Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo decimoquinto

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda parte.- Capítulo decimoquinto

Donde se cuenta y da noticia de quién era el  Caballero de los Espejos y su escudero

La brevedad del capítulo no le quita enjundia al contenido. Así, declarados los verdaderos actores escondidos tras los personajes del Caballero de los Espejos, también nombrado como del Bosque, y su escudero, que no eran otros que el Bachiller Sansón Carrasco y otro paisano del lugar de don Quijote y Sancho, llamado Tomé Cecial, se declara –también- la intención de ambos de hacer volver a don Quijote a su casa y sujetarlo allí, una vez vencido, por espacio de al menos dos años a ver si encontraban remedio a su locura.

Puesto que las cosas no salieron como pretendían, Sansón Carrasco y Tomé vuelven frustrados y con unos cuantos huesos magullados el Bachiller. Aquél que representara al escudero narigudo que tanto espanto dio a Sancho, su vecino Tomé, hace una reflexión amarga sobre lo ocurrido: “ (  ) Don Quijote loco, nosotros cuerdos, él se va sano y riendo; vuesa merced queda molido y triste. Sepamos, pues, ahora cuál es más loco, el que lo es por no poder menos o el que lo es por su voluntad.” A lo que no se hace esperar la respuesta: “La diferencia que hay entre esos dos locos es que el que lo es por fuerza lo será siempre, y el que lo es de grado lo dejará de ser cuando quisiere.”

Y así, entre otros dimes y diretes, prosigue su marcha en busca de remedio en algún pueblo para las maltrechas costillas del Bachiller, lo que sucederá pronto. Sansón Carrasco, humillado y dolorido, se propone devolverle a don Quijote los palos recibidos y no volver a casa hasta haberlo conseguido, anteponiendo el deseo de venganza al de ayudar a su vecino en su locura: “…porque pensar que yo he de volver a la mía (la casa) hasta haber molido a palos a don Quijote es pensar en lo escusado; y no me llevará ahora a buscarle el deseo de que cobre su juicio, sino el de la venganza, que el dolor grande de mis costillas no me deja hacer más piadosos discursos.”

No deja de resultar cómica la situación de ver a un Sansón y lo que su nombre evoca, vencido de tal modo y de la misma forma tan cargado de resentimiento.

Y en este punto del capítulo, el autor dejará a un lado a los infortunados Sansón Carrasco y Tomé Cecial hasta una prometida próxima ocasión, para volver la vista y la atención a don Quijote y su escudero.

González Alonso

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