Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo trigésimo quinto

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda  parte.- Capítulo trigésimo quinto

Donde se prosigue la noticia que tuvo don Quijote del desencanto de Dulcinea, con otros admirables sucesos

Dulcinea, que nunca aparecerá en la novela siendo ella misma como personaje, sí lo hará representada a través de la imagen de una labradora o de la figura encantada en la Cueva de Montesinos; en este capítulo se nos presentará excepcionalmente hermosa y a salvo, provisionalmente, de encantamientos, para recriminar con dureza a Sancho su negativa a darse los tres mil trescientos azotes que el mago Merlín le impone para ser definitivamente desencantada.

En la misma carroza de Dulcinea, acompañada por disciplinantes portando hachones de luz, venía también el mago Merlín, portador de la noticia con las condiciones para que la dama de don Quijote recuperara su condición.

Las excusas de Sancho Panza para rechazar el propósito de tener que azotarse no tienen límite, tan ocurrentes como graciosas. Pero el duque le apretará las clavijas al considerar que una persona tan egoísta y desconsiderada para con los demás no merecía la confianza de entregarle el gobierno de una ínsula. Sancho duda y pide dos días de tregua para pensárselo bien, a lo que el mago Merlín dirá que no es posible y que el negocio del destino de Dulcinea del Toboso y los azotes de Sancho tendría que ser resuelto en el acto. La duquesa sigue el juego tratando de crearle mala conciencia al escudero al hacerle ver todo cuanto debe a su señor don Quijote que ahora, junto con Dulcinea, espera su correspondencia. Sancho, desesperado, increpa a Merlín preguntando por Montesinos; Merlín le replica e insiste en que debe acceder a recibir de mano ajena o darse él mismo los tres mil trescientos azotes, ”que os serán de mucho provecho, así para el alma como para el cuerpo”, con lo que el atribulado escudero no está de acuerdo. Sancho, finalmente, accede poniendo sus condiciones, que son las de elegir él mismo cuándo y en cuantos días cumplir el castigo liberador, así como la cantidad de azotes por día, sin que le produjeran sangre; de igual manera quiere aclarar que si algunos de los azotes le salían más flojos de lo deseado, también fueran contados por cumplidos. Y todo, según Sancho, “porque goce el mundo de la hermosura de la señora Dulcinea del Toboso, pues según parece, al revés de lo que yo pensaba, en efecto es hermosa”.

Don Quijote de la Mancha, profundamente conmovido y agradecido, se abrazará a Sancho “dándole mil besos en la frente y en las mejillas”. Se dice que los duques y acompañantes lo celebraron y que al parar el carro de Dulcinea ante ellos, inclinó la cabeza y a Sancho le hizo una gran reverencia.

Como amanecía ya, todos se retiraron satisfechos con la broma y decididos los duques a seguir con sus burlas, que es lo que de veras más gusto les daba.

González Alonso

 

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s