Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo quincuagésimo primero

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo quincuagésimo primero

Del progreso del gobierno de Sancho Panza, con otros sucesos tales como buenos

A la mañana siguiente de la ronda, Sancho se dispone a desayunar y vuelve a comprobar lo ligero de la comida. Protesta con el hambre en el estómago y el doctor Tirteafuera vuelve a justificar el ayuno como conveniente al cargo de gobernador siendo sabido por todos que el hambre aviva el ingenio, y que éste es muy necesario a los gobernadores para resolver los problemas. No le pareció bien a Sancho el razonamiento, pero antes de que pudiera añadir nada le presentan el primer caso de la mañana para resolver, una especie de acertijo sin solución en el que si la persona mentía no podía cruzar un puente y debía morir ahorcado allí mismo, y si decía la verdad pasaba el puente sin problemas y podía vivir. Pero el caso es que el sujeto de la historia jura decir la verdad cuando afirma que iba a ser muerto en la horca que tenían preparada para los mentirosos. El dilema era claro; si lo dejaban pasar y vivía es que había dicho la verdad, pero si era verdad debía morir para que no fuera mentira. No podía, en definitiva, ni morir ni vivir sin que dejara de cumplirse la ley.

Sancho, que encontró el caso sin solución le dio, o obstante, una solución al caso y decretó que debía pasar libremente y vivir, apelando al sentido común y los consejos que le había dado don Quijote antes de embarcarse en el gobierno de Barataria, afirmando que “siempre es alabado más hacer el bien que el mal” y que “cuando la justicia estuviese en duda había de decantarse y acogerse a la misericordia”.

Sorprendió la agudeza de Sancho, tanto, que el mayordomo prometió y cumplió la palabra de darle una muy buena comida, pesándole estar matando de hambre a aquel hombre bueno y discreto, máxime cuando para aquella misma noche le tenían preparada la mayor burla de las que pudieron imaginar. Comió Sancho a su gusto y al concluir la comida recibió una carta de don Quijote que leyeron en voz alta y en la que le trataba de amigo y decía cómo estaba sorprendido de las noticias sobre el gobierno de la ínsula, admirando su discreción y humildad.

Aprovecha Cervantes el motivo de la carta para, al mismo tiempo que despacha consejos para Sancho Panza, lanzar agudas críticas a la Justicia y el modo de ejercerla desde el gobierno.

Sancho se dispone inmediatamente a dar respuesta dictando otra carta para don Quijote. Cargada de ironía describe su desengaño con el gobierno, al verse hambriento y siempre ocupado sin poder descansar holgadamente; asegura no haber prevaricado ni cometido cohecho –sobre todo porque no ha tenido tiempo ni ocasión-, cuenta el caso de la bella muchacha disfrazada de chico y de su hermano disfrazado de chica que encontraron en la ronda nocturna y cómo él pensaba en el muchacho para yerno y el maestresala en la joven para tomarla por esposa. Declara cómo intervino en un caso de fraude de avellanas en el mercado, la pena impuesta y otras medidas; se interesa por la duquesa y la carta a su mujer Teresa y dicen que, en el ejercicio de sus funciones, hizo luego Sancho unas ordenanzas tan bien dispuestas y acertadas que “hasta hoy se guardan en aquel lugar, y se nombran Las constituciones del gran gobernador Sancho Panza”

González Alonso

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