Don Quijote de la Mancha.- Segunda parte, capítulo cuarto

 

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha

Miguel de Cervantes Saavedra

Segunda parte.- Capítulo cuarto

Donde Sancho Panza satisface al bachiller Sansón Carrasco de sus dudas y preguntas, con otros sucesos dignos de contarse

Vuelve Sancho Panza a la casa de don Quijote, donde lo había dejado en la compañía del bachiller Sansón Carrasco. Sin más preámbulos empezará a dar las explicaciones pendientes, empezando por la misteriosa desaparición del burro que atribuyó al robo –según supo más tarde- del galeote Ginés de Pasamonte, aquel embustero y grandísimo maleador que quitamos mi señor y yo de la cadena. Las circunstancias del susodicho robo resultan peregrinas, pues pretende hacer creer que ocurrió mientras dormía sobre el jumento, sujetando las albardas con cuantro estacas. Todo, en fin, abunda en el disparate o en echar la culpa de los errores al historiador que lo cuenta o al impresor que hace el libro. De los dineros, los famosos cien ducados de la maleta encontrada en Sierra Morena, hace cuenta de haberlos gastado con su familia, y aún le parecen pocos cuando piensa en los estacazos recibidos en las diferentes aventuras sin ventura que le tocó sufrir.

El bachiller le asegura a don Quijote que de su historia habrá una segunda parte en cuanto el autor de la misma encuentre los papeles que le dan continuación, y que se publicará –sin duda- más por el interés y lo que pueda ganar con ella que por las alabanzas que reciba.

En estos coloquios andaban los tres, don Quijote, Sancho Panza y el bachiller, cuando oyeron relinchar a Rocinante, lo que tomó don Quijote por un muy buen agüero y le decidió a determinar hacer una nueva salida en el plazo de tres o cuatro días que, finalmente, serían ocho y la promesa del bachiller de guardar secreto de las intenciones de don Quijote y Sancho. Solicitada al mismo bachiller la opinión de qué rumbo tomar llegado el día, éste le aconseja al caballero que tome la dirección de Zaragoza para participar en las justas de San Jorge, en las que podría alcanzar gran fama.

Después de otras divertidas consideraciones, entre las que no podía faltar la alusión a la prometida ínsula que Sancho no olvidaba, don Quijote le pide a Sansón Carrasco otro favor, como es el de escribirle unos versos a Dulcinea del Toboso en forma de acróstico. Quedan de acuerdo en todo y se despiden, yendo Sancho a poner en orden lo necesario para su jornada y pidiéndole el bachiller a don Quijote que le tuviese al corriente de todos sus buenos o malos sucesos.

González Alonso

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