Don Quijote de la Mancha.- Primera parte, capítulo trigésimo noveno

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Montañas de León y mastines leoneses

Primera parte.- Capítulo trigésimo noveno

Donde el cautivo cuenta su vida y sucesos

En un lugar de las montañas de León tuvo principio mi linaje”, es el comienzo de este capítulo que da paso a la inserción de la novela autobiográfica de Miguel de Cervantes llamada del cautivo o del capitán Viedma. Es de notar el paralelismo de este comienzo con el del primer capítulo de la obra: “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme…”. La relevancia de esta coincidencia parece indicar la importancia que a éste y los otros capítulos en los que se desarrollará la novela del cautivo atribuyó Cervantes. Al referirse a su ascendencia, se entiende que se referirá a aquellos judíos de la expulsión que salieron de los reinos de León para pasar a Portugal, quedándose muchos de ellos en los pueblos más remotos de las montañas en donde vivir, convertidos al cristianismo, de manera discreta y a salvo de la Inquisición. Lo que sí podemos asegurar es que Cervantes responde de manera intencionada a la moda de insertar temas moriscos heredados del romancero para hacer un repaso de su propia historia con los elementos fabulados correspondientes.

Las montañas de León son citadas en dos ocasiones en el Quijote, en ésta y en el capítulo 48 de la II parte. No es casual que en ellas se detuviera Cervantes. Siguiendo las notas de la edición de Francisco Rico (Ed. Crítica, 2001) podemos decir que las mencionadas “montañas de León” son las que separan este reino de las tierras de Asturias que, junto con el suroeste gallego y las Asturias de Oviedo y Santillana, forma lo que en este tiempo se llama la Montaña. En dichas montañas se suponía el origen familiar de la mejor nobleza leonesa y española. En el capítulo 48 de la segunda parte se habla de un hombre, marido de una mujer natural de las Asturias de Oviedo, que era “hidalgo como el rey, porque era montañés“, en alusión a la montaña leonesa, pues estas tierras -como se ha dicho- de las Asturias de Oviedo junto con las de Santillana, formaban parte del Reino de León.

Los Montes de León, que se extienden entre las provincias de Zamora y León, son el otro enclave que guarda alguna relación con la ascendencia de Miguel de Cervantes.

En los estrechos y altos valles leoneses, tal vez de Luna, Gordón, Laciana, Babia o la Omaña, vivía el padre del cautivo, hombre que fue soldado y tan en extremo liberal y generoso que perdió la mayor parte de su fortuna ayudando a los demás, por lo que reunió a sus tres hijos –los tres varones-, hizo de su hacienda cuatro partes iguales y las repartió, pidiéndoles, después, que cada uno de ellos eligiese una profesión distinta, la de las letras, la del comercio o los negocios y la de las armas. El cautivo, que era el mayor de los tres, eligió la carrera de soldado, el segundo hermano el oficio del comercio y el tercero y más pequeño, se inclinó por la Iglesia o ir a terminar sus estudios en Salamanca.

A partir de aquí, identificado Cervantes con el hermano mayor, nos dará una serie de datos históricos relevantes en los que tomó parte como soldado, así como su llegada a Génova y Milán, su paso a Flandes con el Duque de Alba, la decapitación en Bruselas de los condes Egmont y Horne, el servicio que cumplió bajo el mando del capitán Diego de Urbina, la vuelta a Italia para alistarse con Juan de Austria y tomar parte como capitán de infantería en la batalla de Lepanto contra los turcos en la que –siendo una victoria decisiva para la cristiandad- a Cervantes le tocó la peor parte al ser hecho prisionero por un renegado calabrés que adoptó el nombre de Euch Alí, Uchalí en la novela, y que llegó a ser bajá o rey de Trípoli y, más tarde, de Argel y Túnez. Uchalí fue el único que en Lepanto logró escapar con treinta galeras después de haberse apoderado de la Capitana de Malta. Puesto al remo, estuvo bogando en la nave capitana que, perseguida en Navarino, consiguió escapar y refugiarse en Modón.

Transcurre el capítulo así con muchos datos, observaciones y reflexiones de cuanto le tocó vivir en cautividad al remo por las aguas del Mediterráneo para, al final del mismo capítulo, introducir un personaje ficticio, el alférez don Pedro de Aguilar, que lo hace compañero suyo en la galera donde remaba, dado a la poesía de quien dijo recordaba dos buenos sonetos.

En el momento de citar a don Pedro de Aguilar, don Fernando miró a los demás con una sonrisa de entendimiento y le pidió al cautivo que le dijese qué más sabía sobre el tal alférez, a lo que el cautivo respondió que no sabía nada más que dos años más tarde había conseguido huir sin que llegara a tener más noticias de él. Don Fernando descubre que don Pedro es su propio hermano, que vive rico, casado y con tres hijos y que él también conoce los sonetos de los que habla el cautivo, por lo que –tras mostrar su sorpresa y alegría de saber vivo y con bien a su antiguo compañero- le ruega a don Fernando que sea él mismo quien diga tales sonetos, lo que con mucho gusto hará éste dando comienzo con el de La Goleta, que dice así: (en el próximo y cuadragésimo capítulo)

González Alonso

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