La Gitanilla

La Gitanilla – Novelas ejemplares

Miguel de Cervantes Saavedra

Sin pelos en la lengua, Cervantes planta en las primeras líneas de La Gitanilla lo que se decía y pensaba de los gitanos, que ni era poco ni era bueno. No me atrevería a afirmar que el mismo Cervantes participara en todo o en parte de dichas opiniones, pero él las pone negro sobre blanco a la hora de abrir la novela que, siendo ejemplar en muchos aspectos y por definición, nos adentra en un mundo difícil y sórdido en el que regían las leyes particulares, el estilo de vida y los juicios propios, ajenos al común de la sociedad, para descubrir entre sus líneas también lo humano que se atesora entre quienes viven, resisten y sufren dichos mundos y, entre todo ello, lo inefable del amor. Porque La Gitanilla es, en definitiva, una novela de amor juvenil, de enamoramientos y pasiones desbordantes; pero también, aunque parezca difícil de conjugar, de íntegra honestidad y dignidad.

No se ahorra Miguel de Cervantes un merecido final feliz para esta historia de enredos en la que dos jóvenes siguen sus inclinaciones y nos los presenta abrazados a lo que da sentido y plenitud a sus vidas, que no es otra cosa que el amor en su mutua correspondencia.

Tomemos, pues, las palabras iniciales de Cervantes acerca de los gitanos como el testimonio puesto por escrito de lo que debía ser el sentir general en la sociedad española del siglo XVI para bucear en un mundo muy particular y sacar a relucir lo mejor del ser humano, que es –como hemos dicho- su capacidad de enamorarse y de amar.

Parece que los gitanos y gitanas solamente nacieron en el mundo para ser ladrones; nacen de padres ladrones, críanse con ladrones, estudian para ladrones y, finalmente, salen con ser ladrones corrientes y molientes a todo ruedo, y la gana de hurtar y el hurtar son en ellos como accidentes inseparables, que no se quitan sino con la muerte.” Y, en consecuencia, tendremos una gitana vieja criando a una niña robada que hacía pasar por nieta, lista, despejada, guapa y con cualidades para el baile y el cante, todo lo cual explotará la gitana en su propio provecho.

Pero la vida da vueltas y revueltas y la gitanilla irá creciendo así en belleza como en facultades y virtudes para llegar a ser finalmente conocida por un joven, también guapo, culto, algo poeta y de buena familia; se enamorarán y, posteriormente, se descubrirá que la gitanilla no era gitana, sino que había sido robada y que su origen venía de una familia acomodada y respetable como la del joven pretendiente. Mientras todo se descubre, el mozo enamorado hará cuanto esté en su mano y sea necesario para estar cerca de la gitanilla, incluso vivir como un gitano más y según sus costumbres. Y con la conclusión feliz del enredo llegará la alegría para todos sin que haya castigo para nadie por el hurto de la niña, pues la felicidad es generosa y “a la alegría del hallazgo de los desposados se enterró la venganza y resucitó la clemencia”, sentencia Cervantes.

González Alonso

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