Don Quijote de la Mancha.- Primera parte, capítulo cuadragésimo

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Primera parte.- Capítulo cuadragésimo

Donde prosigue la historia del cautivo

Como ya he comentado, esta novela del cautivo es de carácter autobiográfico y en ella, en medio de los elementos imaginados del argumento, Miguel de Cervantes nos cuenta o da fe de sus supuestos orígenes familiares, su participación en la batalla de Lepanto y las circunstancias de su captura por los musulmanes y cautividad en Argel.

La superposición de los comienzos del Quijote: En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme… y el del capítulo 39 que da comienzo a esta novela: En un lugar de las montañas de León tuvo principio mi linaje… da pie a toda clase de conjeturas sobre la verdadera topografía del Quijote y el significado de “Mancha”, que en la época de Cervantes podía escribirse con minúscula aunque fuera nombre propio. Porque si la “mancha” se sobrepone a sus “orígenes leoneses”, es bien fácil suponer una alusión al pasado “judío converso” o “manchado” de Cervantes, entendiendo que su familia habría podido trasladarse a las montañas de León, posiblemente en tierras zamoranas, tras el decreto de expulsión de 1492, donde era más fácil la convivencia con los cristianos viejos sin que se molestaran entre ellos, para –posiblemente- pasar más tarde a Portugal cuando las cosas empeoraron para los judíos.

Todo son conjeturas, cuestiones que en el momento en que fue publicada la novela pasaron desapercibidas para los censores y la Inquisición y que cobran relevancia con el paso del tiempo y la mirada al pasado desde el distanciamiento y los conocimientos que ahora tenemos de la época. No pretenden sentar nada, sino entender algunas cuestiones personales del autor como las que siguen a lo largo de este capítulo.

Las desgracias sobrevenidas al cautivo tras la batalla de Lepanto, una gran victoria para la cristiandad ante el turco, pero en la que Cervantes encontró tan desigual suerte, forman parte de su autobiografía. Aún así, Cervantes nos ofrece el testimonio de su nombre en la persona de otro cautivo y por boca del protagonista de la historia, cuando refiere las crueldades del amo para con los que tenía presos y cómo “sólo se libró bien con él un soldado español llamado tal de Saavedra”.

El argumento de la novela sigue contándonos que había un palacio colindante con el “baño” o campo de concentración en que tenían recluidos a los cristianos calificados como de rescate por su condición. La mansión pertenecía a un moro muy rico que poseía una sola, joven y hermosísima hija que, en secreto, se había hecho cristiana renegando de su fe.

La muchacha mora, llamada Zoraida, se puso en contacto con el cautivo a través de una ventana enviándole dinero y cartas aprovechando los momentos del día en que aquella parte del campo estaba vacía. El cautivo y sus amigos se pusieron en contacto con un renegado español que sabía árabe y que, les confesó, quería volver a España y al cristianismo nuevamente. Este renegado les tradujo las cartas de la joven mora, en las que venía a decir que se había fijado en el cautivo y le ofrecía ser su esposa si él la aceptaba y consentía en llevarla a España para ser cristiana bautizada, movida por la devoción a Lela Marién, la Virgen María, que una cautiva de su padre le había infundido contándole su historia y enseñado muchas oraciones.

El cautivo le respondió a la mora que aceptaba y daba su palabra de caballero cristiano de ser su marido. Así las cosas, la mora Zoraida le hace llegar al cautivo una gran cantidad de dinero con que liberarse él y sus amigos para conseguir una barca y huir a España llevándola con ellos.

Todos los negocios los llevarán a través del cristiano renegado que les ha servido de intérprete y mediador para hacerse, sin levantar sospechas, con una barca. El cautivo compra su libertad y decide comprar también la de sus compañeros al mismo tiempo para evitar que desconfiasen de sus intenciones pensando que no volvería a por ellos y, de ese modo, pudieran hacer alguna cosa que comprometiese su libertad y la misma vida de Zoraida. Y sigue.

González Alonso

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