismo a llevarla ante el Gran Sultán. Ambos ceden, pero lo que no saben es que el cadí tiene las mismas intenciones de quedarse con la joven.

El amigo de Ricardo hará lo posible para que éste pase a pertenecer a su señor el cadí, y así poder estar cerca de Leonisa. Con el nombre de Mario llegará a la casa de su nuevo señor y la esposa de éste, Halima, una cristiana convertida en musulmana, se prendará del joven Mario. El cadí por un lado y Halima por el otro, buscarán la manera de hacer saber a los jóvenes sus intenciones, usando el cadí de emisario a Rodrigo, que usaba el nombre de Mario, y Halima a Leonisa. De este modo, se encontrarán, se producirá la sorpresa, se sucederán las explicaciones, las declaraciones y las intenciones de actuar del modo más conveniente para conseguir su liberación.

La novela, como se ve, retoma el tema morisco y el del propio cautiverio de Miguel de Cervantes, del cual había dado ya cuenta en “Los baños de Argel” y en el Quijote con la historia del cautivo que vuelve con una mora a sus tierras de las montañas de León (I, cap. 34 al 41).

La trama de “El amante liberal” continuará con una serie de intrigas y planes para conseguir a Leonisa el cadi y los virreyes turcos y a Ricardo la esposa del cadí, Halima. Todo llegará a buen fin gracias a la ayuda de Mahamut, el amigo de Ricardo convertido al Islam cuando pretende, arrepentido, volver al cristianismo. Una huida por mar, unos planes para acabar con la vida de unos y otros a fin de hacerse con Leonisa y Ricardo, y un desenlace que pone a los jóvenes, a Halima y a Mahamut, en las costas de su patria y son recibidos con gran alegría de los vecinos y familiares de Leonisa.

Ricardo, una vez liberados y ante los padre de Leonisa y su pretendiente, Cornelio, renuncia a su amada a favor de Cornelio a quien se la dará, desdiciéndose enseguida y reconocer a continuación que Leonisa era libre y la única dueña de su destino para decidir y elegir a quien querer o no querer. “porque no es posible que nadie pueda demostrarse liberal con lo ajeno”, y afirmando que sólo “Leonisa es suya” y que nadie tiene derecho ni puede oponerse a su voluntad.

Tal vez hoy día en muchos lugares del mundo, países y naciones, este derecho de la persona a disponer de sí misma nos parezca algo obvio y elemental. Pero no lo es tanto, y menos aún si esa persona es una mujer. No es preciso hacer un recorrido muy largo en nuestra propia historia ni en el de la actualidad de nuestro entorno. No hace falta citar países y regiones, culturas ni creencias. Pienso, por tanto, que de todo el enredo y aventuras de la novela, más o menos entretenidas, hay algo que la hace verdaderamente grande y ejemplar, y ese algo está resumido en ese final con una declaración tan meridianamente clara y directa a favor de la libertad de la persona en general y de los derechos y libertad de la mujer, en particular. A cuatrocientos años de distancia.
Vale.

González Alonso

Anuncios