Regalar poesía

foto-libro-ruido-de-angeles¿Qué tal unas navidades con poesía? Tal vez sea un buen regalo. Un libro, o dos, o tres… Y como los títulos son incontables, me atrevo a recomendaros e invitaros a probar a leer cualquiera de estos de los que hasta ahora he publicado en solitario. Hacerse con ellos es fácil; hoy día basta poner el título y el autor en cualquier buscador de internet, y ya estará localizado para solicitarlo. También está el recurso de acudir a una librería y pedirlo. Serán una buenas Navidades.

1.- Ruido de ángeles (Editorial Vitruvio, 2020). Este título ha sido incluído en la lista de los 12 libros de poesía recomendados por la Asociación de Editores de Poesía (Tusquets, Vitruvio, Visor, Rialp, Hiperión, Rilke, Poesía eres tú 11 y Pretextos). Figura en el número 2 entre autores consagrados de indudable prestigio: ASOCIACIÓN DE EDITORES DE POESÍA 2020. Prólogo de María Merino

Lucernarios 42.- Lucernarios (Ed. Vitruvio, 2016). 53 poemas agrupados en cinco apartados: Más cerca de lo humano; Confusiones; En horas de amor y desamor; La luz de las ciudades; Los designios. Prólogo de Pepa Agüera

3.- Testimonio de la desnudez ( Fundación Jorge Guillén-Diputación de Valladolid-Urueña Villa del Libro, 2015.- Nº 11 de la colección Maravillas Concretas.- Ex aequo II Premio Nacional de Poesía Treciembre)

Insisto en la invitación a acompañaros de alguna de estas lecturas en estos días festivos y familiares; una ocasión, también, para regalar poesía a alguna persona próxima; una opción, en fin, distinta a lo acostumbrado y que puede marcar la diferencia. ¡Salud!

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Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo septuagésimo primero

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo septuagésimo primero

De lo que a don Quijote le sucedió con su escudero Sancho yendo a su aldea

azotes de SanchoSe nos aparece un don Quijote menos convencido y más dudoso de lo ocurrido con la resurrección de Altisidora por la mediación virtuosa de Sancho Panza, y Sancho se queja de que su virtud de curar, desencantar y resucitar tenga que ser a costa de sufrir palos y mofas y, para mayor escarnio, resulte ser virtud tan mal pagada si se considera que hay médicos que cobran por recetar medicinas que hace el boticario y por certificar la muerte de sus pacientes.

De unas a otras llegarán en sus conversaciones a Dulcinea, su desencantamiento aún pendiente y los azotes que Sancho deberá darse para remediarlo. En  el enjundioso diálogo Sancho acuerda con don Quijote tasar el precio de cada azote y el importe total en una cuenta harto generosa en cuartos y reales. Don Quijote acepta cuanto Sancho establece e incluso eleva la suma si empieza ya a cumplir lo pactado. Sancho, más saco de avaricia que nunca, dice estar dispuesto al sacrificio –y a cobrarse la sustanciosa suma acordada- aquella misma noche.

Y llega la noche que a don Quijote le parecía que se hacía esperar más de loSancho se azota1t acostumbrado, según la impaciencia que le consumía por ver que Dulcinea quedara desencantada. Se apartaron a un lado del camino en medio de un bosquecillo de hayas. Dicho sea de paso, el hayedo más al sur de España y de Europa se encuentra en Guadalajara, bastante alejado de las rutas quijotescas con lo que nos tomaremos este dato como una licencia de Cervantes o, según quienes apuestan por una topografía leonesa del Quijote oculta en la manchega como alusión a su pasado judío (los judío eran los “manchados”), se podría decir que la escena estaría ubicada en tierras del Reino de León por Zamora o la provincia leonesa. Pero dejando a un lado estas conjeturas y disputas por apropiarse patria y territorio quijotescos y cervantinos, sepamos que en mitad del hayedo Sancho se apartará unos veinte pasos de su amo y desnudándose de cintura para arriba dará comienzo a la flagelación con un látigo hecho con las correas y cinchas del rucio. Apenas había descargado siete u ocho golpes sobre sus espaldas cuando sintió el rigor del castigo y, deteniéndose, cambia el precio de cada latigazo doblando su importe. Entiende don Quijote la dureza de la pena y siente que el desencantamiento de Dulcinea puede peligrar, así que aceptará el nuevo precio; sólo teme que a Sancho no le alcancen las fuerzas para cumplimentar los más de tres mil y trescientos golpes que le faltan y, preocupado, le aconseja que mida bien su resistencia para no llevar el castigo al extremo de no poder cumplirlo totalmente. Sigue leyendo