Don Quijote de la Mancha.- Primera parte, capítulo vigésimo quinto

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Primera parte.- Capítulo vigésimo quinto

Que trata de las estrañas cosas que en Sierra Morena sucedieron al valiente caballero de la Mancha, y de la imitación que hizo a la penitencia del Beltenebros

Don Quijote decide quedarse en Sierra Morena, no sólo con la intención de encontrar a Cardenio, el loco enamorado, sino para, también como loco enamorado y emulando al caballero andante Amadís de Gaula, hacer penitencia en aquellos parajes agrestes en honor de Dulcinea, a quien dedica un hermoso y apasionado discurso.

Cuando don Quijote quiere enviar a Sancho con una carta a Dulcinea, Sancho se lamenta del robo de su jumento, cuestión que hasta ahora no se había mencionado. Así que, de repente, nos encontramos con que el burro desaparece. Ello es debido a la reescritura e interpolación de pasajes y textos posteriores que hizo Cervantes y al despiste, tal vez, del editor Cuesta. Tenemos, por tanto, un burro desaparecido, hurto atribuido en algunas ediciones a Ginés de Pasamonte en la aventura de los galeotes (cap. XXII), corregido después, aunque permanecieron estas incongruencias del capítulo XXV.

Sancho le pide a don Quijote que le deje el caballo para hacer el encargo, a lo que accede el caballero. Así, de allí a tres días y después de haberle visto hacer las más grandes locuras y sacrificios, rasgarse las vestiduras, tirarse por las rocas y otros disparates, podría Sancho dar testimonio de todo ello junto con la carta a Dulcinea. Sancho le advierte que da por vistas todas las locuras y que sabrá dar cuenta hasta de las más inimaginables, apremiándole para que le deje partir con la carta y una libranza a su favor de tres pollinos como pago por los servicios prestados y en compensación por la pérdida de su jumento.

Don Quijote libra el pago de los pollinos en una de las hojas del cuaderno de Cardenio que encontraron con la maleta, junto con la carta a Dulcinea que le encarga  pasarla a limpio en el primer pueblo que encontrara en el que hubiera maestro de escuela de muchachos o cualquier sacristán, excepto los escribanos, que hacen letra procesada, que no la entenderá Satanás.

Confiesa don Quijote que Dulcinea no sabe leer ni escribir y menciona el nombre de sus padres, Lorenzo Corchuelo y Aldonza Nogales. Describe la naturaleza platónica de su amor hacia ella en los doce años que lleva enamorado, habiéndola visto cuatro veces y de las cuatro, en una ocasión ella puso en él sus ojos.

Sancho se sorprende al conocer la identidad de Dulcinea, a la que dice conocer bien y describiéndola como sigue: … sé decir que tira tan bien una barra como el más forzudo zagal de todo el pueblo. ¡Vive el Dador, que es una moza de chapa, hecha y derecha y de pelo en pecho, y que puede sacar la barba del lodo acualquier caballero andante o por andar que la tuviese por señora! ¡Oh hideputa, qué rejo que tiene y qué voz! Sé decir que se puso un día encima del campanario del aldea a llamar a unos zagales suyos que andaban en un barbecho de su padre, y, aunque estaban de allí a más de media legua, así la oyeron como si estuvieran al pie de la torre. Y lo mejor que tiene es que no es nada melindrosa, porque tiene mucho de cortesana: con todos se burla y de todo hace mueca y donaire.

Cuando Sancho confiesa que no acierta a entender por qué estaba don Quijote tan enamorado de esta moza, don Quijote, molesto, le responde a éstas y otras consideraciones con el breve cuento de la viuda hermosa, moza, libre y rica que pudiendo enamorar a cualquier hombre, elige a uno ignorante, lo que se le recrimina y a lo que responde: Vuestra merced, señor mío, está muy engañado y piensa muy a lo antiguo, si piensa que yo he escogido mal en fulano por idiota que le parece; pues para lo que yo le quiero, tanta filosofía sabe y más que Aristóteles. Apuntillando seguidamente: Y así, bástame a mí pensar y creer que la buena de Aldonza Lorenzo es hermosa y honesta, y en lo del linaje, importa poco, que no han de ir a hacer la información dél para darle algún hábito, y yo me hago cuenta que es la más alta princesa del mundo. La alusión al linaje tiene que ver con la limpieza de sangre y que para ingresar en las órdenes militares y religiosas había que probar que no se procedía de conversos.

La realidad de don Quijote se halla en su voluntad de creer: … y yo imagino que todolo que digo es así, sin que sobre ni falte nada, y píntola en mi imaginación como la deseo, así en la belleza como en la principalidad [ ]

Don Quijote pasa a redactar la carta a Dulcinea que le lee a Sancho, de la que queda maravillado. Después escribe la libranza de los pollinos que rubricará con su firma y Sancho se dispone a partir, no sin antes insistir don Quijote en que le vea hacer algunas locuras, en negarse Sancho, en volver a insistir el caballero y en volverse a negar el escudero.

Cuando ya partía Sancho, éste detuvo a Rocinante, se dio la vuelta y le dijo a don Quijote que, pensándolo bien, era mejor ver algunas de aquella locuras que le dejaba haciendo en Sierra Morena, lo que don Quijote acogió con alegría, se desvistió en un santiamén quedando en cueros cubierto solamente por la camisola, dio unos saltos en el aire golpeando los pies con las manos y luego hizo dos tumbos la cabeza abajo y los pies en alto, descubriendo cosas que, por no verlas otra vez, volvió Sancho la rienda a Rocinante y se dio por contento y satisfecho de que podía jurar que su amo quedaba loco.

González Alonso

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