Don Quijote de la Mancha.- Primera parte, capítulo cuadragésimo primero

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Primera parte.- Capítulo cuadragésimo primero

Donde todavía prosigue el cautivo su suceso

Se hace el renegado con la barca y el cautivo consigue verse con Zoraida en el jardín de su padre, con el cual también entablará conversación y hará ver que recoge hierbas para su amo porque las apreciaba mucho para hacer ensaladas. Con algunos entretenidos enredos y en media lengua mora y otra media española, el leonés cautivo y la mora Zoraida se ponen de acuerdo para el plan de fuga.

Estando preparados para embarcarse después de haber rendido a la tripulación mora de la nave, Zoraida se reúne con ellos llevando un cofre lleno de monedas de oro. La casualidad quiso que su padre, que dormía en el jardín, se despertase y viera lo que estaba sucediendo, por lo que tuvieron que retenerlo y llevárselo con ellos. Como Zoraida no deseaba ninguna clase de mal para su padre y que lo hiciesen prisionero en tierras cristianas, todos quedaron de acuerdo en liberarlo junto con los demás moros en cuanto estuvieran a salvo, como, efectivamente, así hicieron para sorpresa e incredulidad de todos ellos. Quedó el padre de Zoraida profundamente abatido y gritando mil maldiciones y los cristianos puestos al remo para reiniciar su viaje hacia tierras españolas.

La suerte, dispar, quiso que en medio de la noche se topasen con una embarcación de piratas franceses que hundieron su barca y les robaron todo cuanto llevaban, a excepción del cofre de Zoraida que arrojó al fondo del mar el cautivo leonés. Tras este incidente serán abandonados al día siguiente frente a las costas españolas por los alrededores de Vélez Málaga, a la vez que los franceses seguían su rumbo.

Llegados a tierra y descubiertos por un joven pastor que creyó, por sus vestimentas, que eran moros, salió corriendo para pedir auxilio, el cual no tardó en aparecer en forma de cincuenta caballeros armados que se quedaron muy sorprendidos al comprobar que se trataba de un grupo de cristianos y no moros, como habían temido.

Quiso la casualidad que entre los jinetes se encontrara uno que era tío de uno de los esclavos liberados que acababan de llegar. La alegría fue grande entre todos, se dirigieron al pueblo, entraron en la iglesia para dar gracias a Dios por el final feliz de su aventura, y todas las gentes se admiraban de la juventud y hermosura de Zoraida, que recobró pronto el ánimo y el color y contenta preguntaba por todas las cosas nuevas que veía.

El leonés cautivo, Zoraida y el renegado, fueron acogidos en la casa del tío del cristiano y allí estuvieron durante seis días, bien atendidos y regalados de atenciones y muestras de cariño, partiendo luego el renegado hacia Granada a reducirse por medio de la Santa Inquisición al gobierno santísimo de la Iglesia, y dirigiéndose el cautivo, acompañado por Zoraida, hacia las tierras de León en busca de su padre para saber de él, si estaba vivo, y de la suerte de sus dos hermanos.

González Alonso

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