A través del Quijote.- José María Merino

A través del Quijote
José María Merino

a través del Quijote MerinoEditorial Reino de Cordelia, 2019

La edición de este libro, publicado por la editorial Reino de Cordelia, que cuenta entre sus publicaciones con una magnífica e innovadora edición del Quijote en dos volúmenes, de Pollux Hernández y Emilio Pascual (2015), es en su formato, tipo de letra, impresión calidad del papel e ilustraciones un excelente libro detrás del cual se adivina el trabajo de quienes aman los libros y aman a los lectores.

Yendo al contenido del libro y el trabajo que aquí nos presenta José María Merino, irregular en su conjunto, me gustaría señalar –al menos- algunos puntos de vista sobre la obra cervantina con los que coincido y sobre los que mantengo la misma postura desde hace años. Coincidir no quiere decir tener más razón ni menos que otros autores con opiniones distintas e incluso opuestas. Porque se trata de meras opiniones, cuando no conjeturas, no de verdades absolutas e irrefutables. Y se trata, en todo caso, de un juego sobre el juego de la novela de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha de la primera parte o Caballero en la segunda.

Pues bien, en primer lugar digamos que, al igual que J. M. Merino, me inclino por considerar como patria de don Quijote y Sancho Panza el lugar que fue y que hoy es pueblo manchego de Miguel Esteban. De entre las razones para elegir éste y no otro lugar, se cuentan las de la proximidad al Toboso y la de encerrar en su nombre el del autor del Quijote. Queda, sin embargo, la duda razonable del tiempo empleado en la tercera y última salida de don Quijote para llegar al Toboso acompañado por Sancho en busca del castillo o palacio de Dulcinea encontrándose, en su lugar, con las sombras de la torre y la iglesia rodeada por el cementerio que tantos reparos le produjo a Sancho así como el nacimiento de la frase proverbial “con la iglesia hemos topado”, que ni es literal ni tuvo nunca el significado que hoy se le asigna; costumbre ésta ubicar los cementerios nada propia de las iglesias manchegas, por cierto.

Otro punto de coincidencia es el referido al pasado judío de Miguel de Cervantes. Sin demasiadas reflexiones y a vuelapluma José María Merino lo deja caer citando algún libro controvertido, así como tomando en cuenta algunos comentarios sobre el morisco Ricote. Por último, la visión que se da de la mujer en el Quijote en el capítulo cincuenta, “Alegrías de Teresa Panza”, me parece afortunada y, lo que es mejor, muy interesante.

Podría añadir, y añado, que también participo de esa benévola inclinación a ver en el Quijote y en Miguel de Cervantes muchos elementos leoneses.

MerinoPero dejado dicho lo anterior no puedo afirmar que “A Través del Quijote” sea de lo mejor del escritor leonés José María Merino, al que he leído y admiro en títulos como “Los camino del Esla”, hecho al alimón con Juan Pedro Aparicio, “Intramuros”, “La orilla oscura”, “El Caldero de Oro” o “Cuentos del reino secreto”, entre otros muchos de su amplia lista de publicaciones de gran calidad y en las que nos regala su particular y original voz narrativa.

A Través del Quijote” me parece un libro de aluvión, traído por los pelos y al rebufo de las celebraciones centenarias del Quijote. Tiene el inconveniente de no servir a los lectores habituales del Quijote ni a los que no lo han leído o lo han hecho de manera parcial o a salto de mata. Porque a quienes lo han leído no les aporta ni descubre nada nuevo en la repetida y resumida cuenta de los capítulos y aventuras quijotescas; y a quienes no lo leyeron apenas les hará concebir una idea general de la obra.

Me parece a mí este trabajo un mal remedo del viaje periodístico de Azorín a los lugares del Quijote, disperso y flojo, lleno de generalidades salpicadas de anécdotas y opiniones irrelevantes en el clima pseudointelectual y afectivo  de sus imaginados protagonistas. Y a este viaje se le superponen textos y comentarios de lo que al parecer fue un curso impartido por el profesor Sabino Ordás, un personaje apócrifo. Lo malo es que ni podemos leer algo interesante en las sobreentendidas intervenciones del profesor ni mucho menos en las de sus discípulos, entre los que de manera poco humilde parece sobresalir el propio autor del libro que se mezcla con los personajes del libro con intervenciones que no llegan a ocurrentes y cuentecitos sin chispa al hilo de la novela cervantina. Los escritos atribuidos a los otros participantes en el curso, añadidos como finales de los capítulos comentados son, en general, poco afortunados o chirrían de manera estridente con la lógica quijotesca, por hiperbólicos o por pueriles.

Los argumentos esgrimidos en los comentarios aparecen a lo largo del libro de forma dispersa, deslavazados, incompletos y tediosamente superficiales. Hay una gran profusión de citas de autores y distintas autoridades cervantistas traídos por los pelos o de manera gratuita con la mención de obras y conferencias y valoraciones personales de por medio faltas de carácter.

La escritura a saltos e irregular de los capítulos está trufada de observaciones que los personajes hacen del viaje por los lugares del Quijote. A veces no coinciden lugares y observaciones o las reflexiones dejadas no se sustentan en la misma experiencia del viaje, que parece un pretexto, sin que nos revelen descubrimientos dignos de mención. He tenido, como lector, la sensación de asistir a una charla informal, de circunstancias, que con algunos amigos y colegas podría haber llevado a cabo cualquiera alrededor de una mesa en un café, sólo que más aburrida. Entre las incoherencias más reseñables, que en cualquier reunión informal aparecen y no tienen mayor importancia, me llamó la atención aquella del capítulo XXII donde los protagonistas toman los postres antes de servirse la comida. Pero, mire usted, dicho despiste tampoco es mayor que el de Cervantes al hacer desparecer y aparecer el rucio de Sancho Panza en diferentes capítulos y con explicaciones posteriores. Dejémoslo, si se quiere, como un irónico homenaje a Cervantes y el Quijote.

Siento tener que decir todo esto de esta hermosa edición y de su autor, por el que tengo una gran aprecio y respeto, como excelente escritor que es y como paisano; pero tampoco puedo engañarme a mí mismo y callar o mentir diciendo algo distinto a lo que pienso, admitiendo que pueda estar equivocado como crítico, no como lector. Sea como fuere, estoy agradecido a esta lectura y valoro el trabajo que hay detrás de este libro que, no me cabe duda, está escrito con honestidad, amor, admiración y gran respeto por el Quijote y su autor, el que firmaba Miguel de Cerbantes Saavedra y que para la posteridad pasó con su leve tartamudez y la heroica manquedad de la herida habida en Lepanto, como Cervantes.

González Alonso

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