Don Quijote de la Mancha.- Primera parte, capítulo cuadragésimo noveno

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Primera parte.- Capítulo cuadragésimo noveno

Donde se trata del discreto coloquio que Sancho Panza tuvo con su señor don Quijote

Cuando don Quijote le reconoce a Sancho que sí sentía ganas de comer, beber y hacer del vientre, al escudero le faltó tiempo para responderle y hacerle ver que eso era, precisamente, la prueba definitiva de que no estaba encantado, pues de todo el mundo era conocido que los encantados ni comen, ni beben, ni duermen, ni responden sobre lo que se les pregunta. Don Quijote se resiste a tomar esta prueba por tan concluyente como pretendía Sancho, argumentando que los tiempos y las costumbres cambian. Sancho insiste y le propone probar a salir de la jaula con su ayuda, a lo que accede el caballero.

Empeñada su palabra, don Quijote saldrá de la jaula y se alejará un trecho para hacer sus necesidades. A la vuelta, el canónigo, que junto al cura y el barbero llevaban enjaulado a don Quijote, impresionado por la capacidad del buen juicio de éste en todo lo que no se refiriese a los asuntos de caballerías, le espeta un discurso sobre la falsedad de los libros que tratan de caballeros andantes y le recomienda que se dedique a otras lecturas de más provecho y valor, de donde, en lugar de loco, saldrá “erudito en la historia, enamorado de la virtud, valiente sin temeridad, osado sin cobardía, y todo esto, para honra de Dios, provecho suyo y fama de la Mancha, do, según he sabido, trae vuestra merced su principio y origen

La cita anterior y lo que sigue del capítulo apuntan bastante directamente al origen judío de Cervantes  a través de todo cuanto nos cuenta sobre el personaje de don Quijote. Porque es fácil leer “mancha” como nombre de lugar, y que se escribía igualmente con letra inicial mayúscula o minúscula; pero resulta inevitable no dejar de pensar en “el principio y origen manchado” o judío de don Quijote, que nunca se reconoce como cristiano viejo, sino como hidalgo, tomando en consideración lo que sigue. Y ello es que, rebatiendo la falsedad de las novelas de caballerías, y mezclando personajes ficticios con otros históricos, don Quijote se llega a reivindicar como descendiente “por línea recta de varón” de Gutierre Quijada ( Quijote es una variación de Quijada o Quijano), señor de Villa García, personaje histórico de gran interés para cuanto se pretende sustentar: el origen leonés y judío de la familia de Miguel de Cervantes.

Villa García de Campos, la antigua Intercatia de los vacceos, está enclavada en el reino leonés y aparece mencionada en el siglo XI por Fr. José Pérez en la “Historia del Real Monasterio de Sahagún”,  porque el caballero Nepuciano Bermúdez deja en su testamento al Monasterio de San Salvador casas y heredades de Campos de Toro, junto al río Sequillo, “en la Villa que llaman por nombre García”.

Gutierre Quijada sabemos que peregrinó a Jerusalén (cosa que habitualmente hacían los judíos) en compañía de su primo Pero Barba, y consta que éste último se dio la vuelta antes de alcanzar la ciudad santa. Ambos, vencerían en unas justas en Saint-Omer a los hijos bastardos del conde de San Polo (Saint-Pol). Los Quijada eran una familia de judíos conversos que sirvieron en la corte leonesa de Alfonso V en los trabajos de la reconquista, adquiriendo título de nobleza, lo cual era una garantía al considerarse a sus poseedores como puros o no “manchados”. Nótese, insisto, cómo don Quijote nunca reivindica su calidad de cristiano viejo, sino su condición de hidalgo.

Este personaje fue coetáneo del noble leonés Don Suero de Quiñones y participó en las justas que en el siglo XV organizó en Puente Órbigo durante un mes del verano de 1434, llamadas de “El Paso Honroso”. Estas justas, al igual que otras y muy diversas vicisitudes de Suero de Quiñones, Gutierre Quijada y los demás nobles de su época, eran bien conocidas en tiempos de Cervantes. Así, también se sabe que sería el propio Gutierre Quijada el que daría muerte años más tarde (1458) al propio Suero de Quiñones no lejos de Villa García.

Es decir, que Cervantes hace ascendiente a su personaje de una familia judía enraizada en el Reino de León. A partir de este momento, la Mancha seguirá siendo el lugar geográfico en el que se desarrollan los principales acontecimientos de la novela, una topografía literaria en la que caben numerosas licencias, pero también la metáfora de una patria más amplia que alcanza a su familia judía en el reino leonés.

Entre los otros muchos caballeros citados por don Quijote en sus argumentos para defender los libros de caballerías, aparecerá -indefectiblemente- el también caballero y héroe leonés Bernardo del Carpio, sobre el cual Miguel de Cervantes tuvo intención de escribir una historia.

El capítulo se cierra con las dudas del canónigo ante la contundente respuesta de don Quijote en torno a los caballeros andantes y los libros de caballerías, sorprendido nuevamente del buen entendimiento del caballero, aunque  desestimando con firmeza las locuras y disparates de  que hacen gala dichos libros.

González Alonso

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