El celoso extremeño

El celoso extremeño.- Novelas Ejemplares
Miguel de Cervantes Saavedra

Clásicos Carroggio.- (Barcelona, 1977)

Las conocidas como Novelas Ejemplares de Miguel de Cervantes tratan, fundamentalmente, el tema del amor, y a partir del tema del amor se extiende en opiniones y críticas sociales más o menos veladas o muy a las claras. La de “El celoso extremeño” no va a ser diferente en cuanto al tema del amor, pero sí contiene algunas características que la hacen diferente en cuanto a su tratamiento. Para empezar, digamos que esta novela le fue censurada por no considerarla las autoridades apta para ser tenida por “ejemplar”. Luego, digamos que el amor –habitualmente entre personas jóvenes con algún impedimento social para vivirlo libremente- se tratará en el contexto del matrimonio y su estrepitoso fracaso cuando éste se funda en la relación de una persona extremadamente joven y otra extremadamente vieja. Si en el caso del amor y matrimonio entre jóvenes el final feliz se desprende del enamoramiento que todo lo puede y supera, en el del desequilibrado matrimonio de un viejo y una jovencita sólo puede concluir con un final amargo. Y éste es el caso de “El celoso extremeño”.

¿Cuánto hay de experiencia personal y, por tanto, autobiográfico en esta pieza literaria? Las similitudes entre el personaje de la novela y el personaje Cervantes no dejan de sorprendernos. Salido de su casa, viajero por Italia en busca de fortuna, la vuelta a España y su intento de pasar a las Indias desde Sevilla como remedio y salida “a la que otros muchos perdidos en aquella ciudad se acogen”. El personaje de la novela llegará a las Indias y volver viejo y rico, cosa que Cervantes no consiguió. También es cierto que Cervantes conoció y vivió el exaltado amor juvenil del que dejaría –probablemente- un hijo y su madre en Italia, y que otra hija le nacería de su relación con Ana de Villafranca y de Rojas, la joven y atractiva mujer de un vinatero madrileño, que luego se fue a Esquivias y que allí se casó con una moza 18 años más joven que él, Catalina de Salazar, cuando rondaba los 37 de edad. Y que su matrimonio no resultó ser, precisamente, un éxito.

El viaje del hidalgo protagonista de la novela a través del océano es la oportunidad soñada de cambiar de estilo de vida y, sobre todo, con las mujeres. Podría entenderse lo mismo de un Cervantes en su viaje de Madrid a Esquivias, por tierra y más corto, pero no menos decisivo.

A partir de aquí ya no sabremos más de Cervantes y sí del hidalgo viajero que, llegado a Perú con una edad de más de 40 años, pasó allí otros veinte antes de regresar enriquecido a España.

El hombre, rico, viejo y solo, sin amigos ni parientes por haber muerto o estar desaparecidos, empieza a pensar qué hacer con toda su fortuna, acabando por pensar en casarse, aunque esto le diera bastante miedo porque era extremadamente celoso, de manera que desiste una y otra vez de cuantas veces se le pasa por la cabeza esta idea.

Pero como no siempre las cosas salen como pensamos ni aún como las queremos, el destino dispuso que el buen hombre fuese a fijarse en los encantos de una jovencita de no más de 13 años y que se encaprichara de ella sin detenerse a considerar la abrumadora diferencia de edad entre ellos. Pensaba, por el contrario, que siendo tan joven e inexperta podría retenerla mejor educándola y moldeándola a su gusto e, incluso, llegar a tener descendencia a pesar de los inconvenientes de su avanzada edad.

Consigue el hidalgo sus pretensiones, llena de regalos y favores a los padres de la muchacha y lo dispone todo de tal modo que la casa a donde conduce a su jovencísima esposa es, más que casa, un convento o cárcel en la que solamente vivían con el matrimonio, sin salir o haciéndolo de manera escasa y muy controlada, las criadas de la casa y un viejo eunuco negro, éste apartado del resto de la casa y para cuidar la entrada. Allí, el viejo celoso, colmaba a su mujer y las criadas de regalos, dulces, vestidos y todo cuanto pudieran imaginar sin que pudieran salir a la calle, salvo un día a la semana para ir a misa y, esto, con grandes precauciones, día que la joven aprovechaba para hablar con sus padres, siempre en presencia de su marido.

Como es de imaginar, tanto encierro y secreto siempre despiertan curiosidad propia y ajena; así, un joven y rico ocioso tomará la determinación de entrar en la casa convertida en fortaleza y conquistar a la joven esposa.

Van cayendo cerrojos, cediendo muros, abriéndose puertas con las estratagemas y argucias del decidido joven, siempre auxiliado por sus amigos, que se hará pasar por músico y convence al viejo eunuco ofreciéndose a enseñarle a tocar la guitarra. En el enredo, el eunuco y las criadas convencen a la joven esposa para dejarlo entrar y disfrutar de la música y el baile. Para ello hacen dormir profundamente al viejo con un brebaje, se entregan a la fiesta y –como era de esperar- la muchacha cederá a las pretensiones del joven músico y ambos se quedan dormidos sin que el músico consiga seducir totalmente a la mujer del viejo, éste se despierta y totalmente turbado se levanta, descubre la puerta de la habitación abierta, la usencia de su esposa y luego a ésta y al músico dormidos en otro aposento, conteniendo su primer impulso de ira y decidiendo esperar para sopesar el alcance de su venganza.

Todo, en fin, se descubre y cuando la situación resulta más desesperada, el viejo celosos se siente enfermo y próximo a morir, reconociendo en ese momento  lo antinatural de su negocio y confesándose responsable de lo ocurrido al querer vencer lo que resulta invencible en el amor, así como los cortos quince años de su mujer frente a los casi ochenta suyos. Decide, pues, que a su muerte se case su viuda con el joven que había burlado sus cuidados, reparte su herencia de manera generosa entre su mujer, sus suegros y sus sirvientes, excepto la dueña. Y muere.

Es curiosa la fijación de Cervantes con las dueñas, que tanto aquí como en el Quijote critica sin piedad. Pero siguiendo con la novela, tenemos que la joven viuda, contrariamente a lo recomendado por su fallecido marido, rechazará al joven e ingresa en un convento en un final totalmente inesperado.

Aparta de la evidente evocación autobiográfica en el tema amoroso y de los celos, se da en “El celoso extremeño” el tratamiento del amor en la vejez con un final amargo que no se corresponde –como dijimos- con los finales felices del resto de la novelas ejemplares en las que la edad de los enamorados se encuentra en la corta juventud, como ocurre en La Gitanilla, La ilustre fregona, El amante liberal  en Las dos doncellas. Lo enrevesado del argumento y la exageración de las situaciones, incluida la afición por la música y el baile usados como artimaña para romper los cerrojos del aislamiento impuesto a la jovencísima esposa, solamente forman parte de los recursos narrativos de Cervantes para poner de manifiesto el fracaso de una relación tan desigual como disparatada, llevando a un final que apunta a las consecuencias trágicas de dicho fracaso.

Novela ejemplar, censurada o no, novedosa e interesante entre las Novelas Ejemplares.

González Alonso

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