Don Quijote de la Mancha.- Primera parte, capítulo décimo noveno

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra

Aventura de los encamisados y el hombre muerto

Primera parte.- Capítulo décimo noveno

De las discretas razones que Sancho pasaba con su amo y de la aventura que le sucedió con un cuerpo muerto, con otros acontecimientos famosos

Caminando en busca de alguna venta donde alojarse, se les echa la noche encima a don Quijote y Sancho Panza. Quiso  la ocasión ponerles delante una comitiva que avanzaba en la oscuridad alumbrada por hachones encendidos, enlutados y acompañando un carruaje con un cadáver. El miedo se apodera de ambos, Sancho da diente con diente, y don Quijote, sobreponiéndose, le advierte a su escudero que aquella que se presentaba podría ser peligrosísima aventura, pero que él la afrontará con todo su valor.

Aventura de los encamisados.- El QuijoteLa comitiva fúnebre estaba formada, principalmente, por gente de la Iglesia y familiares del difunto a quienes acometerá don Quijote al no querer detenerse para darle las explicaciones que éste les exigía. Así, unos salen huyendo ante el ataque de don Quijote, otros caen de su montura y siguen precipitadamente a los primeros, alguno queda malherido en el suelo y los demás no salieron corriendo porque se lo impedían sus largos y fúnebres hábitos.

Sancho Panza, mientras tanto, se dedica a saquear las alforjas de una de las mulas abandonada en la huida de los curas en medio de la refriega, haciendo buen acopio para su despensa.

Curiosamente, es éste uno de los capítulos en el que no se menciona el nombre de Dulcinea del Toboso, sin que el caballero andante la invoque siquiera en el arranque de su particular batalla. Nos encontramos, por otra parte, a don Quijote atacando a la Iglesia en el cuerpo de sus representantes, creyendo hacerlo con algo maligno, diabólico y de otro mundo. Cuando uno de los componentes de la comitiva de encamisados regresa para advertir al caballero andante que quedaba excomulgado por haber puesto la mano encima de aquella gente de la Iglesia, lo niega don Quijote afirmando que no puso la mano, sino la punta de lanzón y confundido por la extraña aparición y lo que representaba, apelando en estos casos de excomunión al testimonio del mismo Ruy Díaz de Vivar, El Cid, del que cuenta una anécdota.

Otra relación de esta aventura con el cuerpo muerto se podría encontrar con el entierro y sepultura de San Juan de la Cruz, muerto en Úbeda en diciembre de 1591. Al parecer, fue luego trasladado a Segovia, de noche y en secreto. En una parte del recorrido apareció un hombre dando gritos y diciendo: ¿Dónde lleváis ese difunto, bellacos? ¡Dejá el cuerpo del fraile que lleváis.. Y aunque el Papa sentenció que el cuerpo del santo correspondía a Úbeda, definitivamente llegó a Segovia. En esta aventura, don Quijote cierra el paso al cortejo fúnebre que iba de Baeza a Segovia.

El Caballero de La Triste Figura.- Don QuijoteSancho, contento con el resultado de aquella aventura, le anima a su amo a proseguir su camino y buscar donde recogerse a pasar la noche. El escudero se dirige a don Quijote llamándole El Caballero de la Triste Figura, pues con los dientes que le faltaban, su aspecto cansado y a la luz de aquellos hachones, así le parecía que iban a conocerlo las gentes de allí en adelante. Acepta don Quijote el sobrenombre y menciona, de paso, el de unos cuantos caballeros andantes de los que había leído en las novelas de caballerías.

Se ponen en marcha adentrándose por entre dos montezuelos para llegar a un valle cubierto de verde y fresca hierba en donde se disponen a dar cuenta de las viandas y provisiones incautadas por Sancho.

Satisfechos de la cena – que había sido por su abundancia también desayuno, comida y merienda – y repuestos los maltrechos cuerpos y los agradecidos estómagos con aquellos regalos, Sancho Panza se topa con la mayor tragedia que podría lamentar, como es que entre cuanto traían las alforjas de la mula saqueada no había vino, ni siquiera agua, que viniera a aplacar la sed que les había despertado una comida tan abundante, por lo que Sancho, observando la verde y húmeda hierba que en el prado crecía, dijo lo que sucederá en el siguiente capítulo.

González Alonso

Sancho y don Quijote dan cuenta de las viandas tras la aventura de los encamisados

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