Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo cuadragésimo sexto

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo cuadragésimo sexto

Del temeroso espanto cencerril y gatuno que recibió don Quijote en el discurso de los amores de la enamorada Altisidora

 Don Quijote pasó la noche en blanco tras la música y declaración amorosa de la joven Altisidora; se levantó y visitó prenda a prenda como detalla Cervantes y de la manera que mejor pudo para presentarse ante los duques. En el recorrido, Altisidora y una amiga suya, lo estaban esperando para seguir con la broma del enamoramiento y ver cómo se defendía y aferraba al amor de Dulcinea. Finge Altisidora caer desmayada al ver a don Quijote, la amiga acude a socorrerla abriéndole el pecho y don Quijote se acerca a las jóvenes asegurando saber “de dónde proceden estos accidentes”. La amiga de Altisidora asegura que siempre fue una mujer muy sana y que la culpa es de don Quijote y todos los caballeros andantes del mundo, pidiéndole que se vaya de allí en cuanto antes si no puede hacer nada para remediarlo. Don Quijote respondió que haría algo para resolver aquel mal de Altisidora sin por la noche le facilitaban un laúd en su alcoba.

Altisidora y la amiga les informan a los duques cómo van las bromas y conciertan con ellos una nueva burla para la noche. Pasará el día don Quijote platicando con los duques y la duquesa envió a un paje suyo con la carta que Sancho le había escrito a su mujer Teresa Panza.

Llegada la noche, don Quijote encontró en su aposento una vihuela y, después de afinarla como pudo, dicen que entonó un romance con “voz ronquilla aunque entonada”, que comenzaba así:

Suelen las fuerzas de amor
sacar de quicio las almas,
tomando por instrumento
la ociosidad descuidada.

Seguía aconsejando en el romance a la enamora Altisidora estar siempre ocupada, cuidar su honestidad, desconfiar de los amores a primera vista o flechazos confesando su inquebrantable amor por Dulcinea del Toboso, para terminar diciendo:

La firmeza en los amantes
es la parte más preciada,
por quien hace amor milagros
y a sí mesmos los levanta.

Terminada la canción hicieron soltar desde el corredor situado justo encima de la habitación de don Quijote un cordel con cencerros y un saco lleno de gatos. El estruendo de los cencerros y el maullar de los asustados gatos resultaban ensordecedores, y unos cuantos gatos consiguieron saltar del saco y colarse en los aposentos de don Quijote corriendo despavoridos de un lado a otro en busca de salida. Don Quijote echó mano a su espada y se lió a mandobles con los gatos que tomó por encantadores enemigos y malvados hechiceros; uno de los gatos le saltó a la cara y se agarro con sus garras a sus narices, sin que hubiera modo de quitárselo de encima. Llegaron los duques con la compañía del castillo, consiguieron al fin arrancarle el gato del rostro y echarlo por la ventana, y Altisidora se prestó a curarle las heridas a don Quijote mientras le decía que todo ello le pasaba por rechazarla y preferir el amor de Dulcinea. Don Quijote dio un suspiro por toda respuesta y se tendió en el lecho tras agradecer a los duques la intención de asistirle en aquella extraña aventura.

Se fueron los duques un tanto pesarosos por el resultado de la broma que le costó a don Quijote cinco días de reposo durante los cuales le sucedió otra aventura “más gustosa que la pasada” y que el historiador contará más adelante, después de referir cómo le iban las cosas a Sancho Panza en el gobierno de su ínsula.

González Alonso

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