Don quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo vigesimosegundo

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra
Segunda parte.- Capítulo vigesimosegundo

Donde se da cuenta de la gran aventura de la cueva de Montesinos, que está en el corazón de la Mancha, a la que dio cima el valeroso don Quijote de la Mancha

Entre agasajos, don Quijote conversa con los desposados Basilio y Quiteria, hilvanando razonados discursos sobre el matrimonio y las mujeres. Advierte a los presentes que uno de los enemigos del amor es el hambre y la continua necesidad. También elogia la hermosura, que “por sí sola atrae las voluntades de cuantos la miran y reconocen”, pero que es, igualmente, un señuelo peligroso, mayor aún si a ella “se le junta la necesidad y estrechez”. Agrega que en la mujer es mejor la fama que la hacienda, y que la fama no se alcanza sólo con ser buena, sino con parecerlo.

Sancho escucha entusiasmado y alaba la elocuencia de su amo expresando algunas palabras quejosas para con su mujer que don Quijote le recriminará.

Acompañados don Quijote y Sancho por un personaje tan peregrino como loco, se dirigirán a la afamada cueva de Montesinos y las lagunas de Ruidera, de las que quería conocer sus orígenes. Hacen noche en una pequeña aldea a unas dos leguas de la cueva y se proveen de sogas para descender a ella en una cantidad desmesurada, sobrepasando casi a las cien brazas. Una vez llegados a la boca de la cueva, que se abre en el suelo entre arbustos y maleza a modo de pozo, atarán a don Quijote para iniciar el descenso, no sin antes pedir ayuda a Dios y encomendarse a Dulcinea del Toboso.

En el momento en que don Quijote cortaba con su espada las ramas que cerraban la entrada de la cueva, salieron con gran estrépito gran cantidad de cuervos,  grajos y murciélagos que dieron con don Quijote en el suelo sin que lo tomara como mal augurio, levantándose de nuevo e iniciando el descenso a la cima entre las bendiciones y dichos de Sancho Panza a los que se unieron los del primo con los mismos buenos deseos.

Una vez que empezaron a soltar cuerda no pararon hasta acabar con las casi cien brazas de las que disponían y después de pasada algo más de media hora, Sancho y el primo deciden sacar a don Quijote de aquellas profundidades. Sorprendidos, encuentran que al comenzar a tirar de la soga no encuentran resistencia ni peso, por lo que temen que don Quijote se hubiera quedado en el fondo de la cueva. Siguen tirando con denuedo y la natural preocupación, y al recoger unas ochenta brazas sintieron que al otro extremo la fuerza del peso del cuerpo de don Quijote. Cuando consiguieron sacarlo al exterior observaron que tenía los ojos cerrados y temiendo que estuviera muerto intentaron reanimarlo. Tras un buen rato, don Quijote abrirá los ojos y despertando como de un sueño dice haber abandonado al ser izado “la más sabrosa y agradable vida y vista que ningún humano ha visto ni pasado”, habiendo comprendido “que todos los contentos de esta vida pasan como sombra y sueño o se marchitan como la flor del campo”.

Don Quijote pide algo de comer, pues la experiencia le había dado mucha hambre, y después de terminar con las viandas de que iban provistos en la compañía de Sancho y el primo, sin dejarlos levantar, les pide atención para lo que tiene que contarles.

González Alonso

Nota.- Sobre este capítulo se puede consultar el artículo de ÍnsuLa CerBantaria Fantasmas y realidad en la cueva de Montesinos, en el que se interpretan algunos posibles significados. El mismo texto, también en “Artículos. Lucernarios

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