Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo decimocuarto

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra
Segunda parte.- Capítulo decimocuarto
Donde se prosigue la aventura del Caballero del Bosque

El Caballero del Bosque, citado también como el de la Selva, entabla conversación con don Quijote. En su conversación se alude al término “elección” en lugar de “destino” en un ejercicio de “libre pensamiento” ante el concepto religioso de “predestinación” encerrado en la acepción “destino”. El caso es que, a través del coloquio iniciado el del Bosque asegura que para ser merecedor del amor y los favores de su dueña Casilda de Vandalia debe recorrer “todas las provincias de España” y vencer a cuantos caballeros se encuentre, haciéndoles declarar que su señora es la más hermosa de las hermosas damas de todos los caballeros andantes. Confiesa que, después de haber vencido al famoso don Quijote de la Mancha, considera que ya tiene cumplido con creces su trabajo, pues el susodicho caballero resulta ser el más esforzado, valiente y vencedor caballero del mundo, habiendo conseguido con esta victoria –en consecuencia- sumar a sus victorias las del famoso caballero manchego.

A duras penas consigue don Quijote reprimir los deseos de replicar de manera pronta y airada al del Bosque. Así, una vez acabado su parlamento, tomará la palabra el Caballero de la Triste Figura para responder en tono cortés y cortés y moderado, pero firme, para asegurarle al del Bosque que aquel don Quijote que dice haber vencido no podía ser el auténtico don Quijote, sino –a lo más- alguien que se le pareciera, un impostor o cualquier aparición mágica del mismo, pues por los datos, señales y circunstancias descritas él era el auténtico y único don Quijote de la Mancha, desafiándole a combatir si así no lo admitiera y defender la suprema hermosura y virtudes de Dulcinea del Toboso por encima de las de su Casildea de Vandalia.

Acuerdan, seguidamente, los términos del combate y que éste se decidirá al amanecer. Dan parte del acuerdo a sus respectivos escuderos para que tengan preparadas las monturas y estos toman nota del encargo. El escudero del Caballero del Bosque le dice Sancho que ellos también tendrán que pelearse, a lo que Sancho se niega con graciosas y variadas razones sin que haya modo de que su compañero escudero le convenza con su insistencia para darse si quiera una torta.

Amanece y se disponen para el combate. Sancho, con la luz del día, descubre horrorizado la apariencia del otro escudero, de descomunal nariz y aspecto fiero. Lleno de miedo y aprensión le pide a don Quijote que le ayude a subirse a un alcornoque con el pretexto de poder ver mejor el combate, aunque acaba confesando que lo que quiere es estar lejos de aquel temible escudero.

Justo en el momento que don Quijote está ayudando a subir al árbol a Sancho Panza, el Caballero del Bosque, que había tomado ya la distancia del campo, arrancó el ataque con un mediano y cansino trote de su caballo. Al ver que don Quijote estaba parado ayudando a su escudero, detuvo su montura en mitad de la carrera. A continuación, será don Quijote el que inicie su ataque, ya desembarazado de su escudero, y cuentan que sólo en esta ocasión Rocinante consiguió parecer un caballo de verdad y volar hacia el plantado e inmóvil Caballero del Bosque. Llegó a él don Quijote con su lanzón en ristre sin que el del Bosque pudiera hacer nada para que se moviera su montura y evitar la embestida, pues se trataba de un animal tan malo y cansado como el mismo Rocinante.

El resultado fue demoledor. Tras la acometida, el Caballero del Bosque es desmontado por la grupa de su montura cayendo pesadamente a tierra, quedando inmóvil y como muerto. A él se acercara don Quijote para quitarle el yelmo y reclamar su victoria, si estuviera vivo. Al hacerlo, descubre con estupor la figura del Bachiller Sansón Carrasco en la persona del caballero derrotado. Sancho se acerca, y achacando la transformación a encantamiento, sugiere a su amo que lo mate allí mismo para así acabar con –al menos- uno de los encantadores que lo persiguen. El escudero del de el Bosque o de los Espejos, aterrorizado al ver que don Quijote tiene intención de seguir el consejo de Sancho, corre hacia ellos gritando y pidiendo que no lo haga, perdiendo por el camino las enormes narices postizas que llevaba y descubriendo ser un tal Tomé Cecial, vecino y conocido de Sancho Panza.

Todo, de sorpresa en sorpresa, acaba quedando en ser cosa de encantamiento. Pero don Quijote, con la punta de su espada en el rostro del caballero vencido, le exige cumplir el trato acordado. El otro promete hacerlo punto por punto y así, según lo exigido, deberá volver al Toboso y declarar a Dulcinea la más hermosa y perfecta de todas las damas del mundo, para volver luego a darle a él razón de la respuesta.

Prometido todo, don Quijote ayudará a levantarse al maltrecho Caballero de los Espejos o del Bosque, que partirá, mohíno y dolorido, junto con su escudero en busca de un lugar donde poder cuidar y curarse de la caída, mientras don Quijote y Sancho proseguirán su camino a Zaragoza.

González Alonso

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